Lewis Hamilton se quedó sin pole en el GP de Rusia. Sin Max Verstappen en liza, que solo dio una vueltecita en Q1 sabiendo la sanción que tiene para carrera, el inglés estuvo despistado y falto de concentración cuando más se necesita del aspecto mental. Y e que su error, en la Q3, fue de novato.

Fue al entrar en boxes, cuando impactó con su Mercedes con las protecciones de la pista de Sochi. Entró porque debía hacerlo, pues todos lo hicieron para poner gomas de seco y él no podía ser menos. Con lo que no contaba era con lo que sucedió.

Porque se cargó el alerón delantero. Lo rompió. Lo partió por la mitad... y en Mercedes ni se esperaban que pudiera pasar algo así. En esas, los alemanes tuvieron que darse prisa para cambiar el ala cuando ni preparados estaban para hacerlo.

 

Perdió tiempo. Mucho tiempo. Y el problema con las gomas de seco no era la pista sino la temperatura de asfalto y neumáticos. Todos necesitaron al menos una vuelta, o dos, para calentarlos, y él tan solo tuvo una.

Y ni eso, porque ni la terminó. El motivo, un trompo en una de las zonas más complicadas de la pista que provocó la última bandera amarilla de la clasificación.

Al final, cuarto puesto para él y por delante George Russell, futuro compañero de equipo, Carlos Sainz, segundo, y Lando Norris, a quien ya conoce bien del GP de Italia.