El Club de la Comedia

El monólogo de Santiago Molero sobre el vino: "Si traes un gran reserva, saca la gaseosa que lo hacemos titular"

El actor Santiago Molero acudía a El Club de la Comedia para contarnos que se había apuntado a un curso de cata de vinos... y esto era lo que había aprendido.

El monólogo de Santiago Molero sobre el vino: "Si traes un gran reserva, saca la gaseosa que lo hacemos titular"

Santiago Molero se subía al escenario de El Club de la Comedia dispuesto a demostrar que entender de vino puede ser bastante más complicado que, simplemente, bebérselo. El actor comenzaba su monólogo recordando una boda en la que los novios regalaron a los invitados una botella de vino que, según él, envejeció bastante peor de lo esperado: "Espero que ese matrimonio no se avinagre tan rápido como el vino que nos regalaron". El caldo terminó directamente por el fregadero y, según Molero, se lo desatascó. Porque, mientras de joven uno se bebe "hasta la etiqueta", con los años empieza a valorar "el aroma, el sabor y, lo más importante, que sea fácil de abrir".

Y ahí comienza su particular batalla contra el mundo de la enología. Molero cuestiona que, después de tantos avances científicos, sigamos dependiendo de un simple corcho para cerrar una botella: "¿Qué cojones están haciendo los científicos con las subvenciones?". Mucho más sofisticado le parece el truco de la cucharilla en el cava: "Tú le metes una cucharilla a la botella y el gas no se va. Pues por un fenómeno físico que todo el mundo conoce, al gas le dan miedo las cucharillas".

También tiene palabras para esos amigos que presumen de saber de vinos y que recomiendan llevar una botella de 60 euros a una cena. "Un amigo que sabe es el que huele el vino después de abrir la botella. Un amigo que le gusta es el que huele a vino, pero mucho antes de abrirla", bromea. Y si finalmente llevas el carísimo reserva, siempre puede acabar convertido en tinto de verano o kalimotxo.

La cosa no mejora cuando decide aprender por su cuenta y se apunta a un curso de cata de 300 euros. Allí descubre que beber vino no es tan sencillo como parecía: primero hay que observarlo, después olerlo, dar un sorbo y, sobre todo, escupirlo. "300 euros por escupir vino", protesta, antes de rematar que para disfrutar de una botella en condiciones hace falta "más que el de Bricomanía para hacerse una bodega". Tras todo ese esfuerzo, Molero asegura haber aprendido únicamente tres cosas: "Que oxigenar un vino no es llevártelo un domingo al campo", que un tempranillo "te lo puedes tomar a cualquier hora del día" y, sobre todo, que "el vino no hace daño. Lo que hace daño es la botella".

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