El independentismo suma y sigue. Nada, ni siquiera una pandemia de coronavirus, parece modificar el tablero político en Cataluña, a excepción del éxito del 'efecto Illa'; tablero en el que el secesionismo vuelve a conseguir la mayoría absoluta este 14F. Esquerra Republicana y el PSC se alzan como vencedores (33 diputados cada uno) de unas elecciones que consolidarían al bloque defensor de la autodeterminación. Porque las cuentas, en principio, vuelven a salir, pero a qué precio.

Para consumar su deseada república catalana, que parece el escenario más factible atendiendo a los resultados, ERC deberá pactar con partidos que, si bien apoyan el mismo modelo, tienen en común poco más que ese ideal. La principal opción de Esquerra –después de unirse a Junts per Catalunya (que cae hasta los 32 escaños) y la CUP (9) en un acuerdo por escrito para no pactar con los socialistas– sería aunar a estas fuerzas para mantener el Parlament en manos del independentismo. Podría salir. Aunque se antoja complicada, ya se dio una unión similar en 2017. En este supuesto, la CUP pasa a ser llave de gobierno, y ya dejó claras sus intenciones: "No hay vetos, el único es al 155 y a un Govern autonomista".

Imposible lo tiene el llamado bloque 'constitucionalista'. Al PSC de Salvador Illa, formación más votada en estas elecciones, no le valdría unir apoyos con En Comú Podem (8), ni siquiera con Ciudadanos (6), PP (3) y Vox (11), para sacar adelante su proyecto político. La suma de estas cinco fuerzas no alcanza la mayoría necesaria. En cualquier caso, el partido de extrema derecha ya anunció que no apoyaría y tampoco se abstendría ante esta posibilidad. Ni razonando con populares y con la formación naranja, Illa lograría una comunión excepcional de fuerzas para alzarse frente al independentismo. Aún así, Illa ha anunciado que se presentará a la investidura.

Porque existe una tercera vía que evitaría –al menos, temporalmente– que el movimiento secesionista retome las riendas del Palau de la Generalitat: una alianza entre ERC, PSC y En Comú Podem para poner en marcha un gobierno de izquierdas en Cataluña. Aquí las cuentas también cuadran, pero quizá, con esta idea en mente, las palabras pesen más que nunca. Sólo dos días antes del 14F, Pere Aragonès ya insistió en que si hubieran "querido pactar con el PSC", ya estarían "gobernando con ellos en el Ayuntamiento o la Diputación de Barcelona". La firma de ese acuerdo con Borràs (JxCAT), Sabater (CUP), Chacón (PDeCAT) y Ormella (Primàries Catalunya) ya avalaba su afirmación.

No obstante, no sería la primera vez que las ideas expresadas en campaña se tornan en contradicciones tras la cita electoral. Esquerra decidirá con quién pactar y podría abrir de nuevo la puerta a un gobierno de izquierdas. De momento, tras su éxito en las urnas, Aragonès ha celebrado el triunfo del independentismo como una nueva oportunidad para poner en libertad a los políticos presos, y se ha querido dirigir directamente al presidente del Gobierno en su discurso tras conocer los resultados: "Son claros e inequívocos. Es la hora de resolver el conflicto votando en un referéndum sin represión, libremente".

Los próximos días son tan importantes como este 14 de febrero para ver los primeros movimientos de los partidos para componer el nuevo Govern. Diálogos y acuerdos aparte, la polarización se consolida como eje central de unas elecciones que parecen haber aumentado el desapego de la ciudadanía hacia sus líderes políticos. Crisis sanitaria mediante, el porcentaje de voto urna en las elecciones de 2021 ha caído en picado, siendo hasta 22 puntos menor que en 2017, cuando se alcanzó el 79,09%.

Varapalo de Ciudadanos y un nuevo triunfo de Vox

Estas elecciones arrojan dos claves más a tener en cuenta de cara al cambio de color que sufrirá el Parlament catalán en las próximas semanas. La primera, que parece estar muy relacionada con el mencionado 'efecto Illa', es el batacazo electoral de Ciudadanos. El partido naranja, que obtuvo un triunfo histórico hace cuatro años con Arrimadas a la cabeza, ha perdido hasta 30 escaños. Esta vez, Carlos Carrizosa ha conseguido tan solo seis diputados frente a los 36 que mantenía, lo que lleva a su formación a no estar siquiera entre las cinco principales fuerzas políticas de Cataluña.

Estos resultados vendrían a confirmar la caída libre que lleva sufriendo Ciudadanos en los últimos años; desde que, en los comicios generales de 2019, cayera hasta ser la quinta opción más votada. Con poco más de 1,6 millones de votos a su favor en aquel momento, Albert Rivera anunció su dimisión e Inés Arrimadas asumió los mandos del partido a nivel nacional, aupada por sus resultados en Cataluña. No obstante, ese cambio en la cúpula no parece haber mejorado la percepción de la ciudadanía sobre Ciudadanos. La otra gran sorpresa que nos deja este 14F en la comunidad catalana es la entrada de Vox en el Parlament por primera vez en su historia política.

Lideraremos una oposición como nunca antes la ha visto el Parlament"

Ignacio Garriga (Vox)

La agrupación liderada por Santiago Abascal, que acompañó en todo momento a su candidato, Ignacio Garriga, en su campaña electoral en Cataluña, se abre paso en otra comunidad pisando con fuerza. Garriga ha logrado superar a Ciudadanos, En Comú Podem e incluso de la CUP consiguiendo 11 diputados. El presidenciable ya advertía en sus mítines que el simple hecho de ocupar escaños ya suponía una victoria para su partido. Todo con el objetivo de "liderar una oposición como nunca antes la ha habido en el Parlament", asegurando que en unos años serían una opción de gobierno en Cataluña.

Con sus 11 escaños, Vox pasa a liderar el bloque de la derecha en el hemiciclo catalán, puesto que el Partido Popular tampoco ha conseguido dar un golpe sobre la mesa y revertir sus resultados frente a los cosechados en la última cita electoral. Ni Xavier Albiol entonces, ni Alejandro Fernández ahora –acusando "al desplome de la participación" del fracaso del "constitucionalismo"–, han sido capaces de hacer atractiva la oferta programática de los populares entre los votantes catalanes de la derecha, lo que hace que su partido, tampoco esta vez, sea determinante a la hora de formalizar un gobierno que ponga freno a los deseos de los independentistas.

En Comú Podem se estanca en la lista de partidos más votados, pues consigue los mismos escaños que obtuvo cuatro años antes. Albiach tampoco mejora los resultados, pero salva los muebles y logra situarse, en un principio, en una posición relevante para propiciar un giro de timón en la Generalitat. Los comunes han defendido durante toda la campaña la opción de un gobierno de izquierdas con Esquerra y los socialistas, y probablemente pasen a ejercer un papel de presión sobre ambos partidos para iniciar, al menos, el diálogo a tres bandas. De hecho, no han tardado en preguntar a Esquerra qué van a hacer. Así las cosas, ocho partidos entran en el Parlament –el PDeCAT de Angels Chacón y Artur Mas no logra entrar– para afrontar un devenir político que se prevé convulso para Cataluña.