Todo ha cambiado
Mujeres con libros bajo el brazo, pelo al viento y minifalda: el Irán de los años 70 que parecía libre (pero estaba gobernado por una dictadura)
Los detalles Pese a que en el mundo se hablaba de Teherán como una ciudad cosmopolita y el régimen Pahlavi había entendido que modernizarse suponía cambiar la mirada hacia las mujeres, lo cierto es que el autoritarismo seguía anclado en el poder.

Resumen IA supervisado
En los años 70, Irán se mostraba como un país en proceso de modernización, con imágenes de mujeres con minifaldas y libros que simbolizaban ciertas libertades. Sin embargo, según la activista Nilufar Saberi, no existía libertad de expresión ni pluralidad política, aunque sí avances en otros ámbitos, como el acceso de las mujeres a la educación y el trabajo sin necesidad de autorización masculina. A pesar de la modernización, el régimen del sha mantenía un control autoritario, con castigos severos a la disidencia. Fuera de las élites de Teherán, la población vivía en la pobreza, lo que contribuyó al apoyo popular hacia los ayatolás durante la revolución.
* Resumen supervisado por periodistas.
Todos recordarán aquel Irán de los años 70 de mujeres con libros bajo el brazo, pelo al viento y minifaldas. Esas imágenes hoy resuenan como ecos de unas libertades perdidas, aunque lo cierto es que representaban solo una parte de la realidad, ya que, tal y como señala la activista iraní Nilufar Saberi, "no había libertad de expresión ni pluralidad política, pero sí avances muy grandes en los demás terrenos".
Los medios internacionales describían a Teherán como una ciudad cosmopolita y el régimen Pahlavi había entendido, mucho antes incluso de que lo hiciera Occidente, que modernizarse suponía cambiar la mirada hacia las mujeres.
"Siendo muy inteligentes, que no feministas, se dieron cuenta de que no se puede modernizar un país mientras la mitad de la población no tenga derechos y no sea una parte activa de la sociedad", subraya al respecto Nilufar Saberi, a lo que añade que, en ese momento, las mujeres podían "estudiar y trabajar sin la autorización del marido".
La rebelión contra el sha era castigada
Esto, sumado a una alta escolarización, colegios mixtos y una alta proyección de desarrollo, hizo que la sociedad iraní avanzara hacia el futuro, aunque en el poder seguía anclado el autoritarismo. Y es que sin partidos políticos durante 40 años, cualquier signo de rebelión contra el sha era duramente castigado mediante torturas o incluso la muerte por las fuerzas del régimen.
Además, fuera de las élites de Teherán, la mayoría de la población vivía en la pobreza en barrios marginales, controlados por un Ejército desmesurado que vigilaba cada palabra. Asiif Alief, activista iraní, destaca en este sentido que "muchos iraníes eran muy pobres, sobre todo en los pueblos" y que "la gente joven no tenía dinero, mientras el sha vivía en el lujo máximo".
Por eso, el pueblo acabó eligiendo a los ayatolá frente a una dictadura moderna que gobernaba con mano de hierro y sus derechos cambiaron de la noche a la mañana con la revolución.
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