LASEXTA COLUMNA
90 años buscando a Lorca: el poeta que sobrevivió al franquismo y ganó la guerra con su legado
Octubre de 2009. Medios de todo el mundo se apelotonan a las puertas del parque. Las cámaras tratan de captar alguna imagen. Algunos, más espabilados, llegan a atar pequeñas cámaras a globos para intentar grabar desde las alturas. La expectación es máxima. Por primera vez, se buscaban los huesos de Federico García Lorca.

Es el lugar señalado por muchos de los expertos: junto al barranco de Alfacar, en Granada, a pocos metros del olivo que todavía hoy tiene las cicatrices de los disparos que mataron a Lorca. Es ahí donde se ha acordonado la zona. Cintas a rayas blancas y rojas marcan en el suelo los lugares a explorar. Todo está preparado. Comienza la búsqueda de los restos del poeta.
Llegar hasta aquí no ha sido fácil. A las infinitas trabas judiciales se suma la negativa de la familia del poeta para buscar sus huesos. Si se encuentran restos, no darán muestras de ADN para comprobar si se trata del escritor granadino. No han sido ellos quienes han impulsado la búsqueda, sino los familiares de otro fusilado.
Porque Lorca no está solo; junto a sus restos están también los de Francisco Baladí y Joaquín Arcollas, dos banderilleros anarquistas, y los de Dióscoro Galindo, maestro de escuela. Todos asesinados la madrugada del 18 de agosto de 1936. La nieta de Dióscoro, Nieves, ha sido quien ha movido cielo y tierra para tratar de encontrar a su abuelo.
Como tantos otros asesinados aquellos días, Dióscoro no había hecho nada. Rozaba los 60 años y era cojo; no podía separarse de su muleta; no parece una gran amenaza. Su único delito fue enseñar a sus alumnos a observar el mundo. Entonces había gente para la que eso era un problema de fácil solución: un tiro en la cabeza.
La excavación comienza a principios de octubre de 2009. Una docena de técnicos en arqueología y antropología trabajan sobre el terreno. Cuarenta días de trabajo, mañana y tarde, sobre el terreno y en el laboratorio, y dos meses después, los resultados: "Hay evidencias científicas de que nunca hubo enterramientos en esa zona". Nada, no han encontrado nada. En esta zona la capa de roca está demasiado cerca de la superficie como para poder enterrar ahí a alguien.
Pepa Merlo, filóloga especializada en Federico García Lorca, vivió esos días desde la Huerta de San Vicente, la casa de campo de la familia Lorca, ahora convertida en museo. "Recuerdo que se llenó de periodistas del mundo entero. Estábamos convencidos de que se iba a encontrar, que iba a estar ahí, justo ahí, debajo del olivo. Y claro, cuando uno pone mucha ilusión en algo y luego no ocurre, el batacazo es mucho mayor".
La suya no fue la única decepción. El historiador Ian Gibson, uno de los grandes expertos en Federico García Lorca, siguió de cerca la excavación, pero sin participar en ella. Su aportación, asegura, podría haber cambiado el resultado: "A mí no me consultaron, desde luego, ¿y qué pasó allí? Que unas semanas después de empezar se supo lo de las revelaciones en el Ideal, un año antes. Parece que nadie del equipo había leído esas declaraciones de cuando aparecieron los huesos".
Gibson se refiere a una noticia publicada por el periódico granadino en 2008, un año antes de la excavación. En ella se apuntaba a que la Diputación había trasladado unos huesos aparecidos donde se había enterrado a Lorca en 1986.
Ese verano se cumplían 50 años del asesinato de García Lorca, y desde la Diputación de Granada organizaron homenajes durante todo el año, entre ellos, la inauguración de un parque que llevaría su nombre, y que se situaría justo ahí, donde lo asesinaron.
José Antonio Rodríguez Salas trabajaba para la Diputación cuando escuchó hablar de unos restos: "Un hombre del pueblo de Alfacar que estuvo viendo todo el proceso de construcción me dijo que los empleados habían encontrado restos en el perímetro de la cerca."
Con esa información, y solo 20 añitos, José Antonio se puso a investigar, y poco tardó en confirmar la historia con varios diputados: se habían encontrado huesos durante las obras y los habían trasladado a otra zona cercana.
Rodríguez Salas nos lleva hasta la fuente principal del parque del poeta. Aquí, asegura, había una marca que el tiempo ha acabado borrando. Era el lugar donde los obreros enterraron los restos que habían encontrado.
"Había restos humanos, pero también había restos del vestido que llevaba cada persona y también de un resto de unas maderas que podía coincidir con los restos de la muleta de Dióscoro Galindo, que era el maestro. Y eso, fácilmente, te indica que hay muchas posibilidades de que también estuvieran los restos de Federico", explica.
Entonces no se dijo nada. Los huesos, entre los que podían estar los de García Lorca, se desenterraron y se volvieron a sepultar en otro sitio sin que esa información trascendiera hasta 20 años después, cuando ya el posible delito por haber movido los restos había prescrito.
¿Están los huesos del poeta, del maestro y de los banderilleros bajo la fuente? Francisco Carrión y su equipo de arqueólogos regresaron a la zona para tratar de encontrar estos restos.
"Hemos hecho búsqueda en otros lugares del parque con técnicas también no invasivas, como el georradar, diciendo que los restos que habían aparecido en la obra del parque se habían soterrado bajo una fuente que está en el mismo parque. Los resultados fueron también negativos. Puede ser que esa fosa haya desaparecido en la construcción de algún edificio o puede estar en cualquier otro sitio que no concuerde con la hipótesis del lugar de enterramiento".
90 años después del asesinato de Federico García Lorca, su tumba sigue siendo un misterio, pero tras casi un siglo, se sigue buscando al poeta. Sí, los franquistas asesinaron a Lorca, pero su legado y su recuerdo les sobrevivieron. Les ganó la guerra.
*Puedes ver el programa completo de laSexta Columna 'Lorca, el poeta que venció' en atresplayer.