Existen más de 100 variedades distintas de lechuga en el mercado, pero en España las que más se consumen son la romana, conocida como costina u oreja de burro, y la iceberg. Ambos tipos son también las que más se cultivan en nuestro país.

Saber conservar las lechugas es muy importante. Si se hace bien, la lechuga mantendrá sus propiedades intactas y la hortaliza no lucirá, como suele decirse comúnmente: chuchurrida.

La lechuga ya era cultivada por los antiguos egipcios, quienes además de las hojas, usaban las semillas para producir aceite. Los griegos y los romanos también la cultivaron y entre los siglos XVI y XVIII se desarrollaron diferentes tipos de lechuga.

La lechuga es casi todo agua y además aporta pequeñas cantidades de energía, proteínas, grasas, carbohidratos, fibra y azúcares.

Entre los minerales y vitaminas que contiene la lechuga se encuentran: hierro, calcio, magnesio, fósforo, potasio, sodio y zinc. Además de vitaminas B como tiamina, riboflavina, niacina, ácido fólico, vitamina B6 y vitaminas C, A, E y K.

Beneficios de la lechuga

1. Antiinflamatorio

2. Reduce los niveles de colesterol

3. Ayuda a mejorar problemas de sueño

4. Agente antioxidante

5. Propiedades diuréticas

6. Mejora el estreñimiento

7. Ayuda a regular los niveles de azúcar

8. Ayuda en las dietas de pérdida de peso por ser un alimento bajo en calorías

La clave para conservar bien la lechuga radica en la justa combinación de humedad y aire. Esta hortaliza necesita de ambas cosas para mantenerse fresca, pero un exceso de aire provocaría que la lechuga se oxide, que es lo que hace que las hojas cambien de color, algo que, por otro lado, no afecta a su textura.

Qué es la oxidación

las enzimas activadas al cortar las hojas o los tallos producen compuestos que provocan manchas marrones, especialmente en la base o en cualquier lugar donde las hojas se dañen durante la cosecha y el almacenamiento.

Trucos para conservar la lechuga fresca

1. No la cortes con cuchillo metálico. La lechuga se oxidará más rápido si un cuchillo corta sus filamentos. Usa otro tipo de material o hazlo con la mano.

2. No coloques la lechuga cerca de fruta que desprendan gas etileno (plátano, manzana, pera, tomates) porque se acelerará su deterioro. Es mejor no mezclar frutas con hortalizas. Aunque el etileno no suele hacer que las hojas de lechuga se pongan marrones, sí que puede oscurecer las fuertes nervaduras centrales de las hojas.

3. Una circulación de aire adecuada y una pequeña cantidad de humedad mantendrán la lechuga fresca y crujiente. Una forma de guardarla es forrar un recipiente de vidrio o plástico resistente con unas cuantas servilletas o papel de cocina, luego, esparce las verduras por encima. Coloca una tapa a y ponlo en la nevera.

4. Envolver la lechuga en papel de aluminio. De esta manera aguantará hasta un mes en la nevera.

Cómo guardar la lechuga en la nevera

Al contrario de lo que muchas personas creen, lo mejor para conservar una lechuga en el frigorífico no es guardarla en una bolsa sellada. La lechuga necesita respirar para mantenerse crujiente.

Lo ideal es que la guardes en un envase que permita que el aire circule, pero que las hojas no toquen las paredes.

Te recomendamos que sigas estos pasos para conservar lechuga fresca de manera óptima:

1. Corta (con lo que quieras menos un cuchillo de metal) el extremo del tallo y separa las hojas de la lechuga.

2. Llena el fregadero (o un recipiente muy grande) con agua fría y sumerge las hojas, déjalas en remojo unos minutos. Lava las hojas en el agua. Cualquier arena se hundirá. Asegúrate de que la lechuga queda bien limpia.

3. Corta las hojas por la mitad y seca la lechuga en un centrifugador de ensalada. Si no tienes, puedes poner las hojas de pie y dejarlas secar o usar papel de cocina absorbente. Las hojas deben quedar un poco húmedas.

4. Cubre las hojas con toallas de papel húmedas y colócalas en el recipiente que guardarás en la nevera. Evita usar un tazón porque se acumularía la humedad abajo. Lo ideal es que sea un recipiente que permita la circulación del aire. La lechuga se conservará en perfecto estado de cinco a diez días de esta manera.

5. Si notas que los papeles que cubren las hojas de lechuga se secan, vuelve a humedecerlos, pero sin empaparlos.

Cómo recuperar una lechuga marchita

Cuando una lechuga lleva muchos días en la nevera suelen aparecer algunas hojas marchitadas, se pone blanda y su aspecto no es del todo apetecible. Tranquilidad, no hace falta tirarla. Recuperar parte de su aspecto fresco y consistencia es mucho más fácil de lo que parece. Solo hay que poner la lechuga en remojo en agua durante unos minutos. De esta manera, conseguiremos que se rehidraten las hojas.

Cómo conservar las bolsas de ensalada

La manera de conservar la lechuga picada o la que viene cortada y lavada en bolsas no es igual que una lechuga entera. Cuando se trata de una bolsa, no debemos dejar que entre aire y de esa manera evitaremos que las hojas se reblandezcan.

Ten en cuenta que la lechuga en bolsa se estropea antes que la fresca. Vigila que no aparezca moho y la concentración de agua del interior del envase.

¿Se puede congelar la lechuga?

Si te preguntas si se puede congelar la lechuga, la respuesta es sí, se puede. Pero hay un pero. La verdad es que la lechuga no será lo mismo al descongelarla de modo que esta es la mejor opción en el caso de que tengas mucha y pienses utilizarla para licuados, sopas y guisos. Es decir, una lechuga congelada no es la mejor opción para hacer una ensalada. La lechuga congelada se conserva hasta seis meses.

Es lo mismo que sucede con otras verduras de hoja verde como la espinaca o la col rizada, que también son excelentes para congelar.

Puedes congelar la lechuga de dos maneras:

1. Congela las hojas de lechuga enteras.

2. Haz un puré y congélalo en bandejas de cubitos de hielo para recetas líquidas como batidos y sopas.

Hortalizas que puedes guardar en la nevera

Hay algunas verduras y hortalizas que conviene conservarlas en el frigorífico y otras que es mejor tenerlas fuera porque el frío excesivo no les va bien. Entre las que puedes meter en la nevera se encuentran: las espinacas, la col, las berenjenas, acelgas, nabos, rábanos, brócoli, peninos o judías verdes. Lo mejor es que las guardes en los compartimentos del frigorífico menos fríos, que suelen ser los más bajos. Las temperaturas muy bajas pueden hacer que las hortalizas se estropeen. De todos modos, es recomendable consumir estos vegetales en pocos días porque los largos periodos de almacenamiento en frío pueden producir pérdidas de sabor y aroma.

No metas esto en la nevera

Atención porque es mejor que no metas en la nevera alimentos como: los tomates, la albahaca, los ajos y las cebollas, el aguacate o los espárragos. Todos ellos se conservarán mucho mejor a temperatura ambiente.