'Está todo inventado'

Mikel Herrán explica las siglas LGTBIQ+: "Hay gente que no entiende por qué están juntas"

El historiador expone que, por ejemplo, en la Antigua Roma se consideraba el sexo como un acto de poder. Esto cambió en la Edad Media con el cristianismo, ya que se consideraba que el único objetivo del sexo era reproducirse.

El historiador expone que, por ejemplo, en la Antigua Roma se consideraba el sexo como un acto de poder. Esto cambió en la Edad Media con el cristianismo, ya que se consideraba que el único objetivo del sexo era reproducirse.

Vox ha cargado contra el colectivo LGTBIQ+ en plena semana del Orgullo. Pero, como expone el Gran Wyoming, "a lo largo de los años la comunidad LGTBI+ ha tenido que lidiar con ultras". Mikel Herrán sabe de ello ya que, como señala el presentador de El Intermedio, "está todo inventado".

El historiador explica que quiere hablar, en concreto, de las siglas LGTBIQ+ ya que, como indica, "hay gente que no entiende por qué están juntas o que le parece que cada vez añaden más letras". Herrán expone que, hoy en día, "puede que entendamos la orientación sexual, la identidad de género y el cuerpo como cosas separadas, pero a lo largo de la mayor parte de la historia no ha sido así".

Antigua Roma: el sexo como acto de poder

"En la antigua Roma uno se podía acostar con su esclavo o con un extranjero y era lo más normal del mundo, siempre y cuando fuese la parte activa", explica. Para ellos, el sexo no era una orientación o una identidad, sino un acto de poder.

"De hecho, podían llamarte 'cinaedus', que se traduciría como maricón, si te acostabas con otros hombres haciendo de pasivo, o incluso si le hacías un cunnilingus a tu señora esposa, ya que se consideraba que te estabas sometiendo a la mujer".

Sodomía en la Edad Media

Esto cambio en la Edad Media con el cristianismo, ya que se consideraba que el sexo solo era para reproducirse. Así, se categorizó la sodomía como cualquier acto sexual que no implicase tener hijos. "De nuevo, esto es algo en lo que podían caer un hombre y una mujer", añade.

Herrán explica que la sigla más olvidada es la 'I', que representa a los intersexuales "y que nos muestra la diversidad del ser humano durante siglos". "Algunas formas de intersexualidad se entendían como milagros divinos", cuenta, "por ejemplo, el caso de María Magdalena Muñoz, que ingresó en un convento en Úbeda en 1605".

"María era bastante grande y las monjas a menudo se metían en su celda por la noche para inspeccionarla mientras dormía y comprobar que era una mujer", añade. Pero, tras 12 años en el convento, "le vinieron unas fiebres de las que María salió con barba, pene y un cambio en la voz".

Intersexualidad

El historiador expone que a las personas intersex se les obligaba a utilizar sus genitales de forma correcta, "aunque esto no era solo una cosa de la moral y la religión" ya que la medicina también buscó patologizar y condenar a quienes se salían de sus esquemas.

"Esto fue lo que le pasó a Juana Aguilar, alias La Larga, una mujer de Guatemala que fue acusada en 1803 de concubinato con hombres y con mujeres, vamos, una bisexual de manual", indica el historiador. Aunque parecía un caso de sodomía, fue examinada por varios médicos y estos determinaron que era lo que en la época se llamaba hermafrodita.

Pero otro médico, Narciso Esparragosa, dijo que la intersexualidad era una superstición y que Juana "era una mujer monstruosa con el clítoris demasiado desarrollado, que era lo que le provocaba esa capacidad de penetrar y esa promiscuidad". La solución para ella fue amputárselo.

"En definitiva, después de tantos siglos de moral religiosa condenándonos o falsa medicina intentando meternos en cajas, hemos demostrado que estamos aquí para quedarnos, que no hay terapia que nos vaya a erradicar, que vistas como quieras, que seas, como quieras, porque las cajas para clasificarnos son muy pequeñas y nosotras somos muy grandes", concluye.

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