En laSexta Columna
Alianza Catalana o cómo Silvia Orriols ha convertido su fijación con el catalanismo medieval en postulados extremos y anacrónicos
Esta semana, en LaSexta Columna, entrevistamos a Sílvia Orriols, líder de Alianza Catalana, el partido que más crecería en Cataluña en las próximas elecciones según las encuestas. Aunque menos combativa en el uno contra uno de la entrevista que en sus intervenciones en el Parlament, Orriols sostiene perenne su ideario ultraderechista ante nuestras cámaras. Pero ¿quién es Sílvia Orriols y cómo se comprende a Aliança Catalana?

Valencia, 9 de octubre de 1238. Las tropas de Jaime I entran en la ciudad tras un largo asedio a la metrópoli de la taifa homónima, arrebatándola al dominio musulmán. Exactamente 748 años después, el mismo día, nace en Vic una mujer que ha parecería querer ser, precisamente, la reencarnación política, si no espiritual, de aquel rey aragonés. Hablamos de Sílvia Orriols, la intransigente líder de Aliança Catalana. Su fijación con el catalanismo medieval es clave para comprender sus postulados extremos, anacrónicos y de aroma cuasi feudal.
Ripoll, el municipio en el que es batllesa, alberga la sepultura de Guifré el Pilós, noble catalán del siglo noveno al que se atribuye, de facto, la autonomía de los condados catalanes del reino franco. Xavier Torrens, profesor en Ciencias políticas de la UB, explica esta recurrencia simbólica como un patrón común en la extrema derecha europea: "Cuando Sílvia Orriols alude a Guifré el Pilos y a otros reyes condes catalanes, hay una similitud con Santiago Abascal cuando habla del Cid Campeador o cuando Marine Le Pen en Francia habla de Juana de Arco. Esos condados de Guifré son, en esencia, algo muy similar a lo que plantea Aliança Catalana".
No es una interpretación forzada: así lo deja claro el primer punto de su programa electoral.
"Los catalanes, por el simple hecho de existir como pueblo nacional consciente, debemos levantarnos en Estado independiente y expulsar a los estados español y francés de Cataluña. [...] Somos los dueños de nuestra tierra. El primer punto de nuestro programa es la realización de una declaración unilateral de independencia y la toma de control del territorio".
El partido catalanista, según las encuestas, pasaría de 2 a 20 escaños en el Parlament. Un ascenso meteórico que ha hecho temblar a Vox. Vox odia el independentismo y Aliança Catalana odia al Estado español. Podrían parecer altamente incompatibles, pero comparten cierta parte del electorado, porque ¿qué odian los dos por igual? El islam.
Aliança profesa un independentismo voraz y caníbal con aquellos que el partido, bajo criterios completamente subjetivos y arbitrarios, no considera catalanes. La pregunta es inevitable, ¿qué es ser catalán? ¿Cuáles son los factores que llevan a alguien a ser considerado catalán? ¿Es la lengua, el tiempo de residencia en la región, la ascendencia? ¿Cómo se mide cuánto de catalán eres? A preguntas tan complejas que trascienden lo político y atañen casi a lo antropológico, el partido de Orriols busca establecer su propio criterio etnonacionalista que aún no se encuentra muy bien enmarcado.
Su cruzada personal, al igual que la de Jaume I, es contra los musulmanes. Se declara abiertamente islamófoba, sin miedo ni pudor. Y esa cruzada catalana se extiende, además, hacia castilla, sí, con minúscula, que es como ella denomina al resto de España. A través de discursos populistas y maximalistas, profundamente injustos con la inmigración, Aliança explota el miedo y la criminalización del Otro, entendido como concepto filosófico sartriano, para ofrecer respuestas simples a problemas estructuralmente complejos. Un manual clásico de la extrema derecha, aquí y en cualquier latitud.
Orriols sostiene que el catalán está desapareciendo. Y es cierto que el catalán enfrenta dificultades. Pero su discurso se apoya en la falacia de que los inmigrantes no se integran ni hacen el mínimo esfuerzo por aprender la lengua. Basta hablar con Mourad el Boudouhi para desmontar esta narrativa. Marroquí afincado en Lleida desde 2004, portavoz de la Asociación Watani, dedicada a la integración de personas migrantes y a la regularización de quienes se encuentran fuera del marco legal. Mourad impulsa clases de catalán para inmigrantes: "Es nuestra voluntad que la gente se integre, que respete las normas, que ayuden al crecimiento de esta ciudad. Creemos que el primer paso es aprender el idioma. La gente acude a las clases porque lo ve necesario para la integración, lo ve necesario para buscar trabajo. Lo ve necesario porque es el elemento de comunicación para quitar el miedo a la gente".
La realidad es tozuda: la inmensa mayoría de los inmigrantes, sin importar su origen, llegan a Cataluña para trabajar. Orriols se ensaña con aquellos que se encuentran en situación irregular. Sin embargo, al preguntarle sobre los empresarios y terratenientes que se aprovechan de su situación, por ejemplo, en las campañas de recogida de fruta en Lleida y Girona, responde: "A mí no me consta que ningún empresario del país esté contratando personas sin papeles". Curioso: hay gente trabajando en situación irregular, pero nadie los contrata.
La cruzada anti-española pesa lo mismo en su ideario que la "guerra religiosa" contra el islam. Bajo el grito de "Mori Espanya", Orriols encarna una visión etnonacionalista excluyente y victimista. Habla de 300 años de ocupación española y, en nuestra entrevista, considera a Cataluña así: "Somos una colonia, de la misma manera que el Estado español tuvo colonias en el continente sudamericano, conserva todavía hoy ciertas colonias dentro de la península ibérica y una de ellas es Cataluña".
La xenofobia que destila contra todo aquello que no encaja con su visión del catalanismo, asusta. Asusta incluso a Vox, quienes en vista de que pueden escaparse valiosos votos en las próximas elecciones al Parlament, han parecido virar su discurso y empezar a usar la cedilla. La derechización del debate político en las democracias occidentales parece avanzar hacia un inquietante "a ver quién odia más y a más gente". Mientras tanto, Sílvia Orriols y su séquito seguirán preparando la revancha, simbólica o literal, por aquellos Decretos de Nueva Planta de 1714 que, al parecer, aún siguen a flor de piel.
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