En La Noche de Aimar
La entrevista completa de Aimar Bretos a Lolita Flores: "Se tuvo que morir mi madre para que la gente volviera los ojos hacia mí"
"Ahora tengo un nombre, Lolita Flores, y no quiero que nadie me joda". No necesita presentaciones, pero se define como "artista" en cuanto tiene la ocasión. En esta entrevista con Aimar Bretos, Lolita habla de la familia, la fama, Hacienda y lo difícil que fue hacerse un hueco en este mundo aún siendo (o por ser) la hija de sus padres.

Dolores González Flores, Lolita o 'abuelita'. "Cantante, presentadora, disfrutona… ¿Cómo te rotulamos?", pregunta Aimar Bretos para presentar a una mujer que no necesita presentación. Durante más de media hora en La Noche de Aimar, la "artista", que así es como ella misma se define, habla de sus nietos, de la muerte, del amor, de la fama, de los prejuicios, de Hacienda y de las heridas que todavía siguen abiertas. Lo hace con el tono directo que la caracteriza, alternando la risa, la emoción y alguna confesión inesperada.
Antes de hablar de cine o de teatro, aparece la faceta que más disfruta ahora: la de abuela. Cuenta que sus nietos siempre la han llamado "abuela Lolita", aunque la más pequeña ha decidido actualizar el tratamiento. "Mi nieta de tres años dice que soy su mejor amiga y me llama 'abuelita'".
Las drogas, el cáncer y el miedo
La actualidad profesional la lleva ahora a interpretar a una matriarca gitana vinculada al narcotráfico en 'Mallorca Confidential'. A propósito de ese personaje, recuerda una etapa especialmente oscura de su propia vida. "Yo tonteé con las drogas cuando murieron mi madre y mi hermano", admite. Pero enseguida explica la enseñanza que sacó de aquella experiencia: "Hay que saber decir basta para todo. En la vida, como decía mi madre, se puede hacer de todo con medida. Cuando ves que llegas al precipicio, tienes que dar tres pasos hacia atrás".
También habla de la enfermedad. Hace años superó un carcinoma in situ derivado del virus del papiloma humano. Sin embargo, el temor nunca estuvo centrado en ella misma. "Nunca he tenido miedo por mí, pero sí por que les pasara a mis hijos". Una preocupación que, lejos de desaparecer, se ha multiplicado con la llegada de los nietos: "Como madre he sido muy miedosa y ahora lo soy como abuela".
Esa protección extrema tiene una explicación. Recuerda que durante una gira pasó demasiado tiempo lejos de casa y, al regresar, vivió una escena que la marcó para siempre con Elena, que era solo un bebé: "Cuando volví, mi hija no me conoció y dije que nunca más". Desde entonces intenta no separarse de los suyos más de quince días.
La familia Flores, lorquiana
La entrevista deriva después hacia Federico García Lorca y el personaje de Poncia, al que da vida actualmente sobre los escenarios. Lolita reivindica el vínculo de los Flores con el poeta granadino. "Mi familia es lorquiana". "Lorca era amante de los gitanos y somos gitanos, y era amante del drama y en mi familia algún drama ha habido". También recuerda la admiración que sentía Lola Flores por el autor de La casa de Bernarda Alba: "Mi madre tenía siempre un libro de Lorca en la mesilla".
Cuando habla de su infancia, desmonta algunos tópicos asociados a haber nacido en una de las familias más famosas de España. "He sido una niña normal, sabiendo que era la hija de Lola Flores y Antonio González". Iba al colegio, hacía novillos, salía con amigas e intentaba llegar tarde a casa sin que su padre la descubriera. Una vida corriente con una diferencia evidente: la fama de sus padres.
Lolita, una "gitana privilegiada"
Más delicada es la reflexión sobre su identidad gitana. "Soy una gitana privilegiada", reconoce. Por eso, explica, no puede compararse con quienes han sufrido la exclusión y la discriminación más duras. Aun así, denuncia que el racismo y el clasismo siguen presentes. "Quiero pensar que la mayoría de la gente no es culpable de sentir ese racismo, sino que es un problema de educación generacional", reflexiona.
"¿Eso es ser de izquierdas?"
La política nunca ocupó demasiado espacio en su casa cuando era niña: "Se hablaba de que había que llenar la nevera". Ahora, tampoco. Y, aunque insiste en que no le gusta posicionarse ideológicamente, sí deja claro su punto de vista y sus deseos: "Lo único que quiero es que mi país vaya bien y que tengamos una buena seguridad social y salud y un derecho a la vivienda y una vida libre y cómoda". "¿Eso es ser de izquierdas?", le pregunta Aimar. "Pues si eso es ser de izquierdas, lo soy", defiende.
"Yo nací con Franco. Cuando murió tenía 15 años. He vivido PP, PSOE, centros y aquí estoy. Yo no me meto en política, cumplo la ley. Lo único que quiero es vivir tranquila, libre y que me dejen trabajar. Y a día de hoy, lo he conseguido", afirma, tocando madera.
Preguntada por las personas que le hicieron daño, aparece un nombre propio: Cristóbal Montoro. "Me quitó todo lo que tenía y tuve que empezar de cero". Ahora está investigado y ella cree que llega tarde. "No me va a devolver nada y tiene 80 y tantos años", lamenta. Aun así, defiende el sistema fiscal, aunque tiene alguna queja: "Hacienda somos todos y hay que pagar impuestos, aunque quizá pagamos más de lo que deberíamos, porque pagamos justos por pecadores".
Sus duros comienzos
Si hay un tema que atraviesa toda la conversación es, sin duda, el amor. El que aprendió de sus padres, el que ha dado, el que ha recibido (y el que no). "He llorado mucho porque he querido a gente que no me ha querido, pero las ranas tienen su punto", bromea.
Eso sí, no piensa buscar pareja en aplicaciones. "Por internet no me fío un pelo y menos siendo quien soy", explica. Su reflexión posterior sobre la fama impresiona a Aimar: "He sido la mitad de mi vida la hija de Lola Flores, nadie me miraba. Y ahora que tengo un nombre, Lolita Flores, no quiero que nadie me joda".
Detrás de esa afirmación hay años de trabajo, de comparaciones y de lucha por abrirse camino. Recuerda que pasó dos décadas marchándose a América para trabajar porque "en España no tenía trabajo". También evoca cómo algunos la reducían a ser "un volante más en la bata de cola de Lola Flores". No guarda rencor. "Me gusta perdonar porque yo también cometo errores", afirma. Ahora es amiga de algunos de los que decían aquellas cosas.
La emoción llega cuando escucha a Joan Manuel Serrat cantando por s madre. "Es mi hermano mayor, un amigo muy querido", dice, para después aprovechar y desmentir viejos rumores sentimentales: "Lo que ha habido siempre ha sido cariño y amistad de las de verdad".
Sobre la exposición pública, asegura que las críticas no le molestan demasiado. "No puedo caerle bien a todo el mundo". Lo que realmente le duele es otra cosa: "Que vayan de saber todo lo que pasaba en mi casa y que digan cosas que no son verdad teniéndome a mí para preguntarme".
Flores para Antonio
La recta final está marcada por la memoria de Antonio Flores y por el documental que su hija Alba ha dedicado a la figura de su padre. "Ha sido reabrir una herida, pero era necesario para ella". De hecho, cree que el proceso ha tenido un efecto sanador: "Ha vuelto a tener la mirada que tenía antes de irse su padre". "Mi hermano se ha ido, pero ella está, y a quien hay que cuidarla es a ella", dice con cariño.
Creyente, aunque alejada de la práctica religiosa, habla de señales, energías y de ese lugar indeterminado al que llama "arriba". Cuenta que solo una vez se enfadó con Dios, cuando sufrió un aborto. Y hasta encuentra espacio para bromear con la muerte, detallando las instrucciones que ha dejado preparadas para su entierro, incluyendo todo lo necesario "por si se espabila" dentro de la caja. También aclara que Lola Flores no fue enterrada con una bata de cola.
Una entrevista llena de recuerdos, pérdidas, cicatrices y sentido del humor. La conversación de una mujer que ya no necesita presentaciones y que, después de décadas conviviendo con uno de los apellidos más célebres de España, reivindica con serenidad y firmeza su propio lugar.
"Ahora tengo un nombre, Lolita Flores, y no quiero que nadie me joda".