RECARGA RÁPIDA BAJO OBSERVACIÓN
¿Verdad o más inventos para desprestigiar a los eléctricos? Ahora dicen que la carga rápida es perjudicial para la salud
Qué ha detectado este estudio académico en los Estados Unidos; en la ubicación de las estaciones radica el problema

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Si bien durante el Gobierno norteamericano anterior intentó avanzar a escala nacional con respecto a la electrificación de los coches, hay un estado que la impulsa como ningún otro. Ninguno es tan eco-friendly como California, que, por cierto, se encuentra en plena disputa con las políticas actuales de Trump que intentan despojarlo de su emancipación.
Allí no falta la red de estaciones de recarga, de manera que no había mejor lugar para llevar a cabo la investigación en cuestión. El alto nivel de concentración de estos puntos y su disposición resultaron oportunos para que la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) se adentrara en semanas de estudio. ¿El objeto? El impacto en la salud de partículas sueltas en el aire.
No es la primera vez que los eléctricos generan y atraen controversias. Partamos de los grises ya establecidos sobre el término cero emisiones, una realidad a medias desde el momento en que la fabricación de las baterías tiene sus consecuencias en el medioambiente. En este caso, los apuntados son los puestos de carga rápida, que, según esta investigación de la UCLA, necesitan replantear su infraestructura para que la movilidad eléctrica sea verdaderamente limpia.

La carga rápida: Las estaciones, el blanco de un estudio norteamericano
En concreto, este estudio, realizado en seis estaciones de carga ubicadas en zonas urbanas de Los Ángeles, detectó excesos en la liberación al aire de dos tipos de partículas peligrosas para la salud, para el sistema respiratorio, siendo preciso. Pero no es la recarga donde residiría el problema, sino en la intensa aglomeración de coches que se registra en los puntos y una ventilación de momento ineficiente para contrarrestar los riesgos en perjuicio de la calidad de aire.
Sumado a ello, las ubicaciones no ayudan. Al registrarse en adyacencias de colegios, aparcamientos de centros comerciales y otros focos de concentración, el nivel de partículas, que no se disipan hasta pasados los 30 a 45 minutos tras la recarga, va en aumento. Esto fue blanco de las conclusiones arrojadas por la investigación académica, que aconseja relocalizar las estaciones en zonas alejadas de los puntos más neurálgicos. Vaya dilema se presentaría a futuro, cuando los eléctricos representen la gran mayoría y la carga rápida deba estar a la mano del conductor.
Nada nuevo. La evolución de la industria automotriz siempre ha estado signada por la seguridad como factor de quiebre, desde los primitivos motores de finales del siglo XIX hasta la fecha. Establecida como un camino de ida, será más fácil para la movilidad eléctrica encontrar las soluciones para minimizar y neutralizar los riesgos, y para deshacerse, con el tiempo, de los prejuicios que la colocan a menudo en el ojo de la crítica.
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