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El pueblo cordobés que cuelga de una roca bajo un castillo del siglo IX y esconde una cueva prehistórica

Entre olivos y sierras, sus calles blancas conducen hasta una fortaleza de origen musulmán y a una cueva donde vivieron comunidades desde el año 6000 a.C.

Zuheros, Córdoba

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Zuheros, en la provincia de Córdoba, es un pueblo con una historia que empieza mucho antes de los castillos. Está en el Parque Natural de las Sierras Subbéticas, rodeado de olivos hasta donde llega la vista.

Sus casas blancas se apoyan en una peña de roca, y sobre ellas, en lo alto, vigila un castillo de origen musulmán.

Lo mejor es dejar el coche al llegar y caminar. Las calles son estrechas y empinadas, y por el camino aparecen miradores desde los que se ven los tejados del pueblo y la sierra.

Prehistoria: la Cueva de los Murciélagos

Todo empezó bajo tierra. A unos 4 kilómetros del centro hay una cueva donde vivieron comunidades de cazadores y ganaderos desde hace unos 8.000 años.

Allí dejaron pinturas en las paredes:

  • Del Paleolítico: caballos, osos y ciervas.
  • Del Neolítico: figuras humanas y cabras.

La cueva también sirvió para enterrar a sus muertos, como demuestran los restos y objetos que se encontraron.

La visita es una de las grandes actividades de Zuheros, pero hay que ir preparado:

  • El tramo abierto al público mide unos 450 metros, de una red subterránea de más de 2 kilómetros.
  • Entre bajar y volver a subir, hay unos 700 escalones de piedra.
  • Por el camino se pasa por galerías oscuras y salas con estalactitas y estalagmitas.

Su nombre viene de los murciélagos que aún viven en las zonas más profundas.

Edad Media: el castillo

Siglos después, en el siglo IX, se construyó el castillo en lo alto del peñón, en época de al-Ándalus. En el siglo XVI se le añadió un palacio.

Hoy se conservan sus torres y ruinas, y desde arriba se ve todo el pueblo y la sierra.

Junto al castillo está el Museo Arqueológico Municipal, con las piezas encontradas en la cueva: cerámica, herramientas de piedra y hueso, y adornos.

Después, lo mejor es caminar por las calles empinadas hasta los miradores. Y si quedan ganas de comer, el queso de cabra de la zona es el plato típico, y se sirve con aceite de oliva de la Denominación de Origen Baena.

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