El 8 de noviembre se celebró el centenario de la Revolución Bolchevique. Seis días después Rusia y España disputaban un amistoso en la capital zarista, San Petersburgo (3-3). Sólo uno de los 17 jugadores rusos que saltaron al campo entonces será titular el domingo.

El seleccionador ruso, Stanislav Cherchésov, ha hecho lo que nadie esperaba. Una auténtica revolución que ha dejado fuera del equipo a vacas sagradas y condenado al banquillo a futbolistas contrastados, pero que nunca han rendido con el equipo nacional. Cherchésov no se casa con nadie.

El líder del equipo y del Spartak Moscú, Denís Glushakov, tuvo una mala temporada y se quedó fuera de la lista de 23. Lo mismo le pasó a los alemanes nacionalizados rusos: Rausch y Neustadter. Es verdad que las lesiones de sus defensas titulares -Vasin y Dzhikiya- y de su delantero -Alexandr Kokorin- le han ayudado a tomar decisiones.

A ésta se suma la ausencia de Alán Dzagóev, que fue titular en el partido inaugural contra Arabia Saudí. Aunque suene mal decirlo, su baja fue providencial para los rusos, ya que su sustituto, Denís Chéryshev, ha sido el mejor jugador del equipo anfitrión y ha marcado tres goles en la primera fase.

Kudriashov, que fue titular indiscutible para Cherchésov desde que asumiera el mando del combinado nacional, perdió el puesto y desde entonces el equipo comenzó a jugar con sólo dos centrales. Aunque muchos expertos siguen sin confiar en él, Kutépov fue el elegido como acompañante del "abuelo" Serguéi Ignashévich, que regresó a la selección con casi 39 años para salvar a Rusia del desastre.

Contra España jugó Smólnikov, el lateral derecho del Zenit, pero en los octavos saldrá de inicio el brasileño nacionalizado Mario Fernandes, más aún cuando el primero fue expulsado contra los uruguayos.

El joven Kuziáev también perdió el puesto, aunque es siempre uno de los primeros recambios. Lo mismo se puede decir de Yerokhin, otro futbolista del Zenit, que regresó a los entrenamientos el viernes y que tiene muy pocas opciones de jugar contra La Roja.

La estrella del Lokomotiv, Alexéi Miranchuk, un jugador del gusto de Diego Simeone, decepcionó en los amistosos previos al Mundial y estuvo desacertado contra Uruguay. La comparación con Alexándr Golovín, que a sus 22 años se ha echado al equipo a la espalda, le deja en muy mal lugar. Dzagóev parece haberse recuperado de la lesión muscular, pero conociendo su historial y el buen rendimiento de Chéryshev, difícilmente saldrá desde los primeros minutos.

Aunque el cambio más revolucionario ocurrió en la delantera. Fiódor Smólov era la estrella del equipo y, de hecho, contra España en el San Petersburg Arena tuvo una actuación sublime. Marcó dos goles de bellísima factura, uno con un obús desde fuera del área y otro tras recortar a Piqué.

Fue, sin lugar a dudas, su mejor partido con la camiseta nacional. La temporada de Smólov con el Krasnodar no fue mala, pero llegó en baja forma al Mundial. Su falta de acierto en los amistosos y en el primer partido ante los saudíes propició su suplencia. Le sustituyó un jugador que ni siquiera fue convocado en el amistoso contra España.

Condenado al ostracismo por indisciplina, Artiom Dzyuba, es ahora el jugador más adelantado de los rusos. Respondió a la confianza con dos goles y un liderazgo del que andaban necesitados los rusos.

El único futbolista que muy probablemente tiene el puesto asegurado de los que se enfrentaron contra los españoles es el veterano Yuri Zhirkov, insustituible en la banda izquierda. Junto al portero y capitán, Ígor Akinféev, e Ignashévich, Zhirkov es el único futbolista de la actual selección que se enfrentó a España en las semifinales de la Eurocopa de 2008.(0-3).

Zhirkov, que recibió la inesperada visita del entonces seleccionador Guus Hiddink, está viviendo una segunda juventud en el Zenit y, lo que es más importante, se crece con la selección, donde ya fue el mejor de los rusos en la Copa Confederaciones.

Fue un amistoso, pero el empate ante España fue el mejor partido de la era Cherchésov. En realidad, los rusos merecieron ganar por juego y ganas. Ramos marcó dos goles de penalti, uno de ellos muy dudoso. Y los españoles, que venían de golear a Costa Rica (5-0), se dejaron llevar.

Rusia no quiere saber nada de la Eurocopa de 2008 y se agarra como un clavo ardiendo al amistoso que coincidió con el centenario de la Revolución con la esperanza de que los nuevos revolucionarios rusos derroquen al antiguo régimen del fútbol mundial.