Puso en riesgo la seguridad nacional
Cristina Almeida, sobre el proyecto político de Jesús Gil en Ceuta y Melilla: "Hay fronteras para el tráfico de drogas, armas y personas"
Cuando se hizo, junto a su hijo, con toda la Costa del Sol, Jesús Gil puso sus miras en Ceuta y Melilla. Ese fue el momento en el que la maquinaria del Estado se puso en marcha para detenerle.

Jesús Gil se vino arriba. Su mayoría absoluta en Marbella le hizo pensar que podía con todo. Respaldado por su grupo de "estómagos agradecidos" y algunos medios de comunicación consiguió hacerse con toda la Costa del Sol y gobernar de una manera u otra en sus ayuntamientos más importantes. Una ubicación estratégica para seguir desarrollando su 'modelo' empresarial y urbanístico. Llegó incluso a presentarse a las elecciones generales de 1993 sin ningún éxito, recuerda Mamen Mendizábal en este reportaje de Anatomía de... que analiza el auge y caída de nuestro Trump patrio.
Se lanzó a la conquista de la Costa del Sol en las elecciones de 1995. Volvió a ganar en Marbella con más mayoría todavía. "Dejó al PP sin ningún concejal. Decía que si se presentara con 25 bomberos ganaría", recuerda Josele Sánchez, fotógrafo del Diario El Sur. "Se creía que era dios. Lo abrazaban, lo besaban. Y como no pasaba nada... Es que lo que pasó en Marbella... eso era mafia pura", añade.
José Carlos Villanueva, corresponsal de El Mundo en aquella ciudad en los 90, recuerda en el programa de laSexta uno de los eslóganes de la campaña que hoy sería "impensable": "Todos a por todas". "Pensábamos que iba a durar muy poquito, que era pan para un día y hambre para mañana, pero no, fue alcalde un montón de años", lamenta Celia Villalobos.
Los palmeros de Gil dijeron que "había tocado el Gordo en Marbella y el Niño en Estepona" porque su hijo ganó las elecciones en esta localidad en 1995. Desde ese momento, fue a por Fuengirola y también a por Ronda -donde gobernaba el PSOE-. "Pretende una cosa clara como empresario: terrenos. Lógicamente, la Costa del Sol tiene unas posibilidades maravillosas", asegura Antonio Rubio, también periodista de El Mundo en la época.
Fue en ese momento en el que el PP y el PSOE se dieron cuenta de que "las cosas se estaban complicando demasiado", reconoce Villalobos. Había que pararle. Ya tenía Marbella y Estepona, y su partido, el GIL, se hizo con Casares, Manilva, Ronda, San Roque o La línea de la Concepción, entre otros municipios, pero quería más.
"Voy a ir a Ceuta y a Melilla y a todos lados y los voy a arrasar a todos", advertía en televisión. Pero ahí ya estaba hablando de "otra política". "Estamos hablando de la política nacional. Si llega a Ceuta y Melilla se convertía en un problema, pero no por él, sino por su forma de gobernar, por las cantidades de barbaridades urbanísticas y de todo tipo que cometía", comenta Villalobos.
"Ahí hay fronteras que valen para todo: valen para el tráfico de drogas, de armas, de personas...", añade Cristina Almeida en el programa de laSexta. Su intención, cree Villalobos, no era otra que replicar allí lo que hacía en Marbella. "Lo que quiere hacer Trump en Gaza, más o menos", resume. "El abuso, el business, el negocio sin respetar nada en dos ciudades tan absolutamente complicadas", añade.
Según Rubio, "Gil intentó que Ceuta y Melilla fueran su patio de recreo, paraísos fiscales, casinos, blanqueo de dinero, lo que quieras". Pero la seguridad nacional no podía estar en riesgo. Había que controlar el Estrecho. Así, se puso en marcha todo el aparato del Estado, cuenta Villanueva.
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