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Psicología colectiva

El miedo a subirse a un tren tras una tragedia como la de Adamuz: claves para gestionar el temor

Los detalles Tranquilos. No sois los únicos. La psicóloga María Padilla nos explica lo normal de estos sentimientos tras una tragedia colectiva y nos ofrece varias claves para superarlo: "Es habitual que, tras un accidente así, se experimente un miedo o, al menos, un respeto diferente".

Accidente de trenes en AdamuzAccidente de trenes en AdamuzReuters

Las tragedias nos recuerdan que la vida es un suspiro, que todos somos vulnerables ante la adversidad y que, de un modo u otro, la muerte y el miedo a la muerte nos igualan. Por eso, es normal que tras el accidente ferroviario de Adamuz sintamos un cierto respeto a montar en un tren.

Porque la tragadia no solo ha dejado 42 víctimas y cientos de vidas destrozadas, sino también "un eco emocional en muchas personas que, sin haber estado allí, sienten un nudo en el estómago cada vez que piensan en subirse a un tren", afirma a laSexta la psicóloga, María Padilla, directora de Capital Psicólogos.

"Es un miedo silencioso, a veces vergonzante, pero completamente humano. Nos recuerda otras tragedias, a otros silencios, a otras alertas. Es en estos momentos, cuando nos hacemos preguntas incómodas del tipo: ¿Volveré a viajar tranquila? ¿Por qué siento esto si no me ha pasado nada? ¿Soy la única? "No, no eres la única persona a la que le pasa esto", asiente la experta.

Y esto es algo que suele pasar ante cualquier tragedia, sin ir más lejos la del otro accidente ferroviario vivido en España en este siglo: el del tren de Santiago en 2013 en el que 78 personas perdieron la vida.

Una tragedia activa nuestro sistema de alarma interno

Como tiene lo que tiene que ver con nuetsras emociones, tiene una respuesta, también científica: "Cuando ocurre una tragedia así, se activa un sistema de alarma interno. Nuestra mente, aunque racional, está diseñada para protegernos. Y por eso, incluso sabiendo que los trenes son estadísticamente seguros, la emoción se impone a la lógica", explica Padilla.

Y es que, después de un suceso traumático colectivo, suelen entrar en juego, a nivel social, algunos mecanismos psicológicos.

  • Identificación con la víctima. Esto es, "podría haber sido yo", "fui en ese tren hace una semana", "uso esa línea a menudo", "podría haber sido mi hijo"... Este tipo de pensamientos hace que la distancia emocional con el accidente desaparezca y lo vivamos como algo personal.
  • Imaginación vívida. Los medios de comunicación, las imágenes y los testimonios activan el mismo circuito cerebral que si lo estuviéramos viviendo. Aunque no estemos allí, el cuerpo reacciona como si estuviera allí.
  • Sensación de vulnerabilidad. El tren, en este caso, al igual que el avión o el autbús, por ejemplo, es un lugar en el que no tenemos control. Es decir, no decidimos la velocidad, ni la dirección, ni las decisiones técnicas. Y esto, tras una tragedia, se traduce en ansiedad.
  • Sesgo de disponibilidad. Lo que ocurre cerca, lo reciente y lo impactante emocionalmente pesa más en nuestro juicio que los datos. Aunque sepamos que "es muy poco probable", porque la estadísticas y la experiencia misma así nos lo ha dicho, nos cuesta sentirnos seguros.

"Por eso es habitual que, tras un accidente así, muchas personas experimenten miedo o al menos un respeto diferente. Y sí, algunas personas son más vulnerables: aquellas con antecedentes de ansiedad, sensibilidad emocional alta, experiencias traumáticas previas o gran empatía pueden verse especialmente afectadas", explica la psicóloga.

Volver a la 'normalidad'

Normalmente, tras un suceso de este tipo, pasa un tiempo hasta volver de nuevo a la normalidad, esto es, a volvernos a subirnos a un tren sin pensar, en este caso, en el accidente de Adamuz.

Igual que hasta el domingo, ya no pensábamos en el accidente de Santiago cuando nos subíamos a un tren (como sociedad, a nivel global, lógicamente no las personas afectadas y las víctimas). Tal vez, podía venir a nuestra memoria cuando sentíamos, por ejemplo, que el tren iba muy deprisa.

Pero, ¿cuánto tarda la sociedad en recuperar la confianza, en olvidar realmente el suceso en su día a día? Según explica Padilla, "cada suceso tiene su propio impacto emocional colectivo. Tras una tragedia, suele haber una fase de impacto (días o semanas), seguida de una normalización progresiva".

De este modo, el miedo colectivo suele disminuir en 2 a 6 semanas, dependiendo, eso sí, de la intensidad mediática, la cercanía emocional al suceso y la frecuencia de uso del transporte: "La confianza se restaura cuando no se repiten eventos similares y la vida cotidiana vuelve a ser previsible", afirma, matizando que "aunque el recuerdo permanece, la intensidad emocional baja si no hay nuevas amenazas".

Así, la mayoría de las personas retoman sus rutinas con naturalidad, sostiene la experta, "aunque pueden quedar pequeñas secuelas emocionales como incomodidad o hipervigilancia pasajera".

Claves para afrontar el temor a subirse a un tren

Ahora bien, ¿qué podemos hacer para gestionar ese miedo? "Aunque no se trata de un miedo irracional, puede volverse limitante si no lo abordamos", asegura Padilla. Por ello, aquí van algunas claves para afrontar el temor a subirse a un tren tras una tragedia como la de Córdoba.

1. Validar la emoción

Sentir miedo no es debilidad. Es humano. Nombrarlo y reconocerlo es el primer paso para que no se enquiste.

2. Cuidar la exposición

Evitar la sobreinformación, las imágenes repetidas o los relatos dramáticos, especialmente antes de viajar. La exposición constante refuerza el miedo.

3. Buscar anclajes de seguridad racionales

Recordar que los trenes siguen siendo un medio de transporte muy seguro. Aunque no elimina el miedo, lo contrapesa con lógica.

4. Recuperar rutinas gradualmente

Volver a utilizar el tren cuanto antes, si es posible, ayuda al sistema nervioso a reinterpretar la experiencia como segura.

5. Técnicas de autorregulación

Respiración, mindfulness, llevar distracciones agradables al viaje… ayudan a reducir la activación del cuerpo.

6. Uso puntual de apoyo farmacológico

Algunas personas necesitarán un ansiolítico ocasional. "Pero si el miedo persiste o interfiere en la vida diaria, lo recomendable es acudir a un profesional", conlcuye Padilla.

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