Doble programa en Lo de Évole
Jordi Évole, sobre cómo mueve Alejandro Sanz los hilos de España en sus fiestas: "Alguien podría haber sido vicepresidente del Gobierno..."
Alejandro Sanz le reconoce a Jordi Évole que cada vez toca menos la guitarra en casa y que se ha vuelto "pudoroso" en ese aspecto. Donde sí se arranca es en las fiestas que organiza, a las que acuden personajes de todo tipo.

"Ahora cada vez en casa toco menos, esa es la verdad. Pero bueno, siempre aprovecho reuniones con amigos que también son bastante frecuentes para poder echar un toque", reconoce Alejandro Sanz a Jordi Évole cuando se lo pregunta en este doble programa de Lo de Évole que cierra temporada en laSexta en el que el artista madrileño es el protagonista. En este aspecto, se ha vuelto, admite, "un poco pudoroso". "Siento que me miran con expectativas", explica.
Entrevistador y entrevistado se encuentran en un restaurante de Washington, una ciudad a la que Jordi le ha acompañado siguiendo su gira. Tras hablar sobre el racismo y la preocupante situación mundial, el cantante se centra en su carrera y en su entorno para charlar sobre cómo ha cambiado su vida en los últimos años, sobre todo, tras el diagnóstico de su depresión.
Jordi Évole se arrepiente de no haber ido a una de esas famosas fiestas que organiza Sanz. "Tiene que ser guapo verte a ti en un ambiente íntimo arrancando por un flamenco más puro", opina. En ellas, se reúne gente muy diferente. "Soy una coctelera de la fiesta, tengo una habilidad. Humildemente te lo digo", asegura el cantante entre risas. Y da la receta: "En una buena fiesta flamenca tiene que haber gente que tenga mucho paladar, que cante, toque, baile... y siempre uno que sea un poquito 'metepatas' para que haya un poquito de salsa".
"En sus lenguas quedo", suele decir cuando se marcha de un lugar. Y en su lengua queda el típico pesado que a ciertas horas de la noche no deja a nadie tranquilo y se dedica a dar la chapa con sus historias. "Se acabó el 'yoísmo'", dice Alejandro. No aguanta ya ni media, porque ha descubierto que el tiempo es lo más valioso que tenemos y que no está para que lo desaprovechemos con gente que no merece la pena. "Es peor el aburrimiento que la ofensa", sentencia.
Alejandro no desvela demasiados detalles sobre las cosas más íntimas que suceden en estas reuniones, porque un buen anfitrión no habla de estas cosas. Eso sí, aclara que no son "fiestas de fraternidad". Son de compartir, todos juntos, en una mesa.
Jordi descubre en él un punto "gamberro" que el cantante no acaba de negar, pero tampoco de asumir. Sin embargo, recalca que nunca hay maldad. "La maldad es tenerme aquí dos horas sin comer", le suelta al presentador.
Évole quiere ir a una de sus fiestas: "Además que yo creo que tú en esas fiestas has movido hilos de nuestro país que la gente no sabe. Yo creo que hay una persona que podría haber seguido una carrera política durante muchos años. Podría haber llegado, por ejemplo, a vicepresidente del Gobierno", deja caer.
Alejandro ya sabe por dónde va. "Vamos a comer, venga", consigue escaparse.
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