Existen multitud de volcanes conocidos: el Kilimanjaro en Tanzania; el monte Fuji en Japón; el Kilauea en Hawái, el volcán Osorno en Chile... También los hay más cerca de casa: el volcán islandes Fagradalsfjall, del que tanto se ha hablado estos días; el Teide, el pico más alto de España, que se encuentra en la isla de Tenerife, o el Teneguía en la isla de La Palma.

Todos tienen en común que son estructuras en la corteza terrestre por donde escapa el magma proveniente del interior de la Tierra, que es la definición de volcán que da el Proyecto Geodivulgar de la Universidad Complutense de Madrid. Según explican desde la institución, existen más de 1.500 volcanes activos en nuestro planeta, y la mayoría se localizan en los márgenes de las placas tectónicas.

No todos los volcanes son iguales; según la entidad, se pueden clasificar en función de su morfología, es decir, según su tamaño y forma; atendiendo a su estructura interna -si están formados por roca o también por capas de coladas- y también se pueden diferenciar por el número de erupciones -si solo tienen una o varias-.

¿Cuáles son los tres tipos principales de volcanes?

Existen muchos tipos de volcanes y cada uno de ellos debe estudiarse de manera individualizada, según el Instituto Geográfico Nacional. Pero, para comprender su naturaleza y facilitar su estudio, se elaboran diferentes clasificaciones atendiendo a las características principales. Estos son los principales tipos de volcanes, según el catálogo de la Dirección General de Protección Civil y Emergencias.

Los volcanes compuestos o estratovolcanes

Los volcanes compuestos también conocidos como estratovolcanes tienen forma de cono con las laderas empinadas y están formados por cenizas y lava. Estos volcanes pueden superar alturas de 2.000 metros. Como el Teide, en Canarias, un estratovolcán de 3.715 metros sobre el nivel del mar, que permanece inactivo desde 1798, según el IGN.

Otros volcanes compuestos famosos son el Monte Fuji, en Japón; el Monte Santa Helena, en Estados Unidos, el Monte Pinatubo, en Filipinas y el Etna, en Italia. Cuando un estratovolcán entra en erupción, no siempre lo hace con flujos de lava, a veces son flujos piroclásticos, que son una mezcla de vapor caliente, ceniza, roca y polvo. Estas erupciones forman ríos abrasadores que también pueden descender, como hace la lava por la ladera del volcán, destruyendo todo lo que se cruza en su camino.

Volcanes escudo

Los volcanes escudo son de grandes dimensiones pero de menor altura. Estos tienen laderas suavemente inclinadas y están formados por capas de lava. En este caso, las erupciones no suelen ser explosivas, pero sí producen flujos rápidos de lava que pueden fluir a lo largo de muchos kilómetros. Además, las erupciones suelen ser recurrentes y, también, destruyen todo a su paso.

Los volcanes más conocidos de este tipo son el Skjaldbreiður, en Islandia, y los montes Kilauea y Maunaloa, en Hawái. En España, la principal formación de este tipo se encuentra en el Parque Garajonay en la isla canaria de la Gomera.

Conos de ceniza

Estos conos se forman por el apilamiento de escorias o ceniza durante las erupciones. En este caso, las laderas no son muy altas, pocas veces superan los 300 metros de altura, y tampoco tienen mucha pendiente. Como su nombre indica, tienen forma cónica y una base circular.

El cono de cenizas más conocido de España es La Atalaya en Laredo, Cantabria. Otro cono de cenizas es el Puy de Dome, en la región francesa de Auvernia, que entró en erupción por última vez hace más de un millón de años.

Un repaso sobre los volcanes

El Instituto Geográfico Nacional hace un repaso en el siguiente vídeo sobre qué es un volcán, los diferentes tipos de erupciones y las zonas volcánicas de España. Un visionado que te ayudará a entender la situación de La Palma.

Además, en el siguiente estudio de volcanología también recopilan la duración de las últimas erupciones volcánicas: la del volcán Teneguía del año 1971 duró 24 días y la anterior, del volcán Nambroque en la isla de La Palma, en 1949, tuvo una duración de 47 días.