La derecha continuará al frente del Gobierno de la Comunidad de Madrid al menos dos años más. Y lo hará necesitando únicamente la abstención de la extrema derecha. Así lo han decidido los madrileños este 4 de mayo, en las elecciones más atípicas celebradas en la región. Con un dato de participación histórico (el 80,73% ha acudido a votar), los resultados han provocado una onda expansiva que ya se interpreta en clave nacional: el PP ha arrasado en uno de sus bastiones más importantes frente a una izquierda sin crédito e incapaz de poner fin a su hegemonía en Madrid. Una derrota con doble tino que ha provocado la dimisión de Pablo Iglesias y la completa desaparición de Ciudadanos de la Asamblea.

Todo por un nombre propio, el de Isabel Díaz Ayuso. La jugada le ha salido redonda, y eso que era arriesgada. Viéndose ganadora en un escenario marcado por la pandemia y una crispación política y social en aumento, la popular decidió enviar a la Comunidad a una nueva convocatoria electoral antes que dar pie a las mociones de censura de PSOE y Más Madrid. Y no ha podido irle mejor: ni su cuestionada gestión de la crisis sanitaria ni su controvertida defensa de la libertad han lastrado una candidatura que ha arrasado con 65 escaños, convirtiendo al PP en primera fuerza política con más del doble de los apoyos recibidos en 2019 -30 parlamentarios-.

"La libertad ha triunfado nuevamente en Madrid. No entienden nuestro modelo de vida, y por eso el sanchismo no entra". La presidenta madrileña se ha mostrado tajante desde el palco de celebración del partido, arropada por los principales cabezas de cartel del partido y por una multitud entusiasmada. Como si la campaña no hubiera acabado, no ha desperdiciado la oportunidad de hacer suya la defensa de 'libertad': "Libertad siempre, siempre. Libertad significa empezar cada mañana a la manera de cada uno, y por eso el sanchismo no lo ha entendido". Tantas veces ha incluido esa palabra en su discurso como mensajes ha enviado al presidente del Gobierno, haciendo ver que, al menos para ella, aquí se estaban jugando algo más que unas elecciones autonómicas: "España es otra cosa, señor Sánchez".

Porque Ayuso ha vencido en la región, y no sólo eso. El triunfo sin paliativos que ha hecho estallar la euforia en Génova significa algo más: que no necesitan pactar con otra fuerza para mantener el control de Madrid, algo difícil de ver en los últimos años estando el tablero parlamentario tan fragmentado. En este caso, dada la polarización del voto, sólo habría podido hacerlo con Vox. Sin embargo, tal ha sido el éxito de Ayuso que sólo con su candidatura ha conseguido superar a la suma de la izquierda en conjunto, marcándose un tanto doble: gobernar sin autorización expresa de la extrema derecha y causar verdaderos estragos en el bloque rival. Y así ha ocurrido, especialmente en Unidas Podemos.

Iglesias abandona todos sus cargos y deja la política tras los resultados del 4M

Sí, las elecciones madrileñas han acabado por derribar completamente a un Pablo Iglesias ya agotado de batallas políticas. El terremoto que provocó con su marcha del Gobierno para unirse a la batalla en Madrid (era la primera vez que un vicepresidente abandonaba su cargo por este motivo) generó gran optimismo entre el electorado de izquierdas; grandes expectativas que, no obstante, no se han visto finalmente reflejadas en las urnas. Contra todo pronóstico, incluido el de la formación, Iglesias sólo ha podido mejorar levemente los resultados que cosechó Isa Serra en 2019 -diez escaños en estos comicios frente a los siete obtenidos en los anteriores-. Si tenía antes del 4M alguna duda sobre su futuro, la arrolladora victoria de Ayuso parece haberle despejado.

Antes de que el voto llegara al 100% escrutado, el líder de Unidas Podemos ha anunciado su dimisión. Lo ha hecho con voz grave y mirada frustrada, sin disonancias. Abandona la política: "No contribuyo a sumar. No soy una figura política que pueda contribuir a que los próximos años nuestra fuerza política consolide su fuerza institucional". Así lo ha considerado durante una breve intervención en la que ha pedido redirigir la confianza hacia Yolanda Díaz, ministra de Trabajo y su posible sustituta al frente del partido. "Cuando uno deja de ser útil tiene que saber retirarse", ha reiterado, citando a Silvio Rodríguez antes de retirarse del atril entre los aplausos de sus compañeros: "No sé lo que es el destino, caminando fui lo que fui. Hasta siempre". Y se ha ido.

La derrota de la izquierda no solo tiene la firma de Iglesias. Más inadvertido ha pasado el estrepitoso fracaso de Ángel Gabilondo, pero no los números que le acompañarán durante esta legislatura. El socialista ha lamentado el peor resultado al PSOE de su historia en la región madrileña, con 24 escaños frente a los 37 que le llevó a ser primera opción política hace dos años. Poco entusiasmo y análisis de la situación ha podido realizar, y se ha limitado a explicar lo que no fue capaz de llevar a cabo: abrir espacios "para un debate sosegado", eso sí, sin "descalificar a nadie porque haya sido así". De forma más breve aún ha recordado que esta legislatura sólo dura dos años, y que es necesaria una reorientación del proyecto socialista en la Comunidad para no volver a sufrir el mismo destino.

La mejor noticia que ha recibido la izquierda entre tanta desesperanza ha sido Más Madrid, que sigue mejorando su posición con una Mónica García capaz de convencer y dar 'sorpassos'. La formación encabezada por la médica ha recibido el consuelo de posicionarse como segunda fuerza política en el territorio, empatando a escaños con los socialistas pero ganando en votos -venía de obtener 20 parlamentarios en la pasada legislatura-. García se ha consolidado en un papel de líder de oposición que ya venía ejerciendo ante la ausencia de Gabilondo y ya piensa en unas nuevas elecciones teniendo muy presente lo sucedido en estas: "Se demuestra que hay un espacio político verde y feminista que no solo se consolida sino que tiene un amplio margen de crecimiento. Somos la alternativa al cambio y al futuro de la comunidad de Madrid".

Vox celebra su victoria; Cs remata sus fracasos

Si Ayuso ha sido la gran triunfadora, en Vox no se han querido quitar protagonismo y se han autodefinido como los otros vencedores de la noche, aunque a menor escala (13 escaños). Supone en realidad una victoria agridulce para ellos, porque mejoran sus resultados -logró 12 en 2019-, pero no han podido convertirse finalmente en la clave inevitable para la formación del nuevo gobierno. En cualquier caso, han querido demostrar que no les pesa este hecho anunciando que facilitarán la investidura de Ayuso: "Nuestros escaños estarán a su disposición". Todo por impedir a toda costa que la izquierda tuviese opción alguna de ganar en Madrid. "Hemos derrotado al Frente Popular", ha destacado Abascal, como si estuviera disputando las elecciones de 1936.

Precisamente, que el bloque rival no haya sumado una mayoría suficiente es algo que han llegado a reivindicar casi como mérito propio. Porque la extrema derecha no ha visto mermada su fuerza este 4 de mayo. Todo lo contrario, y eso a pesar de los escándalos que ha protagonizado en campaña, difundiendo bulos sobre los menores no acompañados -que Ayuso por fin ha condenado duramente-, reventando debates o celebrando mítines en municipios confinados. Una actitud de la que Ayuso ha querido desmarcarse durante toda la campaña. Pero con discreción, por si finalmente acabara necesitando su mano. Y no es de extrañar, dado que, hasta ahora, su socio preferente había sido Ciudadanos, que confirma su caída libre.

Lo de la formación naranja ha sido una debacle electoral en toda regla, pero no una sorpresa. Porque el partido ya venía arrastrando desde hace muchos meses una sensación de deriva que ha ido calando entre dirigentes y votantes. Se han ido yendo todos, los de arriba y los de abajo. Sus catastróficos números en las elecciones catalanas, el cataclismo político que sufrió en Murcia y las disputas internas ya anticipaban que esta no sería la cita electoral más idónea para Edmundo Bal. Aún así lo intentaron, pero ni su llamada a la concordia, ni su reclamo por el voto como partido de centro ni sus deseos -no sin recelo- de reeditar el pacto de Gobierno con el PP han salvado al partido del 'agujero negro' que ha supuesto el escenario madrileño. Ciudadanos se despide de Madrid, y quién sabe si de la representación política en un tiempo. De momento, Bal ha insistido en que seguirán luchando.

Así las cosas, queda claro que estas no han sido unas elecciones al uso. Los resultados y reacciones derivadas han acabado por confirmar que en Madrid se celebraban algo más que unos comicios autonómicos. Más bien, dos formas distintas de hacer las cosas; dos modelos de gestión, de legislar, de gobernar. ¿Supone la victoria de Ayuso un órdago para el Gobierno de coalición? Desde el Ejecutivo central han querido despejar esa coyuntura, pero los datos podrían dar lugar a un punto de inflexión capaz de rediseñar el dibujo político de España. Las intervenciones de los candidatos vienen a confirmar que la campaña no ha terminado. Porque sí, habrá elecciones en dos años, tal y como marca la ley electoral. Y en dos años pueden pasar muchas coscas.