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El pueblo más bonito de España para viajar en abril de 2026 está en Mallorca según National Geographic
En el corazón de la Serra de Tramuntana, Fornalutx ha sido elegido como el pueblo más bonito de España para viajar en abril de 2026 según National Geographic gracias a sus calles empedradas, casas de piedra y un entorno natural privilegiado.

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Como bien sabrás, cada mes National Geographic elige un pueblo de España como el más bonito para viajar. En el mes de marzo el afortunado fue Poza de la Sal, una encantadora villa de Burgos (Castilla y León).
Y ahora la revista ha elegido un pueblo de Mallorca para "viajar" en el mes de abril. Se trata de Fornalutx, una localidad que se encuentra en el noroeste de Mallorca, muy cerca de Sóller, en plena Serra de Tramuntana, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Su ubicación, rodeada de montañas y vegetación, le aporta un aire auténtico que lo diferencia de otros destinos más turísticos de la isla. Visitar Fornalutx es viajar a la Mallorca más tradicional, donde el tiempo parece ir más despacio y cada rincón invita a detenerse.
El principal atractivo de Fornalutx es pasear sin rumbo. Sus calles estrechas, llenas de escaleras, están flanqueadas por casas de piedra con persianas de madera y macetas llenas de flores. Es uno de los conjuntos urbanos mejor conservados de Baleares.
Uno de los mayores atractivos de Fornalutx es, precisamente, recorrer sus calles. Sus estrechas vías empedradas, llenas de escaleras y flanqueadas por casas de piedra con contraventanas de madera, crean una estampa única. Todo el conjunto urbano está cuidadosamente conservado, con fachadas decoradas con macetas y flores que aportan color al paisaje. En el centro del pueblo se encuentra la iglesia de la Natividad de la Mare de Déu, de origen medieval, que destaca como uno de los principales puntos de interés y refleja la historia del lugar a través de sus diferentes estilos arquitectónicos.
Además de su patrimonio, Fornalutx ofrece vistas privilegiadas del valle de Sóller y de la Serra de Tramuntana. Desde distintos puntos del pueblo es posible disfrutar de panorámicas espectaculares, especialmente al atardecer, cuando la luz transforma el paisaje en un escenario aún más fotogénico. A su alrededor, los huertos de naranjos y limoneros forman parte esencial de su identidad, recordando la importancia histórica de la agricultura en la zona.
En cuanto a qué hacer, Fornalutx es un destino perfecto para el senderismo y las escapadas tranquilas. Desde aquí parten diversas rutas que conectan con Sóller o que se adentran en la montaña, como las que conducen hacia el Puig Major. Sin embargo, uno de los mayores placeres del pueblo es simplemente disfrutar sin prisa: sentarse en una terraza, tomar algo y dejarse llevar por el ritmo pausado del entorno. También es un lugar ideal para la fotografía, ya que cada rincón (desde sus escaleras hasta sus puertas antiguas) parece diseñado para ser capturado.
La visita a Fornalutx puede completarse con una ruta por los alrededores, incluyendo lugares cercanos como Sóller, el Puerto de Sóller o Deià, lo que permite descubrir algunos de los paisajes más emblemáticos de Mallorca en un mismo recorrido.
Entre sus curiosidades, destaca que Fornalutx ha sido reconocido en varias ocasiones como uno de los pueblos más bonitos de España, gracias a su excelente estado de conservación y su estética tradicional. Este cuidado no es casual, sino resultado de estrictas normas urbanísticas que han protegido su arquitectura durante décadas. Su historia también está profundamente ligada al cultivo de cítricos, especialmente naranjas, que durante siglos han sido un motor económico y siguen marcando el paisaje actual. Las características casas de piedra y tejados rojizos, además de su valor estético, responden a una adaptación al clima y a la geografía montañosa.
Fornalutx no es un destino de grandes monumentos ni de planes frenéticos, sino un lugar para disfrutar despacio. Su verdadero atractivo reside en su atmósfera, en la armonía entre naturaleza y arquitectura, y en la sensación de calma que transmite. En un mundo cada vez más acelerado, este pequeño pueblo mallorquín se presenta como un refugio perfecto para desconectar y redescubrir el placer de lo sencillo.
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