"El convenio dice 40, pero las empresas quieren 60 horas de trabajo". Si hay algo que tienen en común los conductores de Uber son las larguísimas jornadas laborales, las que se ven obligados a hacer para ganar un sueldo más decente. Si no, alcanzan "miserablemente 1050€ el que haga solo 8 horas".

Es lo que cuenta Miguel, un conductor de Uber que opera en Madrid, espejo de las imposibles condiciones de trabajo que denuncian muchos de estos empleados, en la mayoría de casos, de empresas que trabajan para la empresa californiana.

Ese detalle, lejos de ser nimio, condiciona su relación con la aplicación, según recoge también El País, socio de laSexta en la investigación Uber Files, liderada por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación y el diario The Guardian, y que ha retratado la agresiva política expansiva de los primeros años de la compañía estadounidense.

Según reflejan los trabajadores consultados, cuando hay problemas, el trato es mínimo: la mayoría de sus interacciones con la empresa son respondidas un bot y si acuden la sede, no les dejan entrar en las instalaciones.

En su respuesta a Uber Files, Uber asegura que ha cambiado por completo su política como empresa desde hace cinco años, cuando salió el polémico director ejecutivo Travis Kalanick. Sin embargo, las condiciones de los conductores siguen siendo cuestionables a tenor de lo que expresan sus conductores.

La empresa presiona para que hagan más horas, pero además, les descuentan de las horas en cuanto se salen del esquema de lo que tienen establecido como viaje o directamente imponen sanciones. "Hubo compañeros que tuvieron que recurrir a bancos de alimentos y por ir con el coche le pusieron sanciones de un mes sin empleo y sueldo", detalla Miguel. La retahíla de detalles refleja el nivel de exigencia que viven: "Descuentos ilegales en las nóminas", "si te das un golpe te descuentan 190€", "sanciones por absentismo que se inventan…". La despersonalización de unos empleados que solo se relacionan con una app: "El algoritmo de las app no busca realización de servicio correcto, solo optimización y pasta", protesta Miguel.

Como desvelan los Papeles de Uber, la empresa californiana inició un modelo de expansión salvaje en el que se asentaba en las ciudades aunque no cumpliera la normativa. Cuando las autoridades les imponían sanciones o les expulsaban, como pasó en tantos sitios, ya había miles de usuarios que sabían que podía pedirse un taxi desde el móvil, y sobre todo, más barato que las reguladas tarifas del taxi. Con esa presión social y su halo de modernidad made in Silicon Valley, intentaron jugar con un conflicto sembrado para convencer a los reguladores.

Pero los salarios y las condiciones que revelan los conductores refleja un modelo de negocio en el que no salen las cuentas.

Tanto que algunos están buscando cambiar de sector. Como Juan, de 62, un conductor de VTC que se dio de alta en la pandemia tras trabajar toda su vida en la hostelería. Dos años han bastado para desencantarse, según cuenta a laSexta, y ahora está preparando la licencia de taxi.

Juan se queja también de esa "desconexión" de la aplicación por la que les descuentan horas de trabajo, y denuncia que si salen del perímetro del cinturón de la M30 se desconecta la aplicación: "Hay semanas que trabajas 50 horas y te pone que has trabajado 36", explica.

Se sienten desprotegidos

Inma, conductora en Madrid, disfruta con su trabajo y quiere quedarse, pero luchando, eso sí, para mejorar las condiciones. Su cruzada personal es la seguridad y denuncia cómo los conductores se sienten "desprotegidos": "Deberían obligar a que se verificaran a los clientes, de nombre te puedes poner Peter Pan que la app te lo acepta". "Estamos acostumbrados", asegura, "pero es muy triste acostumbrarse a recoger a alguien que no sabes quien es y que te puede pasar algo".

El escaso control de la app no solo se da con respecto a los clientes. Otro conductor con el que hemos hablado en laSexta, Ángel, acaba de darse de alta hace tan solo unos días. De origen dominicano aunque residente desde los nueve años en España, ha trabajado en todos los sectores, y acaba de caer en el de las VTC. Está contento con su nuevo trabajo y destaca la facilidad para entrar, para el que, asegura, solo le han pedido el DNI.

Las condiciones del sector de las VTC, que funciona, como el taxi, mediante la concesión de licencias, cambió con la vuelta de Uber a España en 2016 tras su prohibición. Desde entonces, y tras una dura batalla con el taxi, que exigió condiciones similares a las suyas para no trabajar en desventaja, se ha implantado ya en 80 ciudades.

Roger, nombre falso de un conductor que operó con la compañía en 2016, refleja las condiciones de un momento que no se diferencia tanto del actual. "Cobrábamos el salario mínimo y poco más", apunta, en unas jornadas interminables que podían alcanzar las "15 o 17 horas" algunos días, con el riesgo de seguridad que ello implica.

También denuncia que Uber solo recogía como tiempo de trabajo cuando tuvieran un pasajero dentro del vehículo, "como si en una cafetería solo cobrases si tienes clientes", compara. Hasta se quedaban las propinas que dejan los clientes, asegura.

"Una vez que estás dentro del coche se olvidan de ti, no hay posibilidad de pararse, porque los servicios van uno detrás de otro, recuerda. Esto le llevó a una situación límite que detalla a laSexta: "Te podías orinar encima porque no tenías tiempo, y comer imposible, yo llegué a pesar 59kg", lamenta.