Desalentador el panorama que dibuja el Banco de España sobre los jóvenes: sus condiciones económicas y laborales son peores que las de las generaciones anteriores. Ganan menos, sus empleos son más precarios y tienen más dificultades para acceder a una vivienda en propiedad.

Basta un dato para ilustrar la pérdida de poder adquisitivo de este colectivo. La renta media de los menores de 35 en el año 2018 se situaba en 23.000 euros anuales, mientras que en 2007 este indicador se fijaba en 28.000 euros. En proporción, los salarios han decrecido un 17,86% en este colectivo.

El desempleo es también uno de los mayores quebraderos de cabeza: en diciembre de 2020 el 36% de los encuestados no presentaba ningún tipo de ingreso laboral. El porcentaje no ha hecho sino engordar con el paso de los meses, porque si en febrero era del 31%, en mayo llegaba al 35%. En total, a lo largo de 2020 uno de cada tres no percibió rentas individuales.

Este dato choca si se compara con el total de individuos que no cobró nada a lo largo del ejercicio, eliminándose el factor edad. En diciembre de 2020 apenas llegaba al 20%, mientras que en febrero era aún todavía más bajo, con menos de un 15% de desempleados totales. Si se compara con los más jóvenes, estos son un 80% más que no percibieron ningún ingreso laboral a lo largo del ejercicio.

Vivienda: un reto significativo

El caso de la vivienda es uno de los más llamativos. En sus conclusiones revela que tan sólo el 7% de los nacidos en el año 1988 poseía domicilio propio a los 29. En cambio, la masa de población nacida en 1976 que a la misma edad tenía su casa asciende a un 26%. Esto se traduce en un decrecimiento de casi un 20%: uno de cada cinco jóvenes ha perdido la capacidad de adquirir un hogar.

En esta misma línea, la población comprendida entre los 18 y 34 años que dedica más de un 30% de sus ingresos al alquiler en España se sitúa en un 37%, solo superado por Francia, con un 43%. Sin embargo, países como Italia y Alemania se sitúan por debajo, con un 27% y un 24%, respectivamente.

Los nacidos que en 1988 vivían con sus padres a los 26 años eran un 87%. Este número es cinco puntos mayor que los que lo hacían pero nacieron en el año 1976, por lo que la edad de emancipación queda más retrasada que antaño.

Temporalidad, parcialidad y PYMES, un reto a enfrentar

La temporalidad es otro talón de Aquiles del empleo juvenil nacional. Los comprendidos entre 14 y 29 años presentan una tasa de temporalidad más alta que la media del área euro (36%) con un 52%. Es, además, la más alta de los países punteros de la Unión: en Italia el porcentaje desciende a un 45%; en Francia, a un 37%; y en Reino Unido, a un 10%.

También es significativa la parcialidad laboral y su evolución a lo largo del tiempo. Así, en 2019 el porcentaje de situaba en casi un 25% en 2019, mientras que en 2005 se fijaba en un 15%. Lo mismo ocurre con la parcialidad involuntaria que, en la actualidad, se sitúa en un 14%, cuando en 2005 se quedaba en un 5%.

Finalmente, el estudio detalla que son las PYMES las más afectadas por el impacto del coronavirus. Así, la tasa de evolución interanual del cuarto trimestre de 2020 de la facturación en empresas de entre cero y nueve trabajadores ha decrecido un 1,3%. Lo mismo ocurre con las compuestas por entre 10 y 49, con una caída del 0,7%. No ocurre lo mismo con las compañías más grandes: aquellas compuestas por más de 250 empleados vieron como su volumen de ingresos aumentó un 4,4% en comparación.