Alberto Chicote se traslada al centro de Barcelona para visitar La Tarantella, un restaurante napolitano con Nicola y Carmen al mando. Un matrimonio de largo recorrido que se tambalea al igual que el negocio.

Salva y Christian, sus hijos, también trabajan en el negocio. Prosperó hace más de una década pero de repente empezaron los problemas. Su mujer cree que no sirve como jefe y sus hijos creen que se colapsa con la presión y le falta ilusión.

Tienen muchas deudas y están a punto de ser desahuciados. Una situación crítica por la que llaman a Pesadilla en la cocina, la última oportunidad de levantar el negocio.

Para conocer cuál es el problema del restaurante, Chicote prueba los platos. Entre ellos una ensalada Maradona que han puesto en la carta en honor al exfutbolista. ¿Lo especial del plato? El queso de cabra, un "toque blanco" que representa el "fallo que tenía" el argentino. Las pizzas quemadas también parecen ser una de sus especialidades.

Tras la cata, llega la hora de echar un vistazo a la cocina donde la higiene brilla por su ausencia. Un "pozo de mierda" donde Chicote se queda pegado al suelo y donde el olor de uno de los tupper le provoca unas arcadas por las que está a punto de vomitar. "He metido la nariz con mucha valentía… me cago en la puta", comenta revuelto el chef.

Una vez que Alberto conoce el local, es testigo del primer servicio del napolitano donde comprueba que la porquería no es el único fallo del negocio. Un cliente de La Tarantella devuelve un plato porque le sirven mozzarella en vez de burrata que es más barato. Una confusión que es culpa del restaurante pero que no asume el dueño. "Le meo en la cara", reacciona Nicola a las quejas de sala.

Después de un desastroso servicio y de que Carmen confesara a Chicote que no le quedan fuerzas, el chef se reúne con el matrimonio para conocer la verdadera situación que atraviesa el negocio. En conductor de Pesadilla en la cocina no sólo conoce la mala situación económica, también el problema de salud de la dueña que desencadenó el declive de La Tarantella. "Me levanté un día y no sentía las piernas, no podía caminar", confiesa la mujer. Nicola la dejó sola y descuidó el negocio. Ella se diente "defraudada".

En el segundo servicio, Chicote valora si Nicola es capaz de asumir sus responsabilidad. Pero antes de arrancar, le dan una mala noticia: les ha llegado la carta de desahucio del local. Un hecho que no hace más que empeorar el funcionamiento del servicio. Los clientes vuelven a devolver los platos quemados y las críticas de los comensales y de Chicote empiezan a alterar a Nicola. "Todo lo que está a tu alrededor está desordenado, gocho y sucio", le dice el chef a un propietario desorganizado, descentrado y cabreado.

La tensión se traslada a la sala y Carmen se siente atacada por una clienta y no tarda en responderla. "¡Yo a usted la he tratado con respeto, ¿vale?!", contesta a la comensal encendida. Y es que la joven se quejaba de un producto equivocado y aunque llevaba razón, los dueños trataban de quitársela. Nicola se ofende por lo ocurrido y Chicote alucina.

Tras un servicio desastroso, el chef hace balance con la plantilla. Sin embargo, el dueño de La Tarantella hace oídos sordos. Por ello, el cocinero empieza a enumerar las excusas que ha puesto el dueño durante el servicio para demostrale que no le vacila, sino que intenta abrirle los ojos, pero Nicola se lo toma como un ataque, se niega a seguir sus consejos y a hacer las cosas como él quiere. "¡Si tú me llamas a mí, las cosas no las vamos a hacer a tu manera, coño!", le responde el chef.

El equipo de reformas de Pesadilla en la cocina se pone manos a la obra después de que Nicola se comprometa a coger el toro por los cuernos y luchar por su negocio. El programa le da un aire nuevo, más acogedor y apetecible por lo que el restaurante napolitano parece un nuevo local. "Ha sido como abrir el primer día", confiesa Carmen.

Tras el lavado de cara, Alberto Chicote llega al servicio de reapertura y se encuentra con una mala noticia. Nicola le informa de que su padre ha fallecido de forma repentina de un infarto. "Ya no tengo a mi padre. Esta noche se ha muerto. Se ha dormido y no se ha despertado", le dice. Una noticia desgarradora que deja impactado al chef. Sin embargo, el dueño, roto de dolor consigue que el servicio sea todo un éxito.