Por primera vez Pesadilla en la cocina viaja hasta Murcia y lo hace para visitar un restaurante ubicado en un entorno muy particular: una antigua estación de tren regentada por Javier, un ex paracaidista del Ejército cuya mujer lo dejó todo por él.

Para ver qué es lo que no funciona, Alberto Chicote se traslada a La Estación donde conoce a Javier. El propietario le explica al chef que la estación de tren se cerró porque cuando estaban sus anteriores 'propietarios', "cortaron el cuello a una muchacha". En ese momento fue cuando decidió abrir su restaurante debido a algunos conocimientos de cocina que tenía después de ser destinado a Sevilla como militar. Una profesión que tuvo que dejar después de que le "pegara dos hostias" a su superior.

Después de conocer el local, Chicote se dispone a probar los platos del restaurante. Para ello decide probar de la carta calamares, caballitos, ensalada murciana, pollo y cordero. Sin embargo los calamares son congelados y grasientos; los caballitos tienen alrededor una masa que parece pan; el tomate de la ensalada murciana "no vale ni para tomar por culo"; y el pollo tiene hollín. Algo que parece hacerle gracia a Javier, su propietario, que no duda en bromear con los fallos de la comida.

Tras la cata, el chef de Pesadilla en la cocina se ve las caras con Mari, la cocinera. Chicote valora la comida y echa un vistazo a la cocina para ver en qué condiciones trabajan. Una parrilla apuntalada, una freidora "que nadie friega desde hace mucho", una campana que nadie limpia y unas hamburguesas congeladas que son del año del cinquillo, desatan el enfrentamiento entre Javier, el propietario, y la Mari.

Chicote es testigo del primer servicio en el que los enfrentamiento entre Javier y Mari son continuos. La cocinera incluso abandona el servicio dejando colgados a los clientes. Tras ver el circo, el chef sabe que La Estación necesita cambios drásticos para remontar el vuelo. El primero de ellos lleva a Mari y a Javier a una huerta cercana junto a Alberto Chicote. Allí eligen los productos necesarios para hacer una parrillada de verduras con mojo y ñoras que les enseña a hacer Chicote con una particularidad: la 'unión' del dueño y la cocinera.

Llega el segundo servicio en el que el caos es el protagonista. No hay coordinación, las comandas están confundidas y duplicadas. Además los clientes están saliendo a tomar el fresco porque se les está agotando la paciencia de esperar el pollo. Un plato que nunca llegará porque no hay suficiente y que desespera al equipo del restaurante. Aunque no será lo único que altere al personal. Una confusión a la hora de cocinar un plato hará a la Mari abandonar de nuevo el servicio y a Alberto Chicote salir corriendo otra vez. "No voy a ir todos los días a correr detrás tuyo, ¿eh?", le dice.

El equipo de diseño y reformas de Pesadilla en la cocina se pone manos a la obra en La Estación para intentar sacarle al emblemático edificio todo el potencial que lleva dentro. El resultado es un nuevo restaurante con personalidad, recreando un ambiente ferroviario que recuerde que se está en una estación. Además, el equipo ha reformado parte de la cocina y ha elaborado una nueva carta con productos típicos de Murcia.

Llega el servicio de reapertura que arranca tenso debido a que la sala está llena. Un grupo de paracaidistas y el alcalde son algunos de los comensales y los trabajadores de La Estación empiezan a ponerse nerviosos. "Javier, no puedo cocinar y discutir. Voy lo más rápido que puedo", le dice la Mari a su jefe. Todo empieza a funcionar cuando Alberto Chicote se hace con el mando y empieza a ordenar y a animar a todo el equipo.