Si hablamos de emergencia climática y osos, la inevitable imagen que nos viene a la mente es un pobre oso polar viendo cómo el hielo a su alrededor se deshace y desmenuza. Así, el animal se queda sin hábitat ni comida.

Pero no hace falta irse a los polos para comprobar de primera mano cómo la acción del hombre afecta a los animales. Ni siquiera están a salvo lugares tan virtuosos como Somiedo, en Asturias, donde su Parque Natural es uno de los mejores ejemplos de equilibrio sostenible entre la presencia del oso pardo y la del humano.

También allí afectan los estragos climáticos: los inviernos son más cortos, los cambios estacionales recortan los periodos de hibernación de los osos y disminuyen los árboles frutales de los que se alimentan, explica el biólogo de la Fundación Oso Pardo (FOP), Fernando Ballesteros.

Es por eso que la organización busca adaptar a la especie a este nuevo escenario: el proyecto LIFE 'Osos con futuro' prevé la plantación, en varias fases, de 150.000 árboles y arbustos autóctonos productores de frutos carnosos como arándanos o cerezas en 225 pequeños bosques. En total, 155 hectáreas, a los que se sumarán otras 55 hectáreas de 25.000 castaños injertados.

20 millones anuales y 350 empleos en municipios oseros

El ‘Osos con futuro’ no solo pretende apuntalar una especie que se encuentra en peligro de extinción, aunque su población ha aumentado en los últimos años. También cimentar la simbiosis que ha desarrollado la población humana con la osuna en el concejo asturiano. Según un estudio de la FOP en colaboración con la Universidad de Oviedo, la presencia del oso cantábrico tiene un impacto económico de 20 millones de euros anuales en los municipios oseros de la Cordillera Cantábrica, con 350 empleos directos a tiempo completo vinculados.

El oso ha contribuido a evitar que la despoblación se haga un nicho en estos lugares. El 53% de los negocios de los concejos oseros dependen de él en mayor o en menor medida. Y la mayoría de estos nuevos negocios, algunos dedicados al ecoturismo, están gestionados por jóvenes locales y por pequeñas empresas familiares.

“Tenemos del entorno de noventa negocios turísticos que antes no teníamos y que han contribuido mucho a fijar población joven”, constata el alcalde de Somiedo, Belarmino Fernández, que reconoce la importancia en la creación de empleo en la zona.

Estos puestos pueden ser como el de Marcos Simón, que es guarda de la FOP en el Parque Natural de Somiedo. “En primavera, verano y otoño hacemos, sobre todo, seguimiento y búsqueda de osos con crías para los censos”, explica a los micrófonos de laSexta. Lo suyo es vigilar al oso y seguirle el rastro incluso cuando hiberna. “Se buscan indicios: huellas, pelo, excrementos…”, detalla, junto a su fiel telescopio con el que hace su trabajo.

Sofía González era ganadera pero decidió emprender y puso en marcha ‘Somiedo Experience’, una compañía de ecoturismo que, sobre todo, aprovecha el atractivo de los parques naturales. “Lo que más hacemos son salidas sobre todo para el avistamiento de fauna, del oso”, resume.

Los establecimientos hosteleros de la zona corroboran el atractivo turístico de quienes acuden a disfrutar de la naturaleza. En agosto es habitual el cartel de “completo” en los alojamientos del entorno.

Gracias a los fondos europeos

El futuro de los osos está ligado a los llamados proyectos LIFE, que financia directamente el presupuesto de la Unión Europea. El presentado por la FOP, en colaboración con la Fundación Biodiversidad y el Gobierno del Principado de Asturias, fue uno de los 28 aprobados para España en su última convocatoria, la de 2019.

Los proyectos LIFE cuentan con un presupuesto específico de la Unión Europea para luchar por la protección medioambiental y contra el cambio climático desde 1992. Su nombre ‘técnico’ es el de Programa de Medio Ambiente y Acción por el Clima. Se trata del único fondo dedicado por entero a objetivos medioambientales y climáticos. Esto incluye desde proteger la biodiversidad hasta avanzar en la transición a fuentes de energía más limpias o luchar contra la emergencia climática.

En concreto, en los que se refieren a la biodiversidad, el ‘Osos con futuro’ fue uno de los tres aprobados en la última convocatoria en esta categoría. Hay otros dos: uno dedicado a la conservación del lince ibérico y, otro, a la protección de la cerceta pardilla. En el mapa bajo estas líneas puedes encontrar las zonas donde se van a desarrollar y el presupuesto que la Unión Europea va a destinar a proteger estas especies.

Somiedo, un ejemplo de la Estrategia de la UE sobre Biodiversidad para 2030

El caso del Parque Natural de Somiedo es un ejemplo de lo que quiere aplicar la Unión Europea de manera general: “El total del parque son 290 kilómetros cuadrados y el 40% del territorio son zonas de uso restringido especial”, explica Luis Fernando Alonso, director conservador del Parque Natural de Somiedo.

Estas zonas protegidas son específicas para que los osos puedan hacer su vida sin ningún tipo de molestia por parte de los humanos: reproducirse, criar a sus oseznos o alimentarse sin injerencias que los asusten.

Es esta la línea que sigue la Estrategia de la UE sobre Biodiversidad para 2030 que está a punto de recibir el visto bueno del Parlamento Europeo.

De acuerdo con los datos que maneja Bruselas, la mitad del producto interior bruto mundial depende directamente de la naturaleza: 40 billones de euros. Es por esto que la Comisión ha apostado por abundar en la protección de los ecosistemas de la Unión.

Según la propuesta del Ejecutivo comunitario, el 30% de las tierras europeas y el 30% de los mares de la Unión se convertirán en áreas protegidas.

Además, con el objetivo de restaurar ecosistemas que hayan sufrido una degradación, se van a adoptar cultivos orgánicos y a fomentar los espacios ricos en biodiversidad. Asimismo, se van a tomar medidas para revertir el descenso de polinizadores y para restaurar más de 25.000 kilómetros de surcos fluviales.

Por otro lado, la UE quiere reducir en un 50% el uso de pesticidas y plantar 3.000 millones de árboles para el año 2030.

La proposición de la Comisión de Ursula von der Leyen, además, recoge un compromiso de dedicar 20.000 millones de euros anuales para la conservación de la biodiversidad, situando a los 27 como punteros en su protección.