Siri Hustvedt, escritora estadounidense, ha ganado el Premio Princesa de Asturias de las Letras. En Estados Unidos se ha convertido en una de las voces críticas contra Donald Trump.

Cree que, como feminista y como ciudadana estadounidense forma parte de esa "gran mitad del país que está anonadada y horrorizada por las acciones de este Presidente". Destaca que Trump no es algo único en la historia de Estados Unidos. "Mañana mismo desaparecería del mapa, se esfumaría si no hubiera muchos millones de personas que votaran por él", asegura.

En este sentido otorga un papel importante a los medios: "Están tan empeñados en seguir cada uno de sus tuits y exabruptos, que se olvidan de que su poder le viene del propio país, que él solo no podría hacerlo solo". También habla de la relevancia que tiene el patriarcado: "Creemos en ese gran hombre que nos va a salvar. Donald Trump ha dicho: 'Solo yo puedo hacerlo. Soy el elegido'".

Para ello, Hustvedt cree que el mandatario interpela al racismo, como hombre blanco, y a la misoginia, "ese odio a la mujer que ha exhibido de formas tan pasmosas que podría pensar que han acabado con su carrera, pero no". También a la xenofobia.

El premio se lo dedicó a las niñas que piensan, que preguntan, que imaginan, que dudan y que se niegan estar calladas. Se considera, de esta manera, "optimista", con el futuro.

"Cuando veo a todas esas niñas, con tanta curiosidad que están creciendo, que leen, que piensan y que hacen preguntas. Que no quieren quedarse en los márgenes, que quieren cambiar las cosas...", relata. "Cuando vemos a esos jóvenes que vienen, deberíamos celebrarlos y asegurarnos de que nadie se quede en la cuneta".

Durante la entrevista, la novelista también explica cómo se ha sentido al darse cuenta de que su obra era tratada "como una extensión" de la de su marido, Paul Auster, y que esto es una forma de misoginia.

De esta manera reivindica que "las ciencias no son masculinas e intelectuales, y la ficción o la literatura no son femeninas o emocionales. Los libros no tienen género". Aunque reconoce que para los hombres heterosexuales, "someterse a la voz de una autora puede percibirse como una castración".