Crisis migratoria
Rostros cabizbajos y frustración entre los migrantes que se han quedado a las puertas del campamento en Ceuta: "Quiero ducharme y rezar"
Los detalles Son miles los migrantes que se han quedado sin plaza en el campamento de acogida del puerto en Ceuta que ha habilitado este viernes el Gobierno. Muchos han tenido que volver a la playa a reconstruir sus chabolas.

Resumen IA supervisado
Miles de migrantes se han dirigido al puerto de Ceuta, donde solo había 1.700 plazas disponibles en el campamento de acogida habilitado por el Gobierno. Muchos se han quedado fuera, a pesar de haber esperado semanas para acceder a un lugar con comida, higiene y una cama. La frustración es evidente en sus rostros, ya que han tenido que regresar a las playas de El Trampolín y de Benítez, donde malviven desde hace más de un mes. Allí, han comenzado a reconstruir sus chabolas desmanteladas, enfrentándose a condiciones climáticas adversas. A pesar de las dificultades, mantienen la esperanza de mejorar su situación.
* Resumen supervisado por periodistas.
Solo había 1.700 plazas, pero eran miles de migrantes los que han salido hacia el puerto de Ceuta con la esperanza de encontrar una cama donde dormir. Muchos se han quedado fuera. Ha sido un golpe durísimo, ya que llevaban semanas esperando este momento.
En sus miradas y en sus rostros cabizbajos, se evidencia la frustración de haberse quedado a las puertas del campamento. Han pasado horas intentado acceder a una de esas literas, comida e higiene asegurada, pero hoy no ha sido su día.
Son miles los migrantes que se han quedado sin plaza en el campamento de acogida del puerto que ha habilitado este viernes el Gobierno. Al ver que no podían entrar, se han tenido que volver a la playa de El Trampolín y de Benítez, donde llevan más de un mes malviviendo.
A su vuelta, nada más llegar, han comenzado a reconstruir muchas de las chabolas que prácticamente habían desmantelado. Ahora, toca volver a poner en pie estos refugios en los que cada vez cuesta más combatir las condiciones climáticas.
"Vosotros no sabéis lo que estamos pasando aquí... Lo que pasa por la noche... Algunos beben alcohol y vienen chillando", cuenta un migrante a laSexta. "Yo quiero entrar para poder ducharme, para rezar, para cambiar mi vida", señala otro.
También precisan que no es un buen sitio para sanar las heridas. Una persona migrante nos traslada su visión más resiliente: "No estoy enfadado, me alegro porque mis amigos entraron dentro. Pero yo también necesito una ayuda para entrar dentro y nosotros ir a España para trabajar". Por eso, no les queda otra que esperar y aferrarse a ese "si Dios quiere", que no dejan de repetir en árabe: "Insalaha".