GALICIA
Un paseo por Piornedo, la aldea de Lugo donde todavía se conservan pallozas tradicionales
Acompañadas de otras construcciones antiguas, permiten conocer cómo vivían los aldeanos antaño.

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En la parroquia de Donís, en el municipio de Cervantes, muy cerca del límite entre Galicia y Castilla y León, se encuentra un pueblo de montaña que conserva su arquitectura ancestral: Piornedo. Su ubicación, rodeada de montañas y a más de 1.000 metros sobre el nivel del mar, contribuyó durante siglos a mantener el aislamiento de la aldea y a conservar una forma de vida muy ligada al entorno rural de la que todavía hay queda huella.
Al llegar a este municipio de la provincia de Lugo, lo primero que llama la atención son las pallozas que se reparten por todo el núcleo rural. Estas construcciones tienen planta circular o elíptica, muros de piedra y una cubierta vegetal muy inclinada, elaborada tradicionalmente con paja de centeno.
Lejos de lo que pueda parecer, las pallozas no servían únicamente para resguardarse del frío. En realidad, eran viviendas adaptadas a las duras condiciones climáticas de la montaña gallega. Y no solamente daban cobijo a familias enteras, sino que estas convivían con el ganado bajo un mismo techo. Así, en el interior de esas pallozas había las mismas estancias que se podían encontrar en cualquier otra casa. Cocina, dormitorio, zonas de almacenamiento de alimentos y paja y por supuesto, zonas destinadas a los animales.

Por supuesto, la cubierta de centeno no era simple casualidad, sino que tenía una función práctica: su inclinación facilitaba que la lluvia y la nieve resbalaran, y la paja permitía evacuar el humo del fuego que se hacía en el interior sin necesidad de construir una chimenea.
Es cierto que vivir en una palloza es algo que ya no se estila, por lo que las de Piornedo son más un símbolo de la arquitectura popular gallega que otra cosa. Sin embargo, no creas que dejaron de usarse hace tanto; lo cierto es que muchas siguieron utilizándose como vivienda hasta los años setenta del siglo pasado.
Asimismo, hay una en concreto que puedes visitar: la Palloza Museo Casa do Sesto. En su interior, es posible descubrir cómo estaban organizadas estas viviendas y qué objetos utilizaban en su día a día los antiguos habitantes. La visita también permite conocer qué materiales en concreto se usaban para su construcción, así como el modo en que la orientación de las construcciones respondía a las necesidades de una comunidad que dependía exclusivamente de la agricultura y la ganadería.

Además, si haces una excursión a Piornedo para conocer sus pallozas, no olvides fijarte también en los hórreos y el resto de construcciones auxiliares que las acompañan. A fin de cuentas, es el conjunto de todas ellas lo que ayuda a comprender de mejor manera cómo se organizaban los antiguos habitantes de esta aldea de montaña gallega.
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