Hace ya un mes el rover Perseverance de la NASA aterrizó sobre la superficie de Marte con el objetivo de encontrar restos de vida antigua en el planeta rojo. El viaje de este vehículo espacial duró 202 días, apenas siete meses, desde que despegó de Cabo Cañaveral el 30 de julio de 2020 hasta su llegada al cráter Jezero el pasado 18 de febrero.

A pesar de que es un tiempo relativamente corto, dentro de unos años podría parecernos una eternidad si acaba triunfando el último invento de un equipo de la Universidad de Princeton (New Jersey, Estados Unidos). Este grupo, liderado por la científica iraní Fátima Ibrahimi, ha diseñado un motor que podría reducir los viajes interplanetarios de meses a semanas, al alcanzar los 300 kilómetros por segundo, es decir, los 20.000 kilómetros por hora. De esta manera, las naves se impulsarían hasta 10 veces más rápido que con los motores de propulsión actuales, según explica en su web el Laboratorio de Física del Plasma de esta universidad.

 

¿Qué es lo que hace a este motor tan rápido?

La comunidad científica lleva muchos años planteando la posibilidad de utilizar métodos de propulsión nuclear en sus cohetes, pero no ha sido hasta este año cuando se ha presentado un nuevo concepto de motor basado en la fusión nuclear.

"Llegué a esta idea en 2017, mientras meditaba sobre las similitudes entre el tubo de escape de un coche y las partículas de alta velocidad creadas en el National Spherical Torus Experiment" (un dispositivo de fusión magnética creado en la Universidad de Princeton), cuenta Ibrahima en un artículo publicado en el diario científico 'Journal of Plasma Physics'.

La fusión nuclear, el 'secreto' de este motor, es un tipo de reacción que se produce cuando dos núcleos de átomos ligeros se unen para formar otro núcleo más pesado, de modo que se libera una gran cantidad de energía, según se explica en la web del Consejo de Seguridad Nuclear en España. Este tipo de reacción, por ejemplo, es la que se genera en el Sol: los núcleos de hidrógenos chocan entre sí y dan lugar a una radiación electromagnética que alcanza nuestro planeta en forma de luz y calor.

La clave de este nuevo motor de fusión es que no necesita contener toda la energía liberada en la reacción, sino que se podría aprovechar y utilizar en la propulsión de las naves. De este modo, los cohetes podrían viajar mucho más rápido por el espacio.

¿Cómo serán los viajes espaciales del futuro con un motor como este?

Si el diseño y la construcción de este motor tienen éxito, se reduciría considerablemente el tiempo de viaje entre la Tierra y otros planetas, de modo que se podría explorar y colonizar todo el sistema solar a un ritmo inimaginable en este momento.

Además, la velocidad de este motor de fusión nuclear no solo traería la ventaja de enviar al ser humano más lejos de lo que se ha hecho hasta ahora: también se ahorraría energía, se reducirían las necesidades logísticas de los viajes (agua, comida…) y los astronautas no estarían expuestos durante tanto tiempo a la radiación solar y cósmica que impregna casi cualquier nave espacial. Además, el desgaste físico y psicológico de los astronautas no sería tan alto, pues no pasarían períodos tan largos fuera de nuestro planeta.

En este punto, y con la tecnología necesaria ya disponible, solo haría falta construir un prototipo que demuestre que el motor funciona, como explica la propia Ibrahima en su publicación. La financiación tampoco sería un problema, porque todas las agencias espaciales del mundo están compitiendo ya por conseguir un propulsor alternativo con el que poder enviar cohetes a destinos hasta ahora inalcanzables. China, por ejemplo, ha asegurado que tendrán naves nucleares en 2040, Estados Unidos y Rusia han invertido recursos en estas nuevas formas de propulsión y Europa está trabajando por su cuenta en un motor espacial de fusión abierto.