PONTEVEDRA

Así es el Castro de Santa Trega: con vistas a la desembocadura del Miño y a la frontera con Portugal

El Monte de Santa Trega, con su castro, su ermita y su viacrucis además de sus excepcionales vistas, es una visita imperdible de las Rías Baixas gallegas, en A Guarda.

Castro de Santa Trega

Castro de Santa Trega Imagen de Áine Díaz

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Cuando subes a Santa Trega, antes de fijarte en toda la historia que cuentan las construcciones allí conservadas, miras a tu alrededor y disfrutas de un paisaje de escándalo porque desde allí arriba, 328 metros por encima del nivel del mar, se ve discurrir el Miño hacia su estuario y hacia el Atlántico y se ve, por supuesto, ese océano y también la otra ribera del río, que es ya Portugal.

Y, por si el paisaje no fuera suficientemente impresionante (vaya si lo es…), podrás recorrer a placer uno de los castros mejor conservados de Galicia, un castro con vistas, sí, pero no porque quienes vivían en él tuvieran intereses paisajísticos sino porque desde ahí tenían un control absoluto del tráfico fluvial y marítimo, algo esencial no solo desde un punto de vista defensivo sino porque este casto era, allá por el S.IV a.C., un enclave importante de la ruta de comercio púnico y hasta el estuario del Miño llegaban embarcaciones desde Gadir (Cádiz).

Vistas del estuario del Miño desde el monte de Santa Trega
Vistas del estuario del Miño desde el monte de Santa Trega | Imagen de Áine Díaz

Pero ¿cómo era en realidad este castro? Su amplitud (ocupaba unas 20 hectáreas) y su distribución aparentemente caótica puede verse todavía hoy pero hay más detalles que escapan a un primer vistazo: lo primero que tienes que saber es que ese caos aparente es eso, aparente, en realidad las diferentes construcciones se levantaban en grupos de edificios, algunos eran viviendas, otros almacenes y compartían un patio común; además el castro contaba con rede de canales de evacuación de agua pluviales y también aljibes.

Casa reconstruida. Castro de Santa Trega
Casa reconstruida. Castro de Santa Trega | Imagen de Áine Díaz

Las diferentes construcciones tenían planta circular, oval o rectangular (esto sí salta a la vista cuando recorres el castro…); las dedicadas a viviendas contaban con un vestíbulo en el que se situaba el horno con el hogar en su interior, eran las construcciones más cuidadas y las prácticamente las únicas que tenían puerta; las cubiertas, que lógicamente no se han conservado, se elaboraban con materiales vegetales. Otro aspecto curioso y no poco sorprendente de este castro es que no era tan gris como vemos hoy sus restos, era un poblado de colores y ricamente decorado: las casas y almacenes estaban pintadas de colores y algunas jambas y dinteles estaban decorados con gravados geométricos.

En este poblado llegaron a vivir entre 3000 y 5000 personas que se dedicaban no solo al comercio sino también a la agricultura, la ganadería, la caza, la pesca y el marisqué; eso además de elaborar cerámicas, tejidos e instrumentos metálicos. En el MASAT, el Museo de Santa Trega, podrás no solo descubrir con más detalle la historia de este castro sino ver restos de artesanía localizados en el propio castro.

Vía Crucis en el monte de Santa Trega
Vía Crucis en el monte de Santa Trega | Imagen de Áine Díaz

En Santa Trega no solo hay un castro con museo y vistas espectaculares del estuario del Miño, el Atlántico y hasta de Portugal, también hay una ermita con un cruceiro y todo un Vía Crucis: es la ermita de Santa Trega, construida en el S.XII y ampliada con posterioridad, su fiesta, una auténtica romería gallega, se celebra el 23 de septiembre y, antes de esa fiesta, tiene lugar la procesión del Voto (el último sábado de agosto): durante esta procesión los fieles recorre el Vía Crucis hasta llegar al crucero junto a la ermita.

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