Una gran nevada está en el origen de la existencia de Uber. O al menos así es como ha construido su relato la gran empresa tecnológica. Sus creadores, Travis Kalanick y Garrett Camp no consiguieron encontrar taxi en una fría noche parisina, lo que dio lugar a la idea que revolucionó la movilidad urbana: conseguir un viaje con tan solo pulsar un botón.

Con ese objetivo, solo unos meses después, nació la app de Uber, la compañía sobre la que estamos hablando en la investigación de Los Papeles de Uber, liderada por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación y el diario británico The Guardian, y que revela las estrategias de presión y técnicas oscuras que utilizó la empresa para favorecer su mercado.

Su primera solicitud de viaje llegó el 5 de julio de 2010, en San Francisco. Ahí, hace ya 12 años, empezó una nueva era de la movilidad. La compañía, con sede en la ciudad californiana 'capital' de Silicon Valley, se define como una empresa tecnológica "dedicada a conectar el mundo físico y el digital". Mucho más que pedir un taxi. Una app había conseguido conectar a conductores autónomos con personas que necesitaban un viaje. En los comienzos la actividad de Uber se citaba como el gran ejemplo de la incipiente economía colaborativa.

Uber creció de manera espectacular y en cuatro años estaba presente ya en más de 100 ciudades de todos el mundo. Dos años después, en 500. Hoy hacen de media 19 millones de viajes por día en promedio y tienen 115 millones de usuarios, según datos de la empresa.

Mucho más que un taxi

Pero no todo es transportar viajeros. En 2015 arrancó Ubereats, un servicio de comida a domicilio que supone ahora más de un tercio de sus ingresos. También han abierto otros servicios de transporte de paquetería (Uber Freights), o se han asociado con empresas sanitarias para transporte de pacientes.

El horizonte de expansión de esta empresa no tiene límite: en España acaban de abrir Uber Black, un servicio de reserva de vehículos de lujo por horas; además, ha elegido nuestro país también para lanzar Explore, una opción nueva en la app para reservar actividades de ocio.

Números rojos

En cuanto a las cuentas, la pandemia hizo mella en el transporte de viajeros, y ha sido el reparto a domicilio lo que ha salvado a la empresa en ese tiempo, aunque el transporte de viajeros se está recuperando. Según los datos del primer trimestre de 2022, la compañía tuvo cerca de 6,5 millones de euros de ingresos (6854 millones, en dólares), el triple que el año anterior, pero la deuda neta también creció y alcanza los 5.669 millones de euros (5930 millones en dólares).

La empresa salió a bolsa en 2019, y desde entonces se ha mantenido con números rojos debido, según medios especializados, a los altos costes en pago de conductores, descuentos y marketing.

El taxi, contra las VTC

La principal competencia de Uber en su matriz, Estados Unidos, es Lyft. En España, Cabify. Pero, indudablemente, a quien hizo la competencia Uber a su llegada a cualquier lugar ha sido al sector del taxi, que vio como una empresa llegó para morder directamente de su pastel con precios más baratos.

Aquí desembarcó en 2014 con Uber Pop, empezando por Barcelona en abril. En Madrid comenzó en septiembre. De repente, la gente se dio cuenta de que podía pedir un taxi desde su móvil y a un menor precio que conocía de antemano. La polémica se encendió enseguida, pero es que ya venía avivada desde otras muchas ciudades. Allí por donde pasaba Uber, el taxi lo acogía con recelo o directamente en contra denunciando competencia desleal. Protestas, ataques a vehículos... Imágenes que hemos visto fuera de España, y que, cómo no, se repitieron aquí.

Pero el palo más duro se lo llevó de manos de la Justicia. En muchas ciudades se asentaron a pesar de no cumplir con la normativa, y terminaron siendo expulsados, prohibidos parcialmente o 'invitados a irse'..

Prohibición y vuelta a España

En España, un juzgado mercantil ordenó su cese de actividad en diciembre de 2014, con lo que Uber tuvo que suspender su servicio de España. En 2016 volvió a Madrid pero como Uber X y con otra fórmula que sí se adaptaría a la legalidad, las conocidas licencias VTC (Vehículos de Transporte con Conductor), que ya existían de antes pero no se usaban para servicios de taxi. Lo que no sabíamos en ese momento es la estrategia que utilizó la compañía californiana para volver a nuestro país, como la de intentar llegar a altos políticos catalanes o incluso a Mariano Rajoy, entonces presidente del Gobierno, como estamos contando en Los Papeles de Uber.

En Barcelona, el regreso se dio dos años después. El número de licencias de VTC se multiplicó. Uber está presente hoy en 80 ciudades españolas.

Desde entonces, el conflicto con el taxi no ha terminado. En 2018 se produjo una importante batalla y el recién llegado Gobierno socialista, con el ministro José Luis Ábalos al frente de Fomento, resolvió el asunto en septiembre con un Real Decreto-Ley que sentó el marco regulatorio de las VTC y permitió operar temporalmente a estas empresas.

Este decreto dejaba a las comunidades autónomas y ayuntamientos la potestad para regular el servicio de VTC y daba un periodo de cuatro años para ello. También se creó un grupo de trabajo para "facilitar la convivencia ordenada entre ambos sectores y avanzar en la mejora de la experiencia del usuario", según el Ministerio. Los cuatro años se cumplirán en octubre. La Comunidad de Madrid es la única que lo ha regulado por el momento, justo el pasado 2 de junio. El futuro de las VTC, las empresas a las que da servicio Uber (porque apenas hay conductores que directamente trabajen para Uber), se definirá en los próximos meses.