DESCÚBRELA
La playa de las Rías Baixas con aguas turquesas que está poco masificada en julio
La cala de Lagoelas, en Cangas do Morrazo, mide apenas 100 metros y, gracias a su acceso a pie, es una de las playas más tranquilas para disfrutar este verano.

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La playa de Lagoelas es uno de los secretos mejor guardados de las Rías Baixas y basta echarle un vistazo para entender por qué se cuela un año más en las listas de escondidas del sur de Galicia. Está en la parroquia de Aldán, en Cangas do Morrazo (Pontevedra), y tiene algo que en pleno verano vale su peso en oro: aquí no hay masificación. Mientras arenales célebres como Rodas, A Lanzada o Melide se llenan hasta la bandera en temporada alta, a Lagoelas solo se llega a pie, y ese pequeño esfuerzo espanta a las multitudes y te regala lo que de verdad buscas en verano: un día de playa en calma.
Una cala diminuta, virgen y de aguas turquesas

Lagoelas es pequeña, muy pequeña, de apenas 100 metros de largo por unos 12 de ancho. Es un diminuto arenal de arena y rocas encajado entre mar y monte, en un entorno completamente virgen junto al Cabo Udra. Sus aguas cristalinas de color azul turquesa y su fondo marino lleno de vida la convierten en un lugar perfecto para darse un baño con calma o practicar snorkel, y desde Turismo Rías Baixas destacan que, al ser menos accesible y estar más aislada, suele estar menos concurrida incluso en temporada alta, lo que la hace ideal para caminar por la costa, montar un picnic o simplemente escuchar el sonido del mar.
Quienes la conocen no dudan en calificarla de impresionante y coinciden en que es un lugar que invita a relajarse y disfrutar de la naturaleza; y es que en Lagoelas no hay chiringuitos ni música, solo paisaje. Eso sí, estás en Galicia, así que ya sabes lo que eso significa: cuando termines la jornada de playa, el buen comer está asegurado en Cangas o en la propia Aldán, donde el marisco de la ría y un buen albariño ponen el broche perfecto a la escapada.
Cómo llegar y qué llevar

El acceso es exclusivamente peatonal, por un sendero que parte de las inmediaciones de la carretera PO-315 y que requiere unos 20 minutos de caminata; conviene llevar el móvil con el mapa a mano porque hay varios caminos y no todos llevan a buen puerto. El calzado cómodo, por tanto, es obligatorio.
Y una advertencia más: al tratarse de un entorno natural sin urbanizar, la playa carece de servicios básicos. No hay duchas, ni papeleras, ni socorrismo, ni restaurantes cercanos, así que toca llevar en la mochila todo lo necesario para pasar el día:
- Agua
- Comida
- Protector solar
- Y traerse de vuelta la basura.
Es el pequeño peaje que hay que pagar por disfrutar de una de las calas más auténticas de las Rías Baixas; un peaje que, en cuanto pises su arena y veas ese azul turquesa, te parecerá una ganga.
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