Quizá los niños, pese a su juventud, saben que el planeta es la mayor herencia que les dejaremos el día de mañana. Quizá sea eso lo que explique que sean los más concienciados y los motores de la economía circular en nuestros hogares, obligando, recordando y enseñando a los mayores cómo aprovechar al máximo los recursos para evitar degradar el medio ambiente.

Pequeños gestos en nuestras casas pueden ser grandes pasos a la hora de reducir nuestro impacto ambiental. Por ejemplo, cerrar el grifo mientras nos lavamos los dientes, tirar el bote del champú al contenedor amarillo o separar la basura orgánica de la que no lo es. En 2020, cada español depositó 18,6 kg de residuos en el contenedor amarillo y 19,3 kg de papel y cartón en el contenedor azul, según datos de Ecoembes.

Pero, por ejemplo, hay residuos que ahora están muy presentes en nuestro día a día y que no sabemos muy bien dónde tirarlos: las mascarillas. ¿Dónde se tiran las mascarillas? Respuesta: en el contenedor de resto. Pero, ¿puede darse una nueva vida o un nuevo uso a estos cubrebocas?

Es lo que están intentando los niños de Espiciencia, una pequeña escuela rural de ciencia en Espinosa de los Monteros (Burgos), donde niños y niñas acuden en periodo extraescolar para estimular sus jóvenes mentes. Al volver a clase tras el confinamiento tomaron conciencia del tremendo impacto que los guantes y mascarillas estaban teniendo en su entorno.

"Se dieron cuenta de que son residuos con los que no se hace nada y empezaron a encontrárselos al ir de paseo, en la entrada al colegio, tirados en todas partes", explica a laSexta Bárbara de Aymerich, la profesora y fundadora de esta escuela que ha sido premiada a nivel nacional e internacional en varias ocasiones.

Así, fueron los propios niños quienes propusieron darle una segunda vida a las mascarillas. Obviamente, no como elemento sanitario, pero sí aprovechando sus materiales.

"Hicimos indagaciones con las distintas mascarillas quirúrgicas, las desmontamos, vimos cómo eran e hicimos prácticas con ellas: de filtración, de sus materiales…", detalla De Aymerich. "Vimos que los filtros eran impermeables y aplicamos el 'design thinking': así se nos ocurrió que podrían convertirse en chubasqueros y paraguas", señala.

Un niño 'disecciona' una mascarilla y comprueba cómo filtra.

Buscaron una finalidad social para darle una segunda vida a las mascarillas -previamente desinfectadas- y comenzaron a diseñar prototipos de paraguas con los filtros cosidos o de pequeños chubasqueros para muñecos o sus mascotas.

Pero la cosa no termina ahí: las gomas de las mascarillas pueden ser perfectas para hacer coleteros y los hierros que las ajustan a la cara pueden servir para cerrar bolsas de plástico de, por ejemplo, el pan de molde.

"En los pueblos se practica la economía circular a diestro y siniestro", señala esta doctora en Química y profesora -también- en la Universidad de Burgos. "Consumir local no es solo bueno para el medio ambiente, también para el pueblo y los niños están muy concienciados", subraya la docente.

 

Recurrir al compostaje

Quizá no todos tienen la capacidad ni la inventiva para desmontar las mascarillas y convertirlas en impermeables, pero hay sencillos trucos que se pueden aplicar en nuestras casas y que también tienen un impacto notable. Un ejemplo: el compostaje.

Compostar en casa implica que los restos orgánicos de nuestro hogar se pueden transformar para, mediante su descomposición, obtener compost, que puede servir como fertilizante o regenerador de suelos. Y en la difusión de este proceso tienen mucho que ver las asociaciones que hacen difusión de esta técnica tan respetuosa con el medio ambiente.

"Hacemos campañas en el ámbito doméstico y también en los centros educativos a los que, por ejemplo, les interesa incluir el compostaje porque cuentan con un huerto escolar", explica Nuria Espinosa, de la asociación Región de Murcia Limpia.

Esta asociación se encarga de divulgar sobre las bondades del compostaje y de la economía circular en los hogares, trabajando con niños, asociaciones de padres y madres y también de vecinos o consumidores.

"Aquí en la Región de Murcia se hace un día de la fruta en los colegios. De ese día en los colegios se aprovechan los restos de manzanas, de fruta, se acumulan en un compostador… Y los niños van siguiendo ese proceso", explica Espinosa.

Trucos para un hogar "circular"

"La economía circular no es algo de lo que hables mientras tomas una cerveza", reconoce Mari Carmen Cobano, de la Confederación Española de Cooperativas de Consumidores y Usuarios (Hispacoop). Aún así, las asociaciones de consumidores resultan fundamentales a la hora de explicar su importancia.

"Los consumidores nos llaman y resolvemos sus dudas, pero también llevamos la información a los consumidores y a los colegios", apunta Cobano. "A muchos hogares familiares llegan los niños y les explican que han aprendido cómo reciclar en el cole. Les gusta contar lo que han aprendido", afirma.

Y estos son algunos de los trucos que nos da para aplicar la economía circular en nuestro hogar:

  • Cerrar el grifo mientras enjabonamos las manos o nos lavamos los dientes. Reservar el agua mientras se calienta en un cubo para usarla después.
  • Apagar las luces cuando no hagan falta.
  • Llevar bolsa al mercado o reutilizarlas.
  • Desenchufar los móviles y aparatos electrónicos cuando estén cargados.
  • Apostar por reparar los electrodomésticos y aparatos electrónicos en vez de desechar y comprarlos nuevos.

¿Me hace falta?

Pero lo fundamental para integrar la economía circular en nuestro día a día es agregarla a nuestro pensamiento diario.

"Como consumidor tenemos un papel clave. Primero tenemos que pensar ¿necesito comprar lo que quiero?", explica la profesora de Sostenibilidad de la OBS Business School, May López. "Segundo: ¿lo necesito comprar o puedo adquirirlo mediante el pago por uso?", sigue.

Porque anticipar las decisiones de consumo de manera "consciente" es casi tan clave como gestionar qué hacemos con los residuos después. "Hemos de evitar el exceso de consumo y hacerlo de forma coherente", insiste López.

Así, es necesario preguntarse también si es necesaria la compra o se puede reparar algo que ya tenemos y, si procedemos a adquirir el nuevo producto, si se va a arreglar en un futuro o nos obligará a comprar otro… y generar más residuos.

Además, López señala que también es fundamental y parte de la economía circular preguntarse por la parte logística de los productos. "De nada sirve estar súper comprometido y comprar de segunda mano pero pedir que me llegue en dos horas, lo que supone meter un camión en la ciudad. Creo que estoy contribuyendo a la sostenibilidad, pero empeoro la calidad del aire", apunta la experta.

Queda todavía mucho por hacer pero parece que en los niños está la esperanza de que también se lo inculquen a los mayores. "Esto es como los idiomas: es más fácil aprenderlos de pequeño que de mayor. Si de pequeños les inculcas el reciclaje y respetar el medioambiente, eso se queda", concluye Cobano, de Hispacoop.