hacia el 11N
Rodrigo Sorogoyen, Carlos Bardem y Maruja Torres se suman a las más de 800 firmas del mundo de la cultura que respaldan la huelga general
Los detalles Más de 70 editoriales, un centenar de librerías, más de 70 espacios y organizaciones culturales y más de 600 trabajadores del sector se han unido en el manifiesto 'El 11N, la cultura también para'.
Manifestación por la huelga general en Madrid.Resumen IA supervisado
Más de 800 figuras del mundo de la cultura, incluyendo a Rodrigo Sorogoyen, Carlos Bardem y Maruja Torres, han firmado el manifiesto 'El 11N, la cultura también para', apoyando la huelga general del 11 de noviembre convocada por el Sindicato de Inquilinas, CCOO, UGT y CGT debido a la crisis de la vivienda. El comunicado, respaldado por más de 70 editoriales y un centenar de librerías, demanda vivienda estable, contratos indefinidos, y el fin de los desahucios. Además, exigen un régimen fiscal adaptado a ingresos intermitentes y respeto a los derechos sindicales en instituciones culturales. La gentrificación y la especulación inmobiliaria son señaladas como amenazas para la supervivencia de espacios culturales.
* Resumen supervisado por periodistas.
Rodrigo Sorogoyen, Carlos Bardem, Maruja Torres y David Uclés se han sumado a las más de 800 firmas del mundo de la cultura que respaldan el manifiesto 'El 11N, la cultura también para' en apoyo a la huelga general del próximo 11 de noviembre convocada por el Sindicato de Inquilinas, CCOO, UGT y CGT por la crisis de la vivienda.
"Somos librerías cerrando, editoriales parando, espacios culturales cerrados, rodajes que harán huelga, trabajadoras ejerciendo nuestros derechos", han señalado en el comunicado, respaldado por más de 70 editoriales, un centenar de librerías, más de 70 espacios y organizaciones y más de 600 trabajadoras del sector cultural.
En él reivindican la "vivienda estable, con contratos indefinidos, tope a los alquileres en zonas tensionadas y el fin de los desahucios"; "medidas efectivas para prevenir y sancionar la discriminación racista en el acceso a la vivienda y a espacios comerciales o de producción artística"; y "regular los alquileres comerciales y proteger los espacios culturales independientes".
También reclaman "un régimen de autónomos y una fiscalidad adaptados a ingresos intermitentes, más garantías de cobro"; "respeto al derecho de huelga y a los derechos sindicales en las instituciones culturales; y "retomar las reformas legislativas paradas, con la Ley del Cine como ejemplo, bloqueada en 2023 y otra vez en 2026".
Entre los nombres que se suman a la huelga —además de los ya mencionados— figuran el filósofo Paul B. Preciado, la cineasta Laura Hojman, los dramaturgos Pablo Messiez y Lola Blasco, el músico Nacho Vegas, la cantante Rocío Saiz, las escritoras Marta Sanz, Elvira Navarro, Gabriela Wiener, Mónica Ojeda, Edurne Portela, Elena Medel, Alana S. Portero, Andrea Abreu, Beatriz Serrano, Lucía Lijtmaer, Aixa de la Cruz, Sara Barquinero, Sabina Urraca y Elizabeth Duval, la poeta y editora Luna Miguel, el escritor José Ovejero, el filósofo Ernesto Castro, los periodistas Javier Gallego, Irantzu Varela y Nerea Pérez de las Heras, la comunicadora Inés Hernand y la viñetista Flavita Banana.
"Los trabajos de la cultura necesitan tiempo, pero también espacio: el de casas, talleres, librerías, escenarios o locales de ensayo", reivindican. Además, señalan que, según una encuesta de la Asociación de Librerías de Madrid, más de ocho de cada diez librerías son inquilinas, y solo el 14,3% afirma tener garantías de continuidad en su local actual.
Así, afirman que "si en las grandes ciudades las librerías cierran, en las pequeñas directamente no llegan a abrir". "Esta misma dinámica se replica en otros espacios propios de la cultura. Por culpa de la especulación, el riesgo inmobiliario es cada vez más alto. Nos alejan de nuestros barrios, nos obligan a cerrar locales, abandonar proyectos o trabajar desde pisos compartidos que no reúnen las condiciones necesarias ni para la creatividad ni para la dignidad", declaran.
"Toda la sociedad se entristece cuando cierra una librería, un local de ensayos, un teatro, un taller de lectura, una galería o un cine. Cada vez más barrios se convierten en decorados, la gentrificación expulsa a vecinas y liquida los pocos espacios de encuentro que nos quedan. Todo lo que nos aísla impide que emerjan comunidades culturales y mutila la riqueza artística", agregan. Y resaltan que "si algo contribuye al conservadurismo cultural, es la inflación de alquileres e hipotecas. Sin casa, sin locales y con el espacio público convertido en un escaparate, no quedan lugares donde viva la cultura".