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Curiosidades de San Fermín: el origen, el pañuelo rojo y otras tradiciones que quizás no conocías
Los Sanfermines son mucho más que los encierros. Detrás de una de las fiestas más famosas del mundo se esconden siglos de historia, tradiciones y curiosidades que explican el origen de sus símbolos y celebraciones.

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Cada mes de julio, Pamplona se transforma. Durante nueve días, las calles de la capital navarra se llenan de música, tradición, emoción y miles de personas vestidas de blanco y rojo. Los Sanfermines son una de las fiestas más famosas del mundo, conocidas especialmente por los encierros, pero detrás de esa imagen internacional existe una historia de siglos, llena de tradiciones, símbolos y curiosidades que muchas veces pasan desapercibidas.
Un origen que va mucho más allá de San Fermín
Aunque el nombre de la fiesta hace pensar que nació únicamente como una celebración religiosa, la realidad es mucho más compleja. Los Sanfermines son el resultado de la unión de tres acontecimientos distintos que coincidían en la Pamplona medieval.
Por un lado, estaban las ferias comerciales que se celebraban desde la Edad Media y que reunían a comerciantes y ganaderos de diferentes lugares del norte de la península. Aquellas ferias suponían un importante impulso económico para la ciudad y atraían a miles de personas.

A ellas se sumaban las corridas de toros. Los animales que llegaban para ser vendidos o lidiados debían ser trasladados desde los corrales hasta la plaza, dando origen a lo que con el tiempo se convertiría en los famosos encierros.
Finalmente, existía la festividad religiosa en honor a San Fermín, patrón de Navarra. Con el paso de los siglos, estos tres elementos (feria, toros y celebración religiosa) acabaron fusionándose hasta formar la fiesta que conocemos hoy.
¿Quién fue realmente San Fermín?
La figura de San Fermín está rodeada de tradición y leyenda. Según la tradición cristiana, nació en Pompaelo, la actual Pamplona, en el siglo III. Su padre, el senador Firmo, habría sido convertido al cristianismo por San Saturnino, conocido en Navarra como San Cernin.
Tras recibir el bautismo, Fermín fue ordenado sacerdote y más tarde nombrado obispo. La tradición cuenta que dedicó su vida a evangelizar diversas regiones de la Galia, la actual Francia, hasta que fue detenido por las autoridades romanas y decapitado en Amiens alrededor del año 303.
Precisamente por ese martirio se considera que el color rojo del pañuelo simboliza la sangre derramada por el santo.
No obstante, muchos historiadores señalan que existen muy pocas pruebas documentales sobre su vida y que buena parte de su biografía pertenece a la tradición hagiográfica desarrollada durante la Edad Media.
¿Por qué se celebran siempre del 6 al 14 de julio?
Aunque hoy resulte imposible imaginar los Sanfermines fuera del verano, originalmente la festividad de San Fermín se celebraba el 10 de octubre, fecha correspondiente a su festividad litúrgica.
Sin embargo, el clima otoñal dificultaba la celebración de las ferias y de los espectáculos al aire libre. Además, las lluvias eran frecuentes y complicaban la asistencia de comerciantes y visitantes.

Por ello, en 1591 el Ayuntamiento de Pamplona decidió trasladar oficialmente las celebraciones a julio, una época con mejor tiempo y mayor actividad comercial.
La decisión fue todo un éxito y desde entonces las fiestas se celebran ininterrumpidamente entre el 6 y el 14 de julio.
El comienzo oficial tiene lugar exactamente a las 12:00 del mediodía del 6 de julio, cuando desde el balcón del Ayuntamiento se lanza el famoso chupinazo. El final llega nueve días después con el emotivo acto del "Pobre de mí".
El blanco y el rojo: un uniforme que no es tan antiguo
Una de las imágenes más reconocibles del mundo es la de miles de personas vestidas completamente de blanco con un pañuelo y una faja rojos. Sin embargo, esta indumentaria no existe desde los orígenes de la fiesta.
Fue una creación de la Peña La Veleta en 1931. Los miembros de esta peña (de origen obrero) buscaron una vestimenta que los distinguiera y que fuera barata: la ropa blanca de los trabajadores y el pañuelo rojo para darle el toque de color. Con las décadas, la costumbre se extendió a todo el mundo y se le asignó la simbología del martirio.
El blanco simboliza tradicionalmente la ropa de fiesta popular, mientras que el rojo recuerda el martirio de San Fermín.
Existe además una costumbre muy respetada: el pañuelo no debe colocarse al cuello antes del chupinazo. Muchos asistentes lo llevan atado en la muñeca o guardado en el bolsillo hasta que, tras escuchar el tradicional "¡Viva San Fermín! ¡Gora San Fermín!", se lo anudan al cuello junto al resto de la multitud.
Del mismo modo, el pañuelo no se retira hasta el acto final del 14 de julio.
Los encierros nacieron por una necesidad práctica
Hoy millones de personas siguen cada mañana el encierro por televisión, pero su origen fue mucho más sencillo.
Los toros destinados a las corridas permanecían en corrales situados fuera del centro de la ciudad y era necesario conducirlos hasta la plaza.
Durante ese recorrido, algunos jóvenes comenzaron a correr delante de los animales como muestra de habilidad y valentía. Lo que empezó como una práctica espontánea terminó convirtiéndose en una tradición profundamente arraigada.

Actualmente el recorrido del encierro mide 875 metros, desde los Corrales de Santo Domingo hasta la Plaza de Toros.
Aunque la tensión parece interminable, la carrera suele durar entre dos y cuatro minutos.
La oración antes del encierro
Cada mañana, pocos minutos antes de las ocho, los corredores se reúnen frente a una pequeña hornacina situada en la cuesta de Santo Domingo.
Allí se encuentra una imagen de San Fermín ante la que se canta tres veces una breve oración:
- "A San Fermín pedimos, por ser nuestro patrón, nos guíe en el encierro dándonos su bendición".
Se trata de una tradición relativamente reciente, instaurada en los años sesenta del siglo XX, pero que hoy forma parte inseparable del ritual previo al encierro.
Los pastores, los grandes desconocidos
Mientras la atención suele centrarse en los corredores, existe un grupo de personas cuyo trabajo resulta esencial para el buen desarrollo del encierro: los pastores.
Provistos de una vara larga, acompañan a la manada durante todo el recorrido. Su función consiste en evitar que los toros se separen del grupo, impedir que regresen sobre sus pasos y ayudar a mantener el orden del encierro.
Su experiencia resulta fundamental para reducir riesgos tanto para los animales como para los corredores.
Hemingway, el hombre que dio la vuelta al mundo con los Sanfermines
Si existe una persona responsable de que los Sanfermines alcanzaran fama internacional, esa fue el escritor estadounidense Ernest Hemingway.
Visitó Pamplona por primera vez en 1923 y quedó fascinado por el ambiente de la ciudad. Aquella experiencia inspiró su novela Fiesta (The Sun Also Rises), publicada en 1926.
El enorme éxito del libro convirtió los Sanfermines en un destino conocido para viajeros de todo el mundo, especialmente estadounidenses, que comenzaron a acudir a Pamplona atraídos por la mezcla de tradición, emoción y ambiente festivo.
A día de hoy, una estatua de Hemingway junto a la plaza de toros recuerda el estrecho vínculo entre el escritor y la ciudad.
Mucho más que toros
Aunque los encierros son el acto más famoso, representan solo una pequeña parte del programa.
Durante nueve días se celebran cientos de actividades culturales y tradicionales: la procesión de San Fermín, las actuaciones de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos, los pasacalles de las peñas, conciertos, espectáculos infantiles, jotas navarras, danzas tradicionales y una colección diaria de fuegos artificiales que reúne cada noche a miles de espectadores.
Para muchos pamploneses, estas actividades son el verdadero corazón de las fiestas.
Los gigantes llevan más de siglo y medio bailando
La Comparsa de Gigantes de Pamplona es uno de los elementos más queridos por pequeños y mayores.
Los actuales gigantes fueron construidos en 1860 y representan a cuatro parejas que simbolizan los continentes conocidos en aquella época: Europa, Asia, África y América.
Acompañados por los cabezudos, kilikis y zaldikos, recorren diariamente las calles bailando al ritmo de la música tradicional y despertando la ilusión de varias generaciones de navarros.
El emotivo final: el "Pobre de mí"
Toda fiesta tiene un final, y en Pamplona llega la medianoche del 14 de julio.
Miles de personas regresan a la Plaza Consistorial con una vela encendida y el pañuelo todavía al cuello. Entonces entonan una canción que resume la nostalgia del momento:
- "Pobre de mí, pobre de mí, que se han acabado las fiestas de San Fermín."
Al terminar, muchos se quitan el pañuelo rojo por primera vez desde el inicio de las fiestas. Es un gesto sencillo, pero cargado de simbolismo, que pone fin a nueve días de celebración y da comienzo a la cuenta atrás para los Sanfermines del año siguiente.
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