Tragedia ferroviaria

Acompañar el dolor cuando todo se rompe: así trabajan los psicólogos de emergencias en Adamuz tras el accidente

Los detalles Hablamos con Ana Isabel Álvarez, psicóloga especializada en emergencias, que actualmente se encuentra en uno de los Centros de Atención a las Familias (CAF) habilitados, interviniendo con los afectados por el accidente de tren en Adamuz (Córdoba).

magen de la entrada al centro cívico Poniente Sur de Córdoba, donde se ubica el punto de información y atención a familiares de las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz. magen de la entrada al centro cívico Poniente Sur de Córdoba, donde se ubica el punto de información y atención a familiares de las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz. Rocío Ruz / Europa Press

Una tragedia como la ocurrida en el accidente ferroviario de Adamuz, en el que 43 personas han perdido la vida, nos hace ver lo vulnerable del ser humano, lo imprevisible de la vida, lo 'jodido' a veces de lo mundano, lo mucho que duele perder a un ser querido o darnos cuenta de que, como dijo el poeta Mario Benedetti, "la muerte es solo un síntoma de que hubo vida".

Por ello, una de las partes clave de una catástrofe como esta es el trabajo psicológico que hacen los profesionales en el terreno, durante las primeras horas y durante los primeros días de la tragedia. Horas cruciales en las que los familiares necesitan entender y gestionar el shock de lo ocurrido y el dolor que vendrá.

Ana Isabel Álvarez Aparicio, psicóloga especializada en emergencias, se encuentra actualmente en uno de los Centros de Atención a las Familias (CAF) habilitados, interviniendo con los afectados por el accidente en Adamuz: "Las personas afectadas presentan ahora niveles muy altos de agotamiento físico y emocional al estar expuestas de manera prolongada al impacto de la situación, donde la incertidumbre ha sido una constante, con los niveles de estrés y ansiedad que ello supone".

En este punto, en que a muchas familias se les ha notificado ya la peor de las certezas (su ser querido se encontraba en el tren y ha fallecido), "la ansiedad extrema e incertidumbre (sobre si estará vivo, si realmente iba en el tren o vagón afectado…), los pensamientos rumiativos circulares y dificultad para concentrarse (repasando llamadas, horarios y cualquier detalle que confirmara que quizá no estaba en el tren) están dando paso a la toma de conciencia real de lo ocurrido", añade esta psicóloga.

Álvarez Aparicio también ha formado parte de los dispositivos de intervención en grandes catástrofes como el el 11M (2004), el accidente de Spanair (2008), la crisis por la pandemia del COVID (2020) o las inundaciones causadas por la DANA (2024).

Rabia, sensación de irrealidad, aturdimiento...

Tres días después de la tragedia, sigue existiendo, relata la experta, "cierta sensación de irrealidad, de aturdimiento ('esto no puede estar pasando', 'es una pesadilla'), mezcla de emociones (miedo, dolor, rabia o culpa en ocasiones), pero también se empieza a aceptar la realidad de la pérdida de su ser querido y a tomar conciencia de lo que puede suponer en sus vidas".

En los casos en los que el familiar sigue desaparecido, es frecuente que la persona se mueva aún entre la esperanza (mientras no exista certeza de lo ocurrido, está presente), el miedo (a que realmente su familiar esté fallecido y lo que esto va a suponer en la familia) y, en ocasiones, la culpa (por desear que todo se resuelva ya, del modo que sea, pero que acabe, porque resulta insoportable mantener más tiempo esos niveles de incertidumbre, con lo que esto conlleva).

Con todo ello, con todas estas emociones a flor de piel, con toda esta ansiedad y todo este estrés infernal que sufren las familias, el trabajo psicólogico es clave, y no solo directamente con las familias. Esto es, según explica Álvarez Aparicio, en Adamuz hay varios puntos de atención a las familias donde los psicólogos les damos soporte.

"En ellos hemos atendido y atendemos tanto a familiares directos de heridos, desaparecidos, fallecidos y viajeros de los trenes afectados; como a afectados directamente por la colisión (que pueden estar en hospitales o haberse desplazado ya a sus lugares de destino), como a afectados por la interrupción del tráfico ferroviario las primeras horas. También, y por supuesto, a trabajadores de las compañías afectadas, primeros intervinientes y testigos que lo requieran", afirma.

De este modo, además de una labor asistencial, "los psicólogos de emergencias también tenemos una labor estratégica importante, evaluando necesidades, valorando la adecuación de espacios, asesorando a técnicos y gestores de la emergencia en aspectos de índole psicológica o coordinando nuestros equipos".

En el terreno asistencial a las familias, el trabajo es complejo, porque siempre hay que adecuarse a necesidades individuales detectadas: "Nuestra tarea es fundamentalmente tratar de identificar qué necesita (así como ayudarles a hacerlo) y con qué herramientas y capacidades cuenta para afrontarlo, potenciándolas en caso de tenerlas o proporcionándoselas si no fuera así. Es fundamental tratar de que la persona se perciba como una persona normal, que ha vivido una situación excepcional, pero que es capaz de seguir adelante pese a todo".

Normalizar y validar los sentimientos, favorecer la ventilación emocional

En este sentido, y en estos momentos en que empiezan a existir certezas, los psicólogos ayudan a las familias no solo a gestionar lo que sienten, sino a tomar pequeñas decisiones y apoyarlas psicológicamente a la hora de realizar los trámites pertinentes, algo fundamental.

"Trabajamos de forma empática en normalizar y validar lo que sienten, favorecer la ventilación emocional, les ayudamos a integrar lo ocurrido, manejar posible sintomatología psicofisiológica que puede aparecer, fortalecer sus vínculos sociales (esto es esencial, pues se sabe que más allá del suceso en sí, el vivirlo solo o acompañado es fundamental en la evolución posterior), manejar la incertidumbre, acompañar tras la comunicación de malas noticias, empezar a aceptar la realidad de la pérdida facilitando el inicio de los procesos de duelo…".

También, explica la psicóloga, "evaluamos posibles riesgos para la persona, detectamos aquellas especialmente vulnerables por su estado o situación (duelos previos recientes, enfermedades con riesgo de descompensación, menores, personas solas…) que puedan requerir un seguimiento más estrecho. Es fundamental dar una continuidad a estas primeras asistencias en personas que lo puedan requerir".

Por ello, es fundamental , para ayudar a las familias y los afectados de este trágico accidente, se atienda solo a las informaciones oficiales, a la investigación oficial, evitando especulaciones y teorias sobre el accidente, algo en los que los medios, asegura la psicóloga, tenemos también un papel clave, así como toda la sociedad: priorizar la información verificada y evitar detalles escabrosos y repetición de imágenes del siniestro, que pueden reactivar lo vivido.

También con los supervivientes de la tragedia

Con los superviventes de la tragedia, como ya hemos comentado más arriba, también se está trabajando: con personas que estaban en los trenes (tanto heridos como ilesos), así como con afectados que, pese a no estar en los trenes accidentes, en su cabeza resuena aquello de 'podía haber sido yo'. Y los psicólogos trabajan con ellos tanto en los hospitales como en las estaciones de destino, como incluso en domicilios.

Con estos afectados y de forma general (siempre nos adecuamos a cada caso particular), explica Álvarez Aparicio, se trata de: estabilizar y normalizar reacciones. Tales como explicar qué es esperable experimentar (dificultad para dormir, miedo a viajar, hipervigilancia) y cuándo pedir ayuda si los sintomas o situaciones se mantienen o intensifican).

También, añade la pofesionales, "ayudarles a integrar la experiencia; abordar el sentimiento de culpa que puede aparecer y pensamientos intrusivos ('podría haber hecho algo más', 'si hubiera cambiado de asiento', '¿por qué yo he sobrevivido y mi compañero de asiento no?') validando la emoción, trabajando la realidad de la falta de control".

En ese sentido, también es cricual, fomentar apoyos y rutinas básicas, es decir, no aislarse completamente, mantener cierta estructura diaria, las pautas de sueño e higiene, limitar consumo de noticias sobre el siniestro) y, también, finaliza la psicóloga, "identificar aquellas personas que puedan precisar una atención más especializada y mantenida en el tiempo".

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