Siempre bienvenidos, pero...

Cantando y cocinando en plena Plaza del Obradoiro: los vecinos de Compostela, cansados del comportamiento incívico de algunos peregrinos

Sí, pero... Llegados de lugares como Alemania o Lanzarote, llegan a la ciudad haciendo excesivo ruido con sus bastones y protagonizando acciones que están prohibidas. Entre ellas, ir en bicicleta por la zona antigua o apoyarse en los soportales del Pazo de Raxoi.

Peregrinos cantando y bailando en la Plaza del Obradoiro
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Una vez más se repite la misma historia. Se repiten los comportamientos incívicos de algunos peregrinos que hacen el Camino de Santiago. Que llegan a Compostela después de una larga marcha sin ser conscientes del impacto que dejan en la ciudad. Los vecinos, cansados, se han quejado de ciertas actitudes que están prohibidas pero que, aún así, no dejan de tener lugar.

Porque se han hartado del ruido. Porque han protestado por la excesiva sonoridad de sus cánticos de celebración al llegar a Compostela. De los bastones, de un sonido evitable al usarlos en una zona en la que no lo necesitan. "Vienen con ellos por necesidad, pero aquí si les pones la goma mejor", cuentan.

Y es que, tras su peregrinaje, llegan a una zona más que especial. "Estás en una zona monumental, que es patrimonio de la humanidad, y tienes que respetar", expresan.

Llegan caminando, pero también en bicicletas. A gran velocidad. Y no, ni a mucha ni a poca, porque está prohibido entrar en la zona antigua de la ciudad con ellas. Algunos, incluso, van en contramarcha.

Han llegado hasta a agredir a un ciudadano. "Uno casi choca con mi hijo. Mi pareja le dijo que no se podía bajar así y claro, yo me metí. Traté de ponerme en medio, me puse frente al último y me dio una bofetada", denuncia un hombre.

Ya en la Plaza del Obradoiro, muchos ni son conscientes de que hay cosas que no pueden hacerse. Una de ellas es comer, pero no son pocos los que incluso han llegado a calentar comida frente a la Catedral de Santiago.

Además, también está prohibido apoyarse en los soportales del Pazo de Raxoi y estar descalzo en la Plaza del Obradoiro.

Los vecinos, viendo lo mismo una vez más, recuerdan que los peregrinos son más que bienvenidos pero que en el Camino, en Santiago de Compostela, también vive gente.

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