Cáncer de mama

Teresa Rodríguez, sobre su estado de salud tras el cáncer de mama: "Es como si te hubiera pasado un tren por encima, pero te has salvado".

Teresa Rodríguez analiza en Salvados su recuperación tras el cáncer de mama, recuerda la dureza del diagnóstico y la quimioterapia y explica cómo afronta ahora una etapa personal marcada por la distancia de la política.

Teresa Rodríguez, sobre su estado de salud tras el cáncer de mama: "Es como si te hubiera pasado un tren por encima, pero te has salvado".

Teresa Rodríguez habla con Gonzo en Salvados desde su casa de Cádiz sobre una etapa que ha marcado un antes y un después en su vida. La que fuera eurodiputada de Podemos y posteriormente diputada en el Parlamento andaluz con Adelante Andalucía se recupera de un cáncer de mama diagnosticado cuando tenía 44 años.

"Estoy bastante bien, afortunadamente. Gracias a la sanidad pública, a los tratamientos, a la ciencia y, seguramente también, a la tranquilidad de estar alejada del panorama político", explica Rodríguez al comienzo de la entrevista.

La política todavía tiene por delante una operación y continúa con tratamiento hasta final de año, aunque asegura que "el peligro, pasó". La intervención más arriesgada, aquella en la que había que comprobar si el cáncer estaba bien delimitado, salió bien y, según explica, eso significa que "la quimioterapia ha hecho todo su trabajo". "Estoy fuera de peligro. Ahora hay que prevenir posibles futuras apariciones de cáncer", añade.

La parte más dura del tratamiento, asegura, ha sido la física. "El cuerpo envejece un montón con la quimioterapia. Te duelen los huesos. Es como un envejecimiento prematuro", cuenta. Habla de los nudillos y los músculos, pero también de las consecuencias psicológicas de parar y asimilar todo lo ocurrido.

"Es como si te hubiera pasado un tren por encima, pero te has salvado", resume. Y considera que eso es mucho más importante que la pérdida de pelo. Al principio, reconoce, puede parecer terrible, especialmente cuando se tienen hijos pequeños, pero "eso es lo de menos".

Rodríguez recuerda además que el momento más duro llegó antes del tratamiento, durante el periodo de incertidumbre hasta conocer el diagnóstico. Estuvo un mes entre pruebas y esperas. "Cada día es terrible hasta que no sabes cuál es la dimensión del asunto", explica.

El primer día de quimioterapia, paradójicamente, supuso para ella "un alivio": "Ya tengo puesto el tratamiento, ya estamos empezando a combatir esto", pensó. El diagnóstico había comenzado con un pequeño bulto, pero la resonancia reveló que estaba "mucho más extendido de lo que parece por fuera".

"La incertidumbre siempre es mucho peor que un plan que tú ya tienes prefijado", afirma. También recuerda el peso de la palabra cáncer y el miedo por sus hijas: "A veces se me olvidaba que tenía cáncer y cuando me acordaba me hartaba de llorar".

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