Belén García tiene 25 años y desde muy joven supo que quería ser enfermera. Lo consiguió, pero nunca llegó a imaginar que cambiarían tanto las cosas para ellos. Superó la primera ola de la pandemia de coronavirus ejerciendo en un hospital de Zaragoza y desde junio lo hace en un centro de salud de atención primaria.

Esos aplausos a las 20:00 horas que los ciudadanos daban cada día en marzo o abril quedan ahora, "lejanos" para la sanitaria. "Nos daban su apoyo y ahora nos insultan" asegura.

Entre los improperios que ha recibido mientras realizaba su trabajo se ha encontrado con algún "zorra de mierda". Ella explica que entiende que los pacientes tienen necesidades y son importantes, pero recuerda que los medios de los que disponen los sanitarios "son los que son", y eso es algo, dice, que los ciudadanos no son capaces de comprender.

Los insultos y las amenazas han ido a más, hasta el punto de que hace unos días un paciente intentó agredirla. "Me intentó dar con sus muletas, nos amenazó. Nunca me había visto en esa situación de verme tan indefensa", lamenta la joven.

Además, explica que tanto ella como sus compañeras y el resto de sanitarios cumplen con la función de ayudar en todo lo que puedan a los pacientes. Por eso, ante este tipo de situaciones dice sentirse "completamente desprotegida". "Yo con esta persona me he cruzado por el barrio".

García denunció su caso, aunque no es lo habitual porque el personal de enfermería tiene normalizado estas situaciones. "No todo vale", afirma, y cuenta el caso de una compañera que por intentar impedir la entrada a una persona a una zona que no se podía, esta la tiró por las escaleras.

"Lloras de rabia e impotencia porque intentas hacer todo por ayudar a la gente y no son capaces de entenderlo", dice con tristeza.