Fernando Alonso tenía por objetivo reunir la máxima experiencia posible en este Rally Dakar 2020. En la que está siendo su primera participación en la que es, posiblemente, una de las más duras pruebas del mundo del motor. Y lo es por muchas razones, razones que el asturiano está comprobando de primera mano tras tan solo dos etapas disputadas.

Porque poco o nada tienen que ver los problemas con los que se ha enfrentado Fernando en el asfalto, en una superficie que domina y sobre la que es campeón tanto en F1 como en el WEC, con las dunas. Con los kilómetros y kilómetros de arena que tiene por delante en Arabia Saudí. Y con todo lo que conlleva conducir un coche tan distinto a los que él acostumbra.

Y es que esto no es solo una lucha contra el cronómetro. O un cara a cara con los demás pilotos en pista. Esto es una pelea con uno mismo, con el coche y, claro está, con el terreno. Con uno que esconde trampas por doquier y en las que, de vez en cuando, se cae.

Día 1: pinchazos y problemas en la navegación

Estaba claro que iba a aprender. A aprender vía sufrimiento. Sin duda está siendo así. El primer día, que terminó con una notable undécima plaza a 15:23 del líder Zala, tuvo dos pinchazos y también problemas con la navegación que le hizo perderse por las dunas. Evidentemente perdió tiempo, como muchos otros por otra parte.

Nadie está exento de estos problemas. Siempre puede ocurrir un pinchazo, y aquí no hay boxes. Siempre puedes tener un problema mecánico, y en la arena poco garaje hay. En el rally más duro del mundo, a veces estás arriba y otras veces abajo. Y en ocasiones durante el mismo día.

Día 2: de rodar tercero a perder dos horas y media

Es justo lo que le sucedió en la segunda etapa. Tercero llegó a rodar en los primeros compases del día, octavo iba cuando llegó el momento cumbre que ha marcado y va a marcar su primera experiencia con el Dakar. Fernando Alonso se comió una roca con el Toyota y la suspensión del coche dijo adiós.

Marc Coma y Fernando Alonso trataron de arreglar el entuerto, pero no fue posible. Pasaban los minutos, y también las horas, con la amenaza de la retirada más que presente para el equipo español de los japoneses. Al final, y con el camión de asistencia en camino, pudieron reparar el problema.

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Pasaron dos horas y media, un total de 150 minutos, en los que a saber qué podría estar pasando por la cabeza de todo un campeón como el asturiano. A buen seguro habría preferido empujar el coche antes que decir adiós a la prueba para la que lleva meses preparándose.

Toda la dureza del Dakar en dos días

Tan solo han pasado dos días. Dos etapas. Dos jornadas en las que Fernando Alonso ha aprendido de primera mano qué es el Dakar. Una competición que no perdona, en la que un día sonríes y al otro lloras. También al revés. A veces ganas tiempo y lo pierdes, o lo pierdes y lo ganas. Una en la que la arena es traicionera, y en la que todo lo que no sea la perfección te penaliza. Poca broma con el rally más duro del mundo.