En Apatrullando
Una ojeadora de una exclusiva finca de caza: "Mi hermana es la primera mujer bandera que hay. Nunca ha habido una mujer, por lo que sea"
Jalis de la Serna y Miguel Rabaneda se adentran en un exclusivo coto privado de caza para retratar los dos mundos que en él conviven: el de los antiguos 'señoritos', hoy representados por ricos llegados de cualquier rincón del planeta, y el de los 'sirvientes', trabajadores, disciplinados y atentos para complacer a sus todopoderosos clientes.

Solo por detrás del fútbol y del baloncesto, la caza es la actividad con más federados. Un negocio que mueve miles de millones al año, muchos de ellos provenientes del llamado turismo de caza. Apatrullando entra en una de las fincas más exclusivas del mundo. Mientras Jalis de la Serna acompaña a un grupo de cazadores, Miguel Rabaneda se adentra en 'el otro mundo', las rutinas de sus empleados, en el día a día. El reportero habla con algunos de ellos, que llevan toda la vida ejerciendo esta profesión.
Ellos ofrecen un servicio premium a los clientes y se sienten "halagados" por ello. "Aquí viene gente muy importante. Yo conocí al rey, por ejemplo", comenta una de las trabajadoras. Casi toda su familia trabaja en la finca y así ha sido desde el tiempo de sus abuelos.
El propietario invita a Jalis a "verle tirar". "Llevamos muchos años muy focalizados en ánimo de excelencia", asegura. Javier Medem desvela cuáles fueron los orígenes de este negocio: "En la época de mi padre, La Nava era una finca privada en la que cazaba con sus amigos. Luego, el negocio habitual de mi padre quebró y entonces decidimos transformar La Nava en una organización de caza profesional".
Su conversación se ve interrumpida por el sonido de los disparos de unas escopetas. "Perdón", se disculpa, para después empuñar la suya y ponerse el también a disparar.
Mientras tanto Rabaneda prosigue su conversación con una de las ojeadoras y la acompaña mientras ella ondea un banderín para imitar el "sonido del aleteo de la perdiz" para engañarla. Los ojeadores cobran 58 euros brutos por cada jornada de trabajo.
"Mi hermana es la bandera. Es la primera mujer bandera que hay. Es verdad que nunca ha habido una mujer", dice, como cayendo en la cuenta de ello en este preciso momento. "Por lo que sea. Siempre han sido hombres", comenta. Su abuelo siempre les ha aconsejado trabajar en La Nava. Su abuela también era empleada de la casa.
Entonces existía la figura de los 'señoritos', pero ¿sigue existiendo hoy en día?
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