"Un gánster"
Jesús Gil, el Donald Trump patrio del jacuzzi que puso en jaque la seguridad nacional: "Si ahora resucitara, la gente le volvería a votar"
El contexto Mamen Mendizábal analiza en Anatomía de... el fenómeno mediático y social que fue en su día Jesús Gil, además del peligro que sus aspiraciones políticas supusieron para la seguridad nacional. Una caricatura de exceso, machismo y dinero fácil que cuanto más escandalizaba, más reforzaba su personaje.

Resumen IA supervisado
Jesús Gil, figura emblemática del populismo en España, es el protagonista de la cuarta temporada de Anatomía de..., el programa de Mamen Mendizábal. Este documental examina cómo Gil, más que un constructor o alcalde, simbolizaba una sociedad adinerada y mafiosa, conquistando Marbella con promesas de mano dura en un contexto de inseguridad y delincuencia. Su partido, el GIL, mezclaba riqueza y política televisiva, seduciendo tanto a los votantes tanto de derecha como de izquierda. A través de un espectáculo constante, Gil construyó un poder opaco, convirtiéndose en sinónimo de corrupción urbanística. Su intento de expansión a Ceuta y Melilla activó alarmas estatales, acelerando su caída. Sin embargo, su legado persiste, y muchos, lamentan Celia Villalobos y José Carlos Villanueva, aún lo reivindican.
* Resumen supervisado por periodistas.
Su nombre era la definición de populismo, precediendo, en versión local, a Donald Trump. Por eso, resulta increíble que nos hayamos olvidado de esta fábula que ocurrió aquí, en España, en la Costa del Sol. Jesús Gil era mucho más que un constructor, mucho más que el alcalde de Marbella, mucho más que el presidente del Atlético de Madrid. Era la representación en carne y hueso de una sociedad casposa, mafiosa y adinerada que se creía por encima de la ley y la moral.
Su figura protagoniza el arranque de la cuarta temporada de Anatomía de..., el programa de Mamen Mendizábal, y en esta ocasión, reconstruye cómo aquel empresario acabó convirtiéndose en uno de los personajes más influyentes -y temidos- de la España de los 90. Porque antes de las causas judiciales, antes de las operaciones policiales y antes de convertirse en sinónimo de corrupción urbanística, Gil fue un fenómeno popular.
El documental retrata cómo logró conquistar esa ciudad en la costa que era un caramelo para los empresarios con aspiraciones urbanísticas. "El gran problema de Marbella era la inseguridad unida a la pequeña delincuencia y a la droga y a un gran problema de toxicomanía. Ese fue el caldo de cultivo para que Jesús Gil triunfara", recuerda el periodista José Carlos Villanueva, corresponsal de El Mundo en Marbella durante casi dos décadas.
A golpe de populismo, Gil ganó las elecciones municipales de 1991 y convirtió el Ayuntamiento en un espectáculo permanente. Su partido, el GIL -Grupo Independiente Liberal-, mezclaba promesas de mano dura, exhibición de riqueza y una política hecha para la televisión. En el programa de laSexta, la exalcaldesa Celia Villalobos recuerda que "había miedo y preocupación en todos los partidos, tanto en el PSOE como en el PP". Porque Gil no solo quitaba votos a la derecha: también seducía a parte de la izquierda con un discurso aparentemente cercano y eficaz.
Con el paso de los años, aquel experimento político dejó de limitarse a Marbella. Gil extendió su influencia por buena parte de la Costa del Sol, conquistando alcaldías y colocando a personas afines -como su hijo en Estepona- en municipios estratégicos. Lo hizo combinando las campañas desorbitadas, la presencia constante en televisión y una red clientelar construida a golpe de favores, dinero y promesas de prosperidad rápida. "Como empresario era de derechas, pero como ideología solo tenía la suya, el GIL", resume el periodista de investigación Antonio Rubio. El mensaje era simple: menos burocracia, más espectáculo y la sensación de que él podía hacer lo que los demás políticos no se atrevían.

"Todo era preocupante, fuera de la ley y atractivo a veces para mucha gente porque le daba dinero y manipulaba muy bien a la gente normal y sencilla", añade Villalobos. Ahí estaba parte de su éxito: presentarse como un hombre sin filtros, enemigo de las élites tradicionales, mientras construía una estructura de poder cada vez más opaca y personalista.
La exdiputada de IU Cristina Almeida describe en el documental cómo, con el paso de los años, el fenómeno dejó de parecer pintoresco para convertirse en una amenaza real. "Empieza a dejar pasar con más facilidad la droga", señala sobre la transformación de Marbella durante el mandato gilista. Lo que al principio parecía una extravagancia política empezó a adquirir dimensiones mucho más oscuras.
La tele de 'tal y tal'
El programa también explora la construcción mediática del personaje. Gil entendió antes que muchos políticos el poder de la televisión. Sus campañas "a la americana", con azafatas, camiones publicitarios y reparto masivo de vídeos, anticipaban una forma de hacer política basada en el espectáculo y la provocación constante. El guionista y experto en cultura pop Alberto Rey resume así el fenómeno: "Ocupaba el mismo espacio que Trump y otros 20.000 cafres que diciendo barbaridades encuentran su nicho de mercado".
Aquella imagen de Gil en el jacuzzi rodeado de mujeres terminó convirtiéndose en uno de los grandes símbolos televisivos de los 90. Una caricatura de exceso, machismo y dinero fácil emitida en horario de máxima audiencia. "El problema no era que un alcalde saliera en televisión, sino que una persona que hacía eso era alcalde", afirma Rey en el documental. Pero precisamente ahí residía buena parte de su magnetismo político: cuanto más escandalizaba, más reforzaba su personaje.
Las barbaridades y los insultos formaban parte del espectáculo. "Él era así, ofendía, y si eras mujer ya ni te cuento, te tildaba de puta", recuerda Villalobos. Almeida también rememora los insultos que recibía del dirigente marbellí en televisión. Gil convertía cada intervención pública en una demostración de fuerza, agresividad y desprecio por cualquier límite institucional o moral.

Alrededor del alcalde fue creciendo además un ecosistema de fieles, frikis, empresarios, personajes televisivos y colaboradores que alimentaban el mito. "Estómagos agradecidos", resume Josele Sánchez, fotógrafo del Diario Sur. Desde figuras de la jet set hasta comunicadores que preferían acompañar al personaje antes que fiscalizarlo. "Hubo compañeros de profesión a los que les resultó más fácil estar al lado de un corrupto que denunciarlo", lamenta José Carlos Villanueva, corresponsal de El Mundo en Marbella, uno de los periodistas que vivía amenazado por el magnate.
Pero el gran punto de inflexión llegó cuando Gil intentó extender su poder a Ceuta y Melilla. Ahí dejaron de sonar las alarmas mediáticas y políticas y empezaron a sonar las alarmas del Estado. "Jesús Gil intentó que Ceuta y Melilla fueran su patio de recreo. Paraíso fiscal, casino, blanqueo de dinero, lo que quieras", asegura Rubio. Cristina Almeida va más allá: "Ahí hay fronteras para el tráfico de drogas, de armas y personas".
Anatomía de... reconstruye cómo el Gobierno, la Fiscalía Anticorrupción y el CNI activaron mecanismos para frenar su expansión política. Una querella que llevaba tiempo olvidada en un cajón terminó convirtiéndose en la vía judicial para cercarle. Cuando Gil va a por Ceuta y Melilla, la Fiscalía Anticorrupción va a por él. Incluso se recuerda la advertencia que recibió de Mariano Rajoy durante la etapa de José María Aznar: "Dice el presidente que si vas a Ceuta y Melilla te vas a electrocutar". Y así fue, aunque a Celia Villalobos no le conste esa advertencia. Jesús Gil fue a la cárcel por el 'caso camisetas' y después, fue inhabilitado.
La tránsfuga de Eurodisney

En ese contexto, el documental recupera uno de los episodios más surrealistas de aquella época: la operación política que permitió al gilismo hacerse con el control de Ceuta gracias al apoyo de una diputada socialista tránsfuga. Según relata Villanueva, la llevaron con toda su familia a Eurodisney". La escena resume bien el clima de aquellos años, en los que la política española parecía deslizarse constantemente entre el esperpento y la corrupción por culpa de Gil.
Mientras tanto, quienes intentaban informar sobre el entramado de Marbella trabajaban bajo presión constante. José Carlos Villanueva recuerda en el programa que "en Marbella había que trabajar con protección policial". El documental revive incluso cómo una televisión local anunció a bombo y platillo que el corresponsal de El Mundo dejaba de tener escolta pocos días antes de sufrir una agresión.
En la memoria colectiva de España está el puñetazo que le dio en 1996 a José González Fidalgo, gerente de la SD Compostela, durante una bronca a la salida de una reunión de la Liga de Fútbol Profesional. El altercado empezó con insultos entre Gil y el presidente del Compostela, José María Caneda, y acabó con la agresión física que quedó grabada por las cámaras y se convirtió en una de las escenas más famosas y polémicas del fútbol español.
El relevo de Jesús Gil y el caso Malaya
La caída de Gil no borró su sombra. En 2002, Julián Muñoz tomó el relevo formal al frente del partido, aunque el exalcalde siguió moviendo los hilos hasta su muerte en 2004. Dos años después estallaría el caso Malaya, la gran operación contra la corrupción marbellí. Sin embargo, hay quien ahora ensalza su figura: "Ahora se le ve como un personaje y muchos le reivindicarán", advierte Cristina Almeida. Y Villanueva remata con una frase todavía más inquietante: "Si ahora resucitara, la gente le volvería a votar".*Vuelve a ver Anatomía de... la amenaza de Gil en atresplayer.com