Una catástrofe encadenada
Los daños colaterales de los incendios en los ríos: riadas negras en las que el agua se convierte en barro, troncos y ceniza
Los detalles Cuando un incendio arrasa un monte, el peligro no finaliza al apagarse el fuego ya que cuando llegan lluvias torrenciales, el suelo no filtra agua y todos esos materiales quemados acaban en los ríos.

Resumen IA supervisado
Las tormentas en el Bierzo, León, han causado una crecida del río Meruelo, transformando el agua en una riada negra compuesta de lodo, troncos, ceniza y piedras, residuos de áreas previamente incendiadas. Joanna Ivars, meteoróloga de laSexta, explica que tras los incendios, el suelo desnutrido no filtra agua, provocando escorrentías severas. José Ramón González, ingeniero forestal, destaca que la ceniza, aunque fertilizante, contamina al ser arrastrada por el agua. Existen medidas preventivas como obstáculos en el suelo y aterrazamientos para retener nutrientes. Sin embargo, si la catástrofe ocurre, es vital mantenerse en zonas seguras y controlar los caudales.
* Resumen supervisado por periodistas.
Las tormentas en el Bierzo, León, han provocado una subida de la crecida del río Meruelo. El agua se ha sustituido por lodo, troncos, ceniza y piedras. Los residuos arrastrados proceden de zonas previamente incendiadas. La consecuencia es una riada negra.
Cuando un incendio arrasa un monte, muchas veces el peligro no termina al apagarse el fuego: "Los incendios devastadores de este 2026 como los que vivimos en el Bierzo el año pasado o los que estamos viviendo en Huesca, Huelva o el sistema central, lo que provocan es que cuando llegan lluvias torrenciales, lluvias severas, ese suelo que está desnutrido y muerto no filtra agua, no la recoge sino que se produce una escorrentía muy severa y todo ese lodo, ese material, ese barro, esas piedras acaban en los ríos", explica Joanna Ivars, meteoróloga de laSexta.
Es por ello que los cauces acaban convirtiéndose en lodo. Una catástrofe encadenada donde se mezcla barro, troncos, piedras y ceniza. "Y la ceniza, aunque es un abono, es un fertilizante realmente, si es el agua la que la arrastra contamina, tanto los ríos como todo lo que va arrastrando por el camino", asegura José Ramón González, ingeniero forestal.
Aunque la naturaleza es impredecible, sí existen medidas de prevención. Una vez apagado el fuego, los agentes forestales suelen poner obstáculos en el suelo para evitar que el agua, cuando caiga una tormenta, lo haga con mucha intensidad.
"Se hacen todo tipo de maniobras y aterrazamientos para que los nutrientes que tiene la ceniza se queden en el suelo y se filtre realmente", argumenta González.
Albarradas o pequeños diques podrían evitar este tipo de riadas. Aunque a veces no es suficiente. Si la catástrofe ya ha ocurrido, solo queda aguardar en una zona segura. "Lo que hay que hacer es estar muy pendientes de dónde está la zona de afectación e intentar atenuar al máximo los caudales", añade González. Y mantener la calma.