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Una medida que muchos ciclistas olvidan

La regla que genera más controversia entre ciclistas, recordada por la DGT: así puedes perder 3 puntos

Los usuarios de bicicleta están sujetos, de la misma manera que los conductores y peatones, a diferentes normas de circulación y seguridad vial.

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El uso de la bicicleta se ha multiplicado en los últimos años, de manera que cada día son más los que aparcan su coche y utilizan la bici para sus desplazamientos rutinarios, sin contar por supuesto los ciclistas habituales que, además, utilizan su bicicleta en términos de ocio para realizar deporte o dar paseos.

Pese a que el uso de la bicicleta, a nivel técnico, es mucho más sencillo que el de un coche, los ciclistas están sujetos a muchas de las normas viales que también rigen para los conductores de vehículos a motor. Así, también cuentan con algunos límites de velocidad o cuentan con diferentes obligaciones como, por ejemplo, la utilización del casco.

Una de las normas que más ciclistas ignoran supone, además, una de las infracciones más graves a las que pueden enfrentarse los ciclistas si se infringe. Hablamos del artículo 18 del Reglamento General de Circulación, en el que se especifica que “queda prohibido conducir y utilizar cascos o auriculares conectados a aparatos receptores o reproductores de sonido, excepto durante la correspondiente enseñanza y la realización de las pruebas de aptitud en circuito abierto para la obtención del permiso de conducción de motocicletas de dos ruedas”.

Muchos ciclistas desconocen la norma o directamente la omiten, alegando que circulan por zonas sin apenas tránsito o que sólo utilizan uno de los dos auriculares. Las autoridades, sin embargo, no comparten su punto de vista. El resultado final, en caso de ser detectados utilizando cualquier dispositivo de audio, es una multa de 200€ y la retirada de 3 puntos del carnet de conducir.

Esta sanción es extensible también a los conductores de vehículos de cuatro ruedas: ningún conductor puede utilizar auriculares al volante, ya que deja de percibir los sonidos del entorno que le rodea, lo que supone un potencial peligro de accidente al no poder advertir determinadas acciones y, por tanto, actuar de manera anticipada.

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