FRANCIA
Otoño en la Camarga: arrozales, salinas, flamencos, caballos blancos y toros negros
La Camarga es tierra de arrozales que se cosechan en otoño y de salinas que terminan su ciclo en esa misma época y, en ese entorno natural, están los flamencos, los caballos blancos y los toros negros.

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Entre los últimos días de septiembre y la primera quincena de octubre la Camarga, en el sur de Francia y la desembocadura del Ródano, luce su imagen más otoñal: es el momento de la época del arroz y todavía puede verse la recolección de la sal pero, además, los flamencos sigue haciéndose ver y notar en las lagunas y humedales aunque no estén en época de cría y los caballos blancos y los toros negros forman, también en esta época, parte imperdible del paisaje.
Si a esto añadimos que no cae sobre esta zona el calor extremo del verano pero tampoco ha llegado el frío invernal con sus lluvias por una parte y por la otra la belleza de la luz mediterránea otoñal se combina con un descenso del número de visitantes… Podrás concluir, como hemos hecho nosotros, que estamos ante las mejores semanas del año para visitar la Camarga.

La Camarga es una zona que, especialmente en otoño, se mira y se comprende a través de los colores: la paleta de rosas de las salinas y de los flamencos, el tono dorado del arroz en su punto re recolección, los caballos blancos, los toros negros, los tonos ocres y rojizos del atardecer… Y por eso es una región la mar de fotogénica en otoño tanto en sus marismas como en sus salinas, lagunas y praderas.
La Camarga tiene de particular que es una zona natural y agrícola a la vez y es en otoño cuando esto se nota más a cuenta de la recolección del arroz, un arroz que se ha sembrado en primavera y se recoge en otoño; los arrozales se inundan en primavera y verano con agua del Ródano y se controla la entrada de agua salada en ellos; para conocer cómo es el cultivo y transformación del arroz lo mejor es visitar la Maison du Riz.
De los arrozales nos vamos a las salinas, en el otro extremo de la Camarga; se trata de grandes estanques donde se evapora el agua marina gracias al sol en verano y queda la sal que se recoge de final de verano a otoño y, en ese proceso, las salinas pasan por un progreso de evolución colorística de lo más llamativo.
Lo siguiente es ya conocer a los particulares habitantes de la zona empezando por los flamencos porque son la imagen más representativa de la Camarga; es verdad que esta época no es el momento más interesante para ver a los flamencos, lo será más bien hacia finales de noviembre, pero no por ello es poco interesante ver a estas curiosas aves rosas completar un paisaje natural y rural de una belleza excepcional; ¿te imaginas a los flamencos rosas sobre las aguas rosadas de las salinas? Eso solo puede verse en esta época…

Y de los flamencos pasamos a los caballos blancos y los toros negros, un gran contraste que tiene una historia muy particular: para empezar ¿sabías que los caballos blancos de la Camarga no nacen blancos? Los potros tienen el pelaje oscuro, un pelaje que se va aclarando hacia el gris claro al crecer; estos caballos están integrados en la vida de los agricultores y ganaderos locales aunque hoy sean también una atracción turística al ver cómo se crían, conjuntamente, los caballos blancos y los toros negros porque serán esos caballos los que resultarán imprescindibles para manejar las manadas de toros.
¿Y por qué se crían toros? En la Camarga hay tradición taurina aunque diferente de la española, aquí no se los toros no se mata sino que se le colocan algunos atributos entre sus cuernos y el equivalente a nuestro torero tiene que intentar recogerlos.
La Camarga en otoño es una suerte de destino natural y agrícola, colorista, todavía cálido y de una magnífica belleza.
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