"Merece la pena. La violencia garantiza el éxito". Con esta frase Travis Kalanick, cofundador de Uber en 2009, animaba a seguir una estrategia en la que se explotara el conflicto en el sector del transporte. La polémica siempre lo ha acompañado, no solo en Uber, sino desde su salida de la compañía tecnológica hace algunos años. Kalanick (Los Angeles, 1976) quiso llevar Uber por todo el mundo, fuera como fuera. En Francia, él era uno de los pesos pesados que se juntó con un por aquel entonces aún ministro de Economía (y actual presidente) Emmanuel Macron para presionar a París con la desregulación del mercado; en 2014 sobre él pesó el riesgo de una (para él irrisoria) multa por valor de 14.000 euros en Corea del Sur, pero también la posibilidad de entrar dos años en prisión. "Una vez se convierta en un servicio de pago será punible, y será cuando empecemos a tomar medidas drásticas contra los conductores", advirtió el Gobierno surcoreano. Y fue Kalanick quien defendió, por ejemplo, el uso de 'software' espía como el de Greyball, que usó también en España.

Uber no fue la primera compañía que creó Kalanick: antes de esa, en 1998, fundó Scour, un motor de investigación multimedia que dos años más tarde tuvo que declarar en bancarrota tras recibir una demanda por violación de derechos de autor. Un año más tarde, de la mano de las mismas personas que habían creado Scour, nació un 'software' para intercambiar grandes archivos, como películas o videoclips; ésta, que se llamó Red Swoosh, fue comprada por Akamai Tech. por 19 millones de dólares. No fue hasta 2008 cuando él y su compañero Garrett Camp montaron la 'app' que ahora tiene casi todo ciudadano por el mundo instalada en su móvil. El origen de Uber se puede encontrar, según han relatado ellos mismos, en una noche de 2008 en la capital de Francia, París, donde en una noche de invierno no eran capaces de encontrar un taxi.

Entonces comenzaron los trabajos para desarrollar el prototipo de la aplicación, que se lanzó oficialmente en San Francisco en mayo de 2010, después de hacer varias pruebas en la gran ciudad: Nueva York. Mientras Uber iba creciendo, también lo hacía el patrimonio de Kalanick: en 2014 entraba en la lista de 'Forbes' de los 400 estadounidenses más ricos, con 3.000 millones de dólares, en la 190.º posición. Kalanick lideró la 'start-up' con el crecimiento más rápido alcanzado hasta la fecha, pero en el proceso acabó teniendo que decir adiós. Genio y loco, lo definen algunos.

2017, el 'annus horribilis' de Uber y Kalanick

En 2017, Uber había crecido muchísimo: su valor de mercado rondaba los 70.000 millones de dólares. Pero entonces llegó el primer golpe a Kalanick: Susan Fowler, exempleada de Uber, publicaba en un blog personal un extenso 'post' en el que explicaba los motivos de su salida de la compañía. "Es una historia extraña, fascinante y ligeramente aterradora que merece ser contada mientras aún la tenga fresca en mi mente", arrancaba. Mensajes de su superior sugiriendo tener relaciones —con su pareja mantenían, dijo, una relación abierta—, departamentos de Recursos Humanos evitando mantener conversaciones complicadas y mensajes de otras compañeras con situaciones similares. Muchas fueron saliendo. "Cuando me uní a Uber la organización tenía un 25% de mujeres; el día que me fui solo el 3% del equipo de ingeniería eran mujeres".

Las denuncias acerca de una cultura "hostil, sexista y bastante ofensiva" dentro de Uber fueron el primer mazazo para Kalanick, quien en muchas ocasiones estaba mencionado directamente en las denuncias. Su imagen se vio afectada, además, al salir a la luz un vídeo en el que se lo veía discutiendo con un conductor de Uber acerca de la bajada de las tarifas. También en 2017 salió a la luz el uso de 'sofwtare espía' por parte de la compañía para vigilar movimientos de agentes policiales y de sus propios usuarios. Fue a mediados de año cuando, en lo que el 'New York Times' llamó la 'revuelta de los accionistas', acabó el romance de Kalanick con Uber: "Quiero a Uber más que a nada en el mundo y en este difícil momento de mi vida he aceptado la petición de los inversores de apartarme para que Uber pueda volver a crecer, en vez de distraerse con otra lucha". Dos años después de la dimisión de Kalanick, en diciembre de 2019, vendió sus últimas acciones de la compañía, con las que se embolsó 2.500 millones de dólares.

Su salto a las cocinas fantasma

A su salida de Uber, Kalanick montó una empresa de la que es CEO que sirve como matriz de CloudKitchens, que se encarga de alquilar espacios comerciales de cocina y ofrece servicios para quien busque lanzar negocios de 'delivery' o entrega de alimentos. Con presencia en varias ciudades de Europa, entre ellas también Madrid y Barcelona, esta 'start-up' busca dar opciones a quienes, por culpa de la pandemia, perdieron su margen de actuación, pero también a quienes quieren aprovechar el momento, con un cada vez mayor uso (sobre todo desde la pandemia) de aplicaciones para pedir comida a domicilio. Kalanick ostenta más del 50% de las acciones de esta compañía.

Según 'Esquire', Kalanick se compró un ático en el barrio del SoHo con piscina y azotea por 36,5 millones de dólares, la vivienda más cara vendida en agosto en Nueva York; poco después se hizo con una mansión en Los Angeles, por la que pagó más de 43 millones de dólares. Si bien se conocen estos movimientos, no se sabe mucho de su situación actual. Meses atrás, Movistar+ comenzó a emitir una serie sobre la vida de Kalanick —'Super Pumped: la batalla por Uber'—, y no quiso ni participar ni tener nada que ver con la serie. Su perfil de Instagram está restringido a sus amigos y su último mensaje en Twitter es del 6 de junio de 2019.