La parricida de Santomera asfixió a sus dos hijos con el cable de un cargador. Fue uno de los crímenes que más conmocionó a la sociedad española. Se cumplen ahora 20 años y, por primera vez, se la ha podido escuchar explicar en el juicio la tortura en la que, según dice, vívia: "Él me incitó a tomar cocaína. Me tenía amenazada, me tenía humillada, me pegaba delante de mis hijos".

En unas imágenes hasta ahora inéditas del juicio obtenidas por 'La Opinión de Murcia', la parricida de sus hijos de cuatro y seis años confiesa el odio que le tenía a su marido, hasta el punto de desearle la muerte, aunque no a sus manos: "No yo porque no soy una asesina, no me considero una asesina; por supuesto que no, pero que se hubiera pegado un golpe en el coche...".

Sobre la noche en la que, según la sentencia, mató conscientemente a sus hijos ahogándolos con el cable de un cargador de móvil, dice que iba de alcohol y cocaína hasta arriba: "La consumí por cigarro y por la nariz. Hasta que no pude más...". Y niega que los matara consciente: "Si lo recordara lo diría. No tengo por qué ocultar nada". Hasta les hizo el boca a boca, según dijo, cuando los vio ya muertos.

"Yo me abalancé sobre mis hijos, intenté reaminarlos, se me manchó todo el pijama y me lo quité". Así fue este relato, el de una mujer, según ella, drogadicta, desequilibrada, y maltratada, que no rebajó lo más mínimo la condena en su momento, según cuenta su abogado actual a laSexta: "Se tenía que haber tenido en cuenta el atenuante por drogadicción".

Ahora mismo, Francisca Gonzalez, según dice su abogado, está en tercer grado: tiene trabajo, intenta reconstruir su vida, está arrepentida. Pero mantiene esa amargura que ella misma anticipaba en su alegato: "Mi pena ya es eterna, es para toda la vida. Es como decir estar muerta en vida". Le quedan cuatro años para alcanzar la libertad plena en un sociedad que siente horror por lo que hizo como si fuera ayer.