Han pasado ya cuatro décadas desde que el teniente coronel Antonio Tejero y otros 200 militares irrumpieran en el Congreso a las 18:22h del 23 de febrero de 1981 para impedir el nombramiento de Leopoldo Calvo Sotelo como nuevo presidente del Gobierno. La sensación, sin embargo, es que todavía queda mucho por contar de lo que rodeó a aquel golpe de Estado y que hay cuestiones que quizás nunca vayan a salir a la luz.

Una de las personas que han contribuido a seguir 'desempolvando' información sobre este episodio histórico es Roberto Muñoz Bolaños, doctor en Historia Contemporánea y profesor del Centro de Estudios Magíster y de las universidades Francisco de Vitoria, Camilo José Cela y del Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado (UNED).

En su última obra, 'El 23-F y los otros golpes de Estado de la Transición', (Espasa, 2021), Muñoz hace un recorrido por las diferentes fases del golpe en el contexto de la Transición a la democracia, haciendo hincapié en la élite económica, política y militar más conservadora. Este grupo, cuenta el autor, impulsó una 'transición paralela' para moderar el cambio político en España, de la que el 23F fue solo el culmen.

Los secretos y las contradicciones que se esconden en el sumario

Pese a que ahora se ha hecho experto en el golpe de Estado de 1981, Muñoz se adentró en su estudio de forma casi anecdótica. "Fue un poco chocante, no había tenido nunca interés en este tema. Yo siempre he sido especialista en historia militar y mi interés era la conspiración que había llevado a la Guerra Civil de 1936. Pero un día estaba tomando una copa con el letrado defensor de Antonio Tejero, que es amigo de mi familia, y me dijo que tenía el sumario del 23F y que si le quería echar un vistazo. Me entusiasmó tanto que llevo 26 años estudiando el tema", cuenta Muñoz a laSexta.com.

Sobre la vista oral y las sentencias que pudo leer de aquel golpe de Estado encontró casi todo sorpresas. "En cuanto abrí el primer tomo me llamó mucho la atención la diferencia entre lo que contaban los libros y lo que leí en el sumario. No coincidía en nada", recuerda el autor. Lo que más le sorprendió, dice, fue que en la obra "La noche de Tejero" de José Oneto (Espasa, 1981) se comentaba que los generales Alfonso Armada y Jaime Milans del Bosch eran poco monárquicos, pero que leyendo el sumario "te das cuenta de que eran los más monárquicos del Ejército español". "Esas contradicciones me llamaron muchísimo la atención", confiesa.

Eso sí, asegura que en lo que se refiere al golpe de Estado como tal no existen secretos. "Lo que ocurre entre la entrada de los militares a las 18:22h y la salida al día siguiente aparece muy detallado en el sumario. Sobre eso se puede escribir un relato coherente sin ninguna dificultad". Lo mismo sucede, según Muñoz, con el período que va del 16 al 23 de febrero de 1981, el tiempo en el que se terminó de gestar la operación.

"El problema viene con lo que pasó antes. Sabemos que el 3 de febrero el general Armada informó a Milans del Bosch de que el rey le iba a proponer como candidato y que él iba a ser presidente. Sin embargo, el día 12 el candidato es Calvo Sotelo. Lo que no se sabe es lo que ocurrió esos días, cuál fue el ambiente político para que se diese ese cambio", explica el historiador.

El 23F, el final del camino de la 'transición paralela'

Como narra Muñoz Bolaños, el golpe de Estado de 1981 no fue más que la conclusión de una dinámica que empezó en 1977. Ese año, Adolfo Suárez inició un "proceso de democratización plena" que incluía la apertura de un proceso constituyente, la legalización del Partido Comunista y que ponía las bases para un Estado del Bienestar alejado del franquismo.

Para Suárez este cambio era necesario si España quería entrar en la Comunidad Económica Europea, pero una élite conservadora creía que este viraje en el gobierno rompía con el proyecto para el que había sido elegido por el rey, según se detalla en la obra de Muñoz. En ese momento, este grupo inició un proceso de 'transición paralela' con el objetivo de "descabalgar a Suárez de la presidencia, de controlar el proceso de toma de decisiones políticas y de llevar a cabo un cambio muy moderado que permitiese a esa élite mantener sus privilegios", enumera el escritor.

Entre ellos no solo había miembros de las Fuerzas Armadas: también banqueros, políticos como López Ródó, que había sido ministro de Asuntos Exteriores con Franco, o el periodista Luis María Anson, al que Armada colocó en la revista 'Reconquista' antes de empezar a justificar el golpe, añade el autor, que explica que esto significaría que el golpe no fue solo militar, sino que llevaba aparejada una trama civil.

De esta manera, se organizaron diferentes operaciones a partir de 1977 para hacer presidente a Armada."La intención era hacerlo de forma legal, mediante una moción de censura a Suárez, pero como el rey acabó eligiendo a Calvo Sotelo se truncó esta vía. Así que el brazo militar de esta élite desencadenó un golpe de Estado con el mismo objetivo", expone Muñoz.

En este sentido, la 'Operación Galaxia' de 1978 pudo ser el germen del 23F. Este plan, urdido por Tejero, era similar a lo que ocurrió tres años después: los militares asaltarían el Palacio de la Moncloa y tomarían como rehenes al Consejo de Ministros. El plan se quedó en una mera idea pero ayudó a diseñar las estrategias futuras. "Tejero estaba obsesionado con tomar el Congreso y al final se optó por esa opción. La idea era que Tejero asaltara el edificio, que Armada se presentara como el salvador de la democracia y que los parlamentarios le votasen presidente", repasa Muñoz. Lo que nadie contó a Tejero, según el propio autor, era que las consecuencias para el general serían siempre negativas: si el golpe prosperaba tendría que exiliarse y si no lo hacía, acabaría en la cárcel, que fue lo que finalmente ocurrió.

Estos eran los planes del golpe de Estado

"En primer lugar hay que decir que el golpe de Estado no triunfó pero que lo pudo hacer perfectamente", advierte Muñoz Bolaños. "Tejero impidió a Armada entrar en el hemiciclo cuando se enteró de lo que quería hacer. Si llega a entrar en el Congreso, probablemente Armada habría salido elegido presidente, con Felipe González como vicepresidente político y José María López de Letona como vicepresidente económico", augura el autor de 'El 23F y los otros golpes de Estado de la Transición'.

Ese gobierno, según Muñoz, habría durado alrededor de dos años y habría actuado en cuatro ámbitos principales: la lucha contra el terrorismo, la recuperación de la crisis económica, la congelación o armonización del proceso autonómico y la reforma constitucional.

"Lo más grave de este supuesto es que los militares habrían vuelto a participar en la toma de decisiones políticas y que la Transición habría sido un fracaso, porque uno de sus objetivos era acabar con el poder militar dentro de la política", suspira el escritor. "Es cierto que dos años después se habrían celebrado elecciones, pero todo el camino andado para establecer la supremacía civil en España se habría desandado".

Aunque también cree que la sociedad habría aceptado ese supuesto gobierno dirigido por Armada, porque "casi todos los ministros habrían sido civiles". Además, descarta que se hubiese vivido un ambiente violento en las calles. "Desde luego que fusilamientos no habría, porque el objetivo de las élites era más político que económico. Querían acercar a España al resto de democracias europeas y fusilando solo habrían conseguido un boicot internacional, quizás un proceso revolucionario en tres o cuatro meses y por supuesto consecuencias irreversibles para la Corona y para esta élite", apunta Muñoz.