El comandante de 'El Atalayón'
Virgilio Leret, el primer oficial ejecutado en el golpe de Estado y precursor del motor a reacción: "Si no se le hubiese fusilado, España estaría en los libros de historia"
¿Por qué es importante? Laura Leret, nieta de Virgilio Leret, cuenta la historia de su abuelo, el comandante al mando de 'El Atalayón', la base de Melilla donde comenzó el golpe de Estado de 1936. También ingeniero, ideó el motor a reacción antes de que lo desarrollaran los británicos en la Segunda Guerra Mundial.

La violencia de primera hora del golpe de Estado de 1936 iba a caer sobre una base de hidroaviones junto a Melilla: 'El Atalayón', defendida por un puñado de soldados republicanos al mando de un hombre, Virgilio Leret.
laSexta Columna habla con Laura, su nieta, que comparte la historia de su abuelo, comandante de valentía probada, protagonista de la primera batalla de la Guerra Civil y leal a la República.
Cuenta que Leret estaba en la base junto a su madre, su tía y su abuela, cuando los soldados fueron a buscarle. Se despidió "bruscamente" de ellas. Después, la base fue atacada por "varias unidades de regulares indígenas, tropas de origen marroquí al mando de oficiales españoles".
Laura explica que, al ser vacaciones, su abuelo "no contaba con todo el personal de la tropa". Además, indica, "como el golpe había sido organizado muy bien, habían dado la orden de desmontar los motores de los hidroaviones para su mantenimiento. Entonces mi abuelo no contaba con los aviones, ni tampoco con las bombas", con las que, afirma, "habría podido ganar esa batalla y haber mantenido la resistencia esperando que llegaran los esfuerzos".
Virgilio Leret había combatido durante años en la guerra de Marruecos, por lo que, señala Laura, "recibió en tres oportunidades la medalla de la Cruz Militar distintivo rojo". Se había convertido en uno de los primeros aviadores españoles y, además, cargaba con un fuerte compromiso social.
También era aficionado a la escritura e ingeniero, lo que le llevó a idear un motor que, aunque él aún no lo sabía, iba a empezar a utilizarse en la batalla por los cielos durante la Segunda Guerra Mundial: el motor de reacción.
La guerra, sin embargo, paraliza el desarrollo de aquel invento futurista y Leret resiste los primeros ataques golpistas, hasta que se agota la munición. El comandante se rinde, lo hacen prisionero y la República acaba de perder junto a Melilla su primera batalla.
Fusilamiento y exilio
Laura todavía conserva la maleta de cartón que su madre llevó en 1949 a su exilio en Venezuela: "Ella la llamaba su bagaje de dolor", explica la nieta de Leret mientras recuerda cómo su familia tuvo que cruzar el océano en busca de una vida lejos del fascismo.
En el momento de irse habían pasado 13 años desde que, en Melilla, la mujer y las hijas de Leret se escondían mientras él tenía que rendirse a los golpistas. Horas después, Leret era ejecutado por un pelotón formado por sus propios hombres: "Le fusilaron semidesnudo y con un brazo roto porque así consta también en el registro del cementerio", explica Laura, que cuenta cómo de este modo "Virgilio Leret es el primer ejecutado por los militares".
Mientras, la abuela de Laura se separa de sus hijas para ir a por el equipaje y huir con ellas. No sabe que tardará años en volver a verlas. Laura cuenta que en el momento de regresar al coche es detenida e interrogada en la comandancia, donde también registran sus maletas.
Carlota O'Neill, la abuela de Laura, es mucho más que la mujer de un comandante republicano, también es una escritora y dramaturga feminista reconocida. En sus maletas, viaja la crónica de cómo ha comenzado el golpe de Estado en 'El Atalayón'. Un escrito que, apuna Laura, "jamás llegó a publicar" y que además "utilizaron para condenarla por el delito de injurias al Ejército".
La abuela de Laura pasa cuatro años en un fuerte de Melilla reconvertido en prisión. Para sus hijas empieza un camino de escasez y dolor que pasa por un orfanato muy lejos de su madre.
Una patente revolucionaria... que llegó tarde
Sin embargo, en aquella maleta que los golpistas han inspeccionado Carlota cuela otros documentos, que consigue esconder: la patente del motor que registró su marido y que, quizá, puede ayudar a que los aliados ganen la guerra.
Laura cuenta que Carlota consigue sacar los planos de la cárcel a través de una presa. Cuando ella sale de prisión, su plan fue entregarlos a la embajada de Inglaterra para que los desarrollen en sus aviones y ayudarles a ganar la Segunda Guerra Mundial.
Pero para entonces los británicos ya habían desarrollado el invento. España había perdido la oportunidad de ser pionera: "Si no se le hubiese fusilado hubiese podido concretarlo y España haber estado en los libros de historia de la aeronáutica con el invento de mi abuelo", afirma Laura.
Una situación que, apunta, no solo ocurre con el invento de su abuelo, sino también con el de "muchísimos grandes científicos y humanistas de este país se fueron al exilio o fueron asesinados".
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