La lucha contra el cambio climático, a día de hoy, no parece poder concebirse sin una transición de los combustibles fósiles a las renovables como principal fuente de energía. Un cambio que, según los expertos, tendrá como consecuencia directa la transformación del modelo económico actual y podría suponer el fin del capitalismo, tal y como lo conocemos.

"Vivimos en una era de agitación y cambios profundos en las partes fundamentales de las economías. La era de la energía barata está llegando a su fin", afirma el estudio 'Governance on Economic Transition (El gobierno en la transición económica)', encargado por la ONU como contexto para el Informe Mundial de Desarrollo Sostenible.

El modelo económico actual, según apuntan los investigadores, está cambiando a raíz del cambio climático y el agotamiento de recursos. "El capitalismo tal como lo conocemos ha dependido de la energía barata. Ese es el motor o el facilitador de este crecimiento que hemos visto en los últimos 100, 150 o 200 años", ha explicado a la 'BBC' el economista Paavo Järvensivu, miembro de la Unidad de Investigación BIOS y uno de los autores del estudio.

Ahora, en el contexto de una transición ecológica, el petróleo, que es la industria más contaminante del mundo, tiene que pasar necesariamente a segundo plano y las energías renovables deben convertirse en la principal fuente de energía.

Necesidad de un compromiso político

Por primera vez en la historia, y a raíz del cambio climático, los gobiernos van a necesitar recurrir a fuentes de energía "menos eficientes" que requieren "más esfuerzo" para producirla. Hasta ahora, a pesar del ligero progreso de los últimos años, el modelo "ha ignorado casi completamente la dimensión energética de la economía", explica el informe.

Para luchar contra el cambio climático es necesario priorizar la transición ecológica frente a las ventajas económicas de los combustibles fósiles. Según ha apuntado Järvensivu, el objetivo de los Estados no puede ser el "crecimiento abstracto del PIB (Producto Interior Bruto)". Además, "se necesita un gran esfuerzo para cortar con nuestra dependencia" de estas fuentes de energía.

El investigador ha propuesto un cambio estructural parecido al que se dio en la posguerra de los años 40 y 50. "En el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, las sociedades reconstruyeron sus infraestructuras y prácticas; ahora necesitamos algo similar para que nuestras economías y nuestras prácticas puedan funcionar sin combustibles fósiles", ha expresado.

Esta reforma debe darse relativamente rápido, en entre "15 y 30 años", y debe contar con medidas concretas que permitan transformar la industria energética, el sistema transporte, la industria alimentaria y la vivienda, según ha indicado. "El resultado debe ser una producción y un consumo que brinden oportunidades decentes para una buena vida, al tiempo que reduzca drásticamente la carga sobre los ecosistemas naturales", explica el estudio de BIOS.

Para ello, los Gobiernos deben tomar "un papel proactivo", un rol más protagonista que fomente un compromiso político profundo, ya que los investigadores apuntan que el mercado ya que "no es suficiente con la acción de los mercados". Además, señalan que las teorías económicas actuales fueron diseñadas "en una época de abundancia energética y material" y que solo se han cuestionado durante las crisis del petróleo de los años 70 y 90, por lo que se basan "en la presuposición de un crecimiento energético y material continuado".

Cómo afecta a la vida diaria

El estudio encargado por la ONU distingue cambios a tres niveles principalmente: transporte, alimentación y vivienda.

Por un lado, para adaptarse a la transición ecológica, los investigadores señalan que "en las ciudades, andar e ir en bicicleta deberían estar promovidos y el restante transporte público tendría que ser mayormente eléctrico". Esto traería cambios en la organización de los núcleos urbanos, así como en la industria automovilística o en las infraestructuras. Por ejemplo, los lugares de trabajo estarían más cerca de las viviendas para facilitar un transporte a pie o en bicicleta.

Además, el estudio añade que el transporte de mercancías internacional y la aviación no pueden crecer como lo están haciendo actualmente, debido a la "necesidad de disminuir las emisiones y a la falta de tecnología que utilice una alternativa a los combustibles fósiles".

En cuanto a la alimentación, la industria ganadera una de las más contaminantes del mundo, según Greenpeace, y, en la actualidad, "tanto países desarrollados como países en desarrollo se enfrentan a grandes retos medioambientales en la producción de alimentos". Por lo tanto, el estudio concluye que habrá que optar por una dieta en la que predominen productos de origen vegetal frente a la carne y los lácteos.

Esto tendrá, según los investigadores, un impacto directo en el comercio internacional de alimentos. "Países que ahora confían en la importación de grandes cantidades de comida tendrán que alcanzar un alto nivel de autosuficiencia", convirtiendo este comercio "en un componente crucial para la seguridad alimentaria en vez de un mercado de comodidad".

La industria de la construcción, por otro lado, está "dominada por el hormigón y el acero, cuya producción requiere un gran suministro de energía y genera emisiones significativas para el medio ambiente, así como otros tipos de desechos", explica el estudio de BIOS. Para ser más ecológica, considera que se debería usar más madera a la hora de construir, algo que requiere un cambio "en todo el sistema productivo". Desde la revista especializada 'Architectural Digest' explican cómo el bambú podría convertirse en el material de construcción del futuro, gracias a su abundancia y su resistencia, pudiendo competir perfectamente con la del acero.