Idiomas del mundo

Gramática, sonidos y escritura: qué idiomas son los más complicados de aprender

Gramática compleja, sistemas de escritura exigentes y sonidos poco familiares explican por qué estos idiomas figuran entre los más difíciles de aprender para hablantes adultos.

Banderas de diferentes países del mundo Banderas de diferentes países del mundoPexels

No todos los idiomas presentan el mismo nivel de dificultad para un adulto que los aprende como segunda lengua. Desde el punto de vista de la lingüística aplicada, la dificultad de un idioma no es una cuestión subjetiva. Algunas instituciones como el Foreign Service Institute (FSI) clasifican las lenguas según el número estimado de horas necesarias para alcanzar fluidez profesional en adultos.

Factores como la distancia lingüística, la estructura gramatical, el sistema fonológico y la escritura determinan por qué algunos idiomas exigen un esfuerzo mucho mayor.

Estos cinco idiomas suelen considerarse especialmente difíciles de dominar porque combinan varios de estos factores a la vez, lo que exige un mayor esfuerzo cognitivo y un proceso de aprendizaje más largo.

Los cinco idiomas más difíciles

1. Chino mandarín

El mandarín es considerado uno de los idiomas más difíciles para hablantes de lenguas indoeuropeas. Requiere alrededor de 2.200 horas de estudio para alcanzar fluidez profesional, el máximo nivel de dificultad.

Su mayor reto es el sistema tonal: cuatro tonos principales y uno neutro hacen que una misma sílaba cambie completamente de significado. Además, el sistema de escritura utiliza miles de caracteres logográficos, sin correspondencia directa entre grafía y pronunciación, lo que exige una memorización intensiva y constante.

2. Árabe

El árabe moderno estándar también se sitúa en la categoría más alta de dificultad. La escritura se realiza de derecha a izquierda, las letras varían según su posición y las vocales cortas suelen omitirse en los textos escritos.

A esto se suma la diglosia: el árabe que se estudia no es el mismo que se habla en la vida cotidiana. Los dialectos regionales pueden diferir tanto entre sí que no siempre son mutuamente inteligibles, lo que obliga a aprender múltiples variantes del idioma.

3. Japonés

El japonés combina tres sistemas de escritura: hiragana, katakana y kanji. Los kanji, de origen chino, pueden tener varias lecturas según el contexto, lo que complica tanto la lectura como la escritura.

Gramaticalmente, el japonés presenta una estructura muy distinta a la occidental, con verbos al final de la frase y un sistema complejo de niveles de cortesía. El FSI estima también unas 2.200 horas para alcanzar un dominio avanzado.

4. Húngaro

El húngaro pertenece a la familia urálica, lo que lo hace muy distinto del español o el inglés. Su principal dificultad reside en su sistema de casos gramaticales, con más de 15, que se añaden mediante sufijos.

Una sola palabra puede contener información que en otros idiomas requeriría una frase completa. Aunque su pronunciación es relativamente regular, la morfología compleja y la falta de vocabulario cognado lo convierten en un idioma especialmente exigente.

5. Coreano

El coreano presenta una dificultad particular: su alfabeto, el hangul, es lógico y fácil de aprender, pero la gramática es altamente compleja. El idioma utiliza un sistema de niveles de formalidad que varía según la edad, la jerarquía y la relación entre los hablantes.

Además, la estructura de las frases, el uso de partículas y la omisión frecuente de sujetos obligan al aprendiz a interpretar constantemente el contexto.

Por qué estos idiomas desafían más al cerebro

Los lingüistas coinciden en que un idioma se vuelve complejo cuando obliga al cerebro a reorganizar patrones básicos: cómo se estructura una frase, cómo se representa el sonido o cómo se codifica el significado por escrito.

Cuanto mayor es esa distancia estructural y cultural respecto a la lengua materna, mayor es el esfuerzo cognitivo necesario. No se trata de talento innato, sino de tiempo, exposición prolongada y estrategias de aprendizaje adecuadas.

Aprender idiomas difíciles: esfuerzo con recompensa

Aunque estos idiomas requieren más dedicación, también ofrecen beneficios cognitivos importantes. Estudios en psicolingüística muestran que aprender lenguas con alta complejidad estructural mejora la flexibilidad mental, la memoria de trabajo y la capacidad de adaptación lingüística.

Dominar uno de estos idiomas no es solo aprender a comunicarse, sino entrenar al cerebro para comprender formas radicalmente distintas de organizar el lenguaje.

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