Ley de Memoria Democrática
Ni el franquismo murió con Franco ni los abusos terminaron con la Constitución: los 60 asesinatos de la Transición
¿Por qué es importante? A través de la Ley de Memoria Democrática el Gobierno estableció una comisión para analizar casos de violaciones de derechos humanos contra aquellos que reivindicaron libertades en aquella época.

Resumen IA supervisado
En mayo de 1981, Juan Mañas y dos amigos fueron detenidos, torturados y asesinados por agentes de la Guardia Civil que los confundieron con terroristas, quemando sus cuerpos y arrojándolos a un barranco. Este caso es uno de los 60 que el Gobierno estudia para reconocer como víctimas de la violencia durante la Transición, ya que la ley de Memoria solo cubre actos hasta 1978. Otros casos incluyen el asesinato de Yolanda González en 1980 por ultraderechistas, y varias muertes a manos de extremistas en protestas. La Ley de Memoria Democrática investiga estos casos, subrayando que los abusos continuaron después de 1978, reflejando que la lucha por las libertades sigue vigente.
* Resumen supervisado por periodistas.
Juan Mañas y dos amigos viajaban en mayo de 1981 de Santander a Almería, donde se celebraba la comunión de su hermano. Evento al que no llegaron porque fueron detenidos, torturados, asesinados y, después, sus cuerpos quemados y arrojados por un barranco. Fueron agentes de la Guardia Civil que los confundieron con terroristas y trataron de ocultar lo sucedido. Este, sin embargo, es solo uno de los 60 casos que analiza el Gobierno para reconocerlos como víctimas de la violencia durante la Transición y que aún no lo son porque la ley de Memoria reconoce este tipo de actos hasta 1978.
Entre estos, está el caso de Yolanda González Martín. Tenía 19 años, era estudiante de electrónica y miembro del Partido Socialista de los Trabajadores cuando un grupo de ultraderechistas entró a su casa haciéndose pasar por policías y se la llevaron porque creían que pertenecía a ETA. La metieron en un coche, la maltrataron y cuando se cansaron y le dispararon a bocajarro dos tiros a la cabeza. Incluso, para rematar, cuando ya estaba en el suelo le propinaron otro.
Hechos que sucedieron en 1980 y durante el que también los ultras mataron a Vicente Cuervo en una protesta contra un acto de los extremistas y asesinaron a Arturo Pajuelo y Joaquín Martínez por asistir a los actos por el primero de mayo. Un año antes, en 1979, unos ultras ya habían matado a José Luis Alcazo.
Alcazo, en cambio, no venía de ninguna manifestación, ni iba a protestar contra nadie, ni nada. Simplemente, paseaba con unos amigos por el parque del Retiro de Madrid y un grupo de ultras lo mató porque supusieron que era rojo u homosexual o drogadicto. Todo, por llevar barba y unos pantalones campana. Allí, se despedía de sus compañeros, pues volvía a su pueblo de Huesca tras acabar su carrera de Historia.
Casos como estos, en los que se vulneran los derechos humanos de aquellos que reivindicaron las libertades y ocurridos a la Constitución de 1978, son los que estudia una comisión establecida por la Ley de Memoria Democrática. En ella, hay historiadores y asociaciones que calculan unas 300 víctimas de este periodo.
De esta manera y si bien se desconoce el número exacto de este tipo de historias, lo que está claro es que el franquismo no se terminó con la muerte del dictador Francisco Franco, que los abusos no terminaron con la Carta Magana y que la pelea por las libertades no acabó en 1978. De hecho, sigue habiendo quien no se lo cree y mata para frenar la democracia.
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